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La Maratón de la Precariedad! [dentro de las acciones descentralizadas // 2 de Diciembre]
¡Viste ropa deportiva y salta las reglas establecidas!
Surfea la precariedad con un momento YOMANGO.
¡Trae tus productos YOMANGO para compartir en el trayecto! articiparemos en las jornadas de puertas abiertas de la inauguración de la nueva «Linea 0». Será un viaje inolvidable!
Yomango, connecting people.
HOY: 2 de Diciembre HORA: 17.30h LUGAR: Plaça de Sant
10 sugerencias para un estilo de vida Yomango
Hace años, adolescentes de guetos afroamericanos llevaban pantalones caídos porque a sus hermanos en la cárcel, vistiendo ropa estándar de talla grande, no se les permitía usar cinturón. Alguna marca lo comercializó y codificó para que hoy todo el mundo fuera de esos guetos pudiera adoptar un estilo de vestir desenfadado, irreverente, fuera de las normas clásicas.
Hace unos meses, una franquicia local organizó el primer desfile Yomango en Barcelona. El 5 de julio de 2002, un cortejo de decenas de personas atravesó el centro de la ciudad, una zona comercial rebosante de gente en plenas rebajas, durante el fin de semana. El desfile tuvo lugar en Bershka, una de las tiendas de ropa juvenil más frecuentadas. Hubo modelos que transitaron la frontera entre la tienda y la calle, vistiendo grandes bocas adheridas a su ropa, que se tragaban todo lo que encontraban a su paso, y gigantescos tenedores que movían las prendas entre los estantes, causando el caos en la tienda, y la diversión y la felicidad entre la gente. Una campaña de prensa en los media, avivada en parte por fuentes policiales, fue contrarrestada con una cuidada estrategia de comunicación Yomango: mientras los periódicos denunciaban «actos vandálicos causados por grupos de los movimientos antiglobalización y alternativos de Barcelona» (sic), Yomango exhibió públicamente, en el marco de una relevante institución local, como parte de un sonado festival cultural, el ridículo resultado de la expropiación durante el desfile: un vestido horrible de rebajas, precio 9,50 euros. Ni tan siquiera hubo un delito.
10 SUGERENCIAS PARA UN ESTILO YOMANGO:
PORQUE LA FELICIDAD NO SE PUEDE COMPRAR.
1. YOMANGO [de Mango, popularísima firma comercial española de ropa, y el aún más popular acto de «mangar» (ital: fregare; YOMANGO = iomango, iofrego)] es una marca cuyo objetivo principal, como el de todas las marcas importantes, no es tanto la venta de cosas, sino la «adquisión» masiva de un estilo de vida.
2. Atrévete a desear: YOMANGO es tu estilo: arriesgado, siempre innovando. YOMANGO es todo lo contrario de una aburrida práctica activista de reacción: es la proliferación articulada de gestos creativos: no «robamos», sino que «mangamos»: hacemos magia, liberamos el deseo, la inteligencia y la libertad cristalizadas en las «cosas» que se ofrecen a la venta. Si YOMANGO tiene una política, es la de ser felices, poniendo el cuerpo por delante. Seamos felices, insultantemente felices. YOMANGO: siéntete guapa.
3. Porque la felicidad no se puede comprar. El estilo YOMANGO, como todas las «novedades» del comercio capitalista, no es propiamente «nuevo». No consiste en la mera «apropiación» legal o ilegal de las cosas, sino en articular y dotar de autoorganización, de objetivos y herramientas, de imaginación, deseo e inteligencia, de una nueva gramática, a la conocida práctica de la «expropiación». El fundamento actual del capitalismo es la producción y reproducción social mediante la explotación de la inteligencia, de la creatividad colectiva. El mercado se nutre de las ideas, de las formas de vida, de las múltiples maneras en que la gente se expresa mediante la palabra, el vestido, los gestos, la sexualidad… El comercio se apropia de tus deseos, de tus expectativas, de tu experiencia, que te devuelve en una forma alienada: ajena a ti, convertida en «cosas» que tú puedes comprar. Comprar tu propia felicidad liofilizada. El estilo YOMANGO propone «reapropiarse», legitimar y extender la «expropiación» de lo que, en efecto, previamente a su conversión en «cosas», pertenece al común. YOMANGO está muy dentro de ti.
4. Se trata de inventar nuevos gestos que, en su repetir, abran nuevos mundos en los que habitar. El popular «mangar», en español, remite etimológicamente a la imagen de obtener las cosas «bajo manga» (ital.: sotto mano), «por debajo de la manga» (manga = ital.: manica). YOMANGO es la producción de herramientas (ropas, complementos, instrumentos…) y gestos cotidianos (comportamientos, acciones…) para vivir YOMANGO. «Comprar» es un ejercicio pasivo, aburrido, alienante, un acto socialmente predeterminado. «Mangar» es una práctica creativa y excitante. «Robar» se entiende como un delito: pero YOMANGO no conoce de legalidades o ilegalidades, sino, en cualquier caso, de un tipo de «legitimidad» que es otra: la que surge de abajo, del cotidiano, del deseo de vivir con libertad creativamente. «Comprar» es un acto de obediencia. YOMANGO es un estilo desobediente. YOMANGO es la mano que, en una danza insumisa explosiva e irreductible, traza en el aire de tu centro comercial el arco del deseo, sin mediaciones: directo del estante a tu bolsillo, sin dinero ni tarjetas. YOMANGO no es robo: la propiedad es el robo.
5. YOMANGO no es el fomento de la propiedad privada por otros medios. No propone la acumulación. Consiste en llevar al extremo la libre circulación de bienes. Potlach!: reaprópiate y haz circular, satisface los deseos y necesidades de tus semejantes. Invita en tu casa a cenas YOMANGO. Regala y viste orgullosamente ropa YOMANGO. Steal this magazine!
6. El mercado ofrece una falsa alternativa, una falsa libertad de elegir entre una u otra vía para destinar tu dinero, tu deseo o tus ilusiones, hacia esta marca o aquella, casi siempre en beneficio del mismo empresario. YOMANGO acomete la libre concurrencia afirmando: la verdadera alternativa es DINERO vs. YOMANGO. El resto es comercio. El resto es trabajar consumiendo. YOMANGO no es trabajo explotable: es una forma extraña de gratuidad mediante la paradoja: dinero gratis.
7. Al igual que el mercado cristaliza tu deseo y tu creatividad en «cosas» comercializables, cosifica, regula y controla tu anhelo de comunidad, de vivir experiencias compartidas, en esos centros y grandes áreas comerciales asépticas que se presentan como los nuevos espacios públicos y que en realidad son un contradictorio engendro: espacios públicos privatizados. En esos lugares, la potencia comunitaria queda regulada induciendo la circulación, los movimientos, los comportamientos, de acuerdo con extraños rituales sobrecodificados. El guardia de seguridad es la nueva figura de aquel viejo cura o gendarme amable y cercano al vecindario que garantiza la ausencia de conflictos, basada en un consenso predeterminado. Un hormigueo humano que atraviesa fundamentalmente ocio y cultura (cadenas de librerías, de cines, restaurantes, comida rápida). Que recorre una uniformidad y asepsia, una abundancia que es la otra cara de la precariedad (azafatas, camareros, la chica que cuida de tus niños en el playground).
YOMANGO libera también la experiencia colectiva de estas nuevas fábricas. Propone salir de las vallas que acotan los caminos establecidos para contradecir las rutinas. Es una nueva vivencia subversiva de los espacios de agregación comerciales. Sentir la libertad de recrear, en ellos, otros usos, otros mundos. Es también, si se quiere, la huelga y el boicot del nuevo precariado social (completa tu salario mediocre arrasando con lo que puedas, llévate ropa de la tienda, come y da de comer gratis, haz la vista gorda cuando entra en tu tienda la gente YOMANGO; promulga en tu cadena un día YOMANGO).
8. YOMANGO te acompaña en cada uno de tus gestos cotidianos, está contigo en tus mejores momentos, esos que no cuestan dinero. Durante el desfile YOMANGO en Barcelona se produjo robo masivo, pero YOMANGO se limitó a hacer visible una situación: mangar forma parte de las prácticas cotidianas de la gente. Si alguien mangó masivamente en Bershka, no fueron activistas ni gente alternativa, como publicaron los medios y la policía: fueron adolescentes atrapadas en la talla 36, y sus madres que tiran de la tarjeta de crédito para comprar ropa de moda a buen precio… o bien la rescatan de la tienda, como en este caso, sin dinero ni tarjetas. YOMANGO sistematiza y organiza prácticas cotidianas. La franquicia YOMANGO en Barcelona realizó talleres clásicos de desobediencia civil adaptados al estilo de vida YOMANGO, así como talleres de creación de herramientas imaginativas y útiles. Encuentros y discusiones, cenas y fiestas, puestas en común.
9. YOMANGO es una franquicia que te montas donde quieres. El estilo YOMANGO es un proceso abierto. Crea herramientas, prototipos y dinámicas que fluyen y proliferan, que esperan ser reapropiadas y circular. Una marca que es de todo el mundo. Que va y viene del común. Y recuerda: YOMANGO, sólo en tu centro comercial.
10. YOMANGO.
¿Lo quieres?…
Lo tienes.
……..
COPYLEFT YOMANGO 2002 – Está permitida la reproducción total o parcial de este texto siempre y cuando no sea con fines comerciales y este lema sea reproducido. (para publicaciones impresas por favor contáctanos por email)
Algo tenia que decirlo
En esta ocasión fue EPMesa, uno del par de colaboradores de la web http://www.elpiquetedigital.org (como tiene un par de colaboradores, la web no llega a ser simpar).
YOMANGO: la rebelión de los pijos
Recientemente ha saltado en nuestras páginas una polémica sobre el movimiento YOMANGO. En ella se enfrentan dos posturas. Las de aquellos que opinan que YOMANGO significa un revulsivo en las formas anquilosadas de protesta social y aquellas otras que lo denigran. Nuestra opinión sobre YOMANGO, que vamos a exponer en este artículo, es absolutamente contraria a este movimiento. Nos parece socialmente irrelevante, políticamente ineficaz, críticamente ridículo e intelectualmente nulo. Nos parece, en fin, una revuelta de pijos. E incluso un movimiento que no es más que la propia apoteosis del Capitalismo actual.
YOMANGO se presenta como contrario al Capitalismo (“la verdadera alternativa es DINERO vs. YOMANGO. El resto es comercio. El resto es trabajar consumiendo”) y como la verdadera alternativa. Esta alternativa, resumida en el hurto en grandes almacenes, se plantea desde una base teórica determinada que tiene un doble contenido: por un lado, una crítica, falsa, al capitalismo; por otro, un modelo de enfrentamiento, en realidad la pura aceptación, que pretende subvertir esa realidad.
Empecemos por la crítica al capitalismo. Para YOMANGO, y hablamos siempre de este movimiento como un todo pues sus autores no se identifican en los escritos, el Capitalismo “ha explotado tu fuerza y tu trabajo; ahora explota también lo que piensas, sientes y deseas. Explota tus pasiones, tu sexualidad, explota el conjunto de tu vida. Explota nuestra inteligencia colectiva (…) El fundamento actual del capitalismo es la producción y reproducción social mediante la explotación de la inteligencia, de la creatividad colectiva. El mercado se nutre de las ideas, de las formas de vida, de las múltiples maneras en que la gente se expresa mediante la palabra, el vestido, los gestos, la sexualidad… El comercio se apropia de tus deseos, de tus expectativas, de tu experiencia, que te devuelve en una forma alienada: ajena a ti, convertida en «cosas» que tú puedes comprar.” Así pues, podemos presentar la crítica como que el Capitalismo se apropia de las expectativas de los individuos y se las devuelve de forma alienada a través del intercambio económico. El individuo debe así pagar por aquello que formaba parte de él y que se le ha robado.
Sin embargo, la idea parte de un error de bulto: sitúa al individuo como previo al sistema social en que vive. Es decir, los individuos, en la doctrina YOMANGO, tienen deseos y expectativas inmaculadas socialmente, no contaminados por el capitalismo, de las que éste se aprovecha. Así, estos individuos son un a priori de su realidad social y sus deseos salen de ellos mismos y no guardan relación con el mundo en el que viven. Por lo tanto, como el capitalismo lo que hace es robar esa amalgama de deseos, se le puede robar a él para restituir el orden y volver a la justicia. Es decir, la coartada moral es perfecta para el hurto: si me lo han robado previamente, lo devuelvo a su original propietario al sustraerlo de nuevo de la vitrina. Sin embargo, todo es falso. En primer lugar, porque los individuos no son ajenos a su proceso social sino que se configuran por él y por lo tanto las expectativas, deseos y pensamientos de la gente está configurada por su pertenencia a una sociedad u otra (nosotros deseamos un coche o mayor libertad y un indio del Amazonas, no). En segundo lugar, porque el capitalismo contemporáneo se constituye como una realidad totalitaria y ello quiere decir que configura a los individuos a su imagen y semejanza de una forma muy restrictiva. Precisamente el gran triunfo del capitalismo es, y lo digo como hipótesis de trabajo, ser capaz de haber llegado a presentarse como natural y, por ello, neutral y sin embargo ser aquello que hace al mundo y a los individuos como son. Es decir, el capitalismo ya se vive sólo como un marco natural y abstracto de relaciones para desarrollar el yo personal. Así, el sujeto siente que si bien en el momento de trabajo puede sentirse explotado por unas condiciones sociolaborales determinadas sin embargo le queda su ocio para desarrollarse como individuo. Es así, esa dimensión en la cual el sujeto cree tener vida propia, la nueva ideología. No se trata por tanto de una ideología concreta sino de una forma de existencia. Y YOMANGO la admite cuando sitúa la revuelta no en una conciencia de la realidad sino en la idea de felicidad y su consecución a través de la apropiación ilegítima de las mercancías. O dicho de otro modo: el lugar más feliz de la tierra para el yomanguista (vamos a llamarlo así) es un “Corte Inglés todo gratis” donde pueda estar ajeno a dos cosas: primero, las condiciones sociales de producción en las que se han hecho esas mercancías; y, segundo, la propia constitución de él como sujeto para que le haga feliz el consumo incesante y gratuito de esas mismas mercancías.
Así, YOMANGO no es más que asumir esa forma de relación propia del Capitalismo pues lo único que busca es apartar el dinero, porque cuesta, pero mantener la felicidad de cubrir las expectativas. Es decir, YOMANGO no sólo no está en contra de esta realidad sino que está inmerso en ella que pretende posible la felicidad. Y ahí entra la otra cuestión clave y es como ante problemas objetivos -como el proceso de creación y perpetuación del Capitalismo- YOMANGO apuesta por la repuesta subjetiva. En efecto, la última finalidad de YOMANGO es la exaltación de ese individuo (“y sé feliz en el acto (…) hacemos magia, liberamos el deseo, la inteligencia y la libertad cristalizadas en las «cosas» que se ofrecen a la venta. . Si YOMANGO tiene una política, es la de ser felices, poniendo el cuerpo por delante. Seamos felices, insultantemente felices. YOMANGO: siéntete guapa.”) y su presunta individualidad incontestable, pero esa individualidad prístina no existe. YOMANGO en el fondo es la teoría liberal 300 años después, y por ello alejada de su fuerza emancipatoria, pero vinculada en vez de a la burguesía al pijo de escasos recursos. Así, frente al problema objetivo de un capitalismo que ha logrado convertirse en una realidad omnipresente, YOMANGO pretende, con además una retórica ñoña típica del tonto del subcomandante Marcos o del cursi de Antonio Gala, una respuesta subjetiva en la que el individuo sólo busca la felicidad del acto y nada más. Es, de nuevo, la subversión acomodaticia y autosatisfecha. En el fondo, el estilo YOMANGO es la vuelta a la bohemia que la propia burguesía creó frente al entonces todavía peligroso, al menos para la burguesía, movimiento obrero. Pero al igual que el sueño del bohemio era ser reconocido por la burguesía en los salones de París, el sueño del YOMANGO es, como en el anuncio del Corte Inglés, sentirse feliz y a gusto.
YOMANGO es la típica respuesta tonta, como antaño las camisetas del Che, el empleo de drogas, los viajes a la India o en la actualidad la defensa del indigenismo, de una supuesta elite revolucionaria cuyo paladín intelectual es la Bruja Avería y José Saramago en comandita. Son los pijos de toda la vida, que también robaban en los centros comerciales, pero reconvertidos a progres. Es la aceptación plena de la realidad capitalista a la que se le pretende añadir unas gotas de picante a costa de eliminar, tal y como ha hecho el propio capitalismo, la moral de su discurso. Pero, precisamente, el discurso emancipador busca la moral y no el sentirse a gusto, no ser autosatisfactorio. Nuestra prioridad no es sentirnos felices, porque sabemos que no se puede ser feliz en el Capitalismo, sino hacer un mundo justo y por ello buscamos acciones y respuestas objetivas para acabar con el capitalismo.
No queremos, en definitiva, ser como se nos busca configurar, amorales, y por eso no robamos en los grandes almacenes. No queremos ni podemos, así y ahora, ser felices.
NOTA: La polémica sobre YOMANGO se puede seguir en nuestros FOROS. Todos los textos citados pertenecen a la página web http://www.Yomango.net y son en concreto los textos ¿Pero qué es la realidad? y 10 sugerencias para un estilo de vida YOMANGO.