
EEUU defiende las bombas de racimo como armas legítimas en una guerra
EFE
WASHINGTON.- El Gobierno de EEUU defendió las bombas de racimo como una opción militar, en contra de los 46 países reunidos en Oslo en una conferencia internacional en la que acordaron impulsar la prohibición mundial de este tipo de armas.
«Nuestra posición es que estas municiones tienen un lugar y un uso» en el ámbito militar, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.
«Sabemos que es un asunto de gran preocupación a nivel humanitario para el sistema internacional» y también «para nosotros», añadió el portavoz en rueda de prensa.
McCormack confirmó que EEUU no envió a ningún representante a la
conferencia internacional clausurada este viernes en Oslo, en la que los
46 países participantes se comprometieron a impulsar en 2008 la
prohibición mundial del uso, venta y producción de las bombas de racimo
por sus «consecuencias humanitarias inaceptables».
Según la declaración final del encuentro, los países firmantes acuerdan
establecer un marco de trabajo para la cooperación que asegure
proporcionar el cuidado y la rehabilitación necesarios a los afectados
por estas bombas, la limpieza de zonas contaminadas y la destrucción de
las reservas.
McCormack explicó que la Administración estadounidense ya ha tomado
medidas para hacer frente a la amenaza que puede plantear este tipo de
armas, como el establecimiento de mejoras técnicas o de reglas claras
sobre cómo pueden utilizarse.
Además, dijo, Washington se ha tomado muy en serio el debate
internacional surgido en torno al riesgo que plantean para la población
civil las bombas de racimo sin explotar y ha gastado unos mil millones
de dólares desde 1993 para contribuir a eliminarlas en distintas
regiones del mundo.
Esas bombas, también llamadas de fragmentación, son especialmente
letales porque al caer liberan gran cantidad de pequeñas municiones que
no necesariamente explotan en el momento y quedan activas en el terreno,
convirtiéndose así en una suerte de minas contra personal.
Además, debido a sus colores llamativos, pueden llegar a ser un objeto
atractivo para civiles.
46 países del mundo acuerdan que se prohíban las bombas de racimo en 2008
Agencias/Oslo
La declaración a favor de la aprobación en 2008 de un tratado por el que
se prohíban las bombas de racimo ha obtenido el apoyo de 46 de los 49
Estados representados en la conferencia internacional sobre esta materia
celebrada entre ayer y hoy Olso.
La declaración aboga por la conclusión en 2008 de «un instrumento
internacional» que prohíba «el uso, producción, transferencia y
almacenamiento de estas municiones», insta a cada país a dar los pasos
necesarios para acabar con las bombas de racimo y precisa que los
trabajos para desarrollar el tratado podrían llevarse a cabo a lo largo
de este año en Lima, Viena y Dublín.
Polonia, Rumanía y Japón no han aprobado la declaración, según
informaron el viceministro noruego de Asuntos Exteriores, Raymond
Johansen, y las organizaciones no gubernamentales Human Rights Watch y
la Coalición contra las Bombas de Racimo. España se encuentra entre los
países asistentes que sí apoyaron la declaración.
La conferencia fue boicoteada por algunos de los principales productores
de armas del mundo, como Estados Unidos, Rusia, Israel o China, pero la
organización ha preferido quitar importancia a estas ausencias y ha
destacado la necesidad de que otros países se comprometan a poner fin a
los desastres humanos que causan estas bombas.
Otros países, como Australia, India o Pakistán, tampoco han asistido,
con el argumento de que este tema debe ser tratado en otros foros, como
la Convención sobre Armas Convencionales de la ONU (CCW, por sus siglas
en inglés).
Se da la circunstancia de que en noviembre de 2006, los Estados parte de
la CCW no lograron un acuerdo para iniciar las negociaciones sobre este
tema. Como consecuencia, el Gobierno noruego anunció que lideraría un
proceso encaminado a lograr un tratado internacional. En este sentido,
Oslo sigue los pasos del proceso de Ottawa, cuando el Gobierno
canadiense lideró un proceso para la prohibición de las minas
antipersonales.
Términos de la declaración
La declaración aprobada hoy insta a los países a «definir en 2008 un
instrumento internacional legal» que permita prohibir «el uso,
producción, transferencia y almacenamiento de estas municiones de racimo
que causan daños inaceptables a los civiles».
Asimismo, la declaración pide a los países que den los pasos necesarios
a nivel nacional para que el tratado sea posible. Noruega ya lo ha
hecho, entre otras cosas con la celebración de esta conferencia –y de
hecho ya ha expresado su deseo de que el tratado sea similar al
negociado en Oslo en 1997 contra las minas antipersona–, mientras que
Austria anunció una moratoria sobre estas bombas al principio de la
cumbre de Oslo.
La declaración también precisa que los trabajos para desarrollar el
tratado podrían llevarse a cabo en Lima, capital de Perú, entre mayo y
junio de este año; en Viena, capital de Austria, entre noviembre y
diciembre; y en Dublín, capital de Irlanda, a principios de 2008.
En los últimos meses, decenas de Gobiernos han expresado formalmente su
apoyo al posible tratado, al igual que ha hecho el Comité Internacional
de la Cruz Roja (CICR), numerosas agencias de la ONU y cientos de
organizaciones de todo el mundo agrupadas en la Coalición contra las
Bombas de Racimo. Aparte, según recordó ayer Greenpeace, hay iniciativas
parlamentarias en marcha para prohibir o regular el uso de las bombas de
racimo en más de diez países, incluso en Reino Unido y Estados Unidos,
«dos de los países que más las han utilizado».
«No es vinculante, no es un documento legal, pero es una declaración de
intenciones políticas», declaró Steve Goose, de Human Rights Watch,
quien quitó importancia a la ausencia de representantes de las grandes
potencias. «Si alguien quiere un ejemplo de que se puede conseguir un
tratado sin Estados Unidos, Rusia y China, que mire el tratado contra
las minas antipersona», declaró. Estos países han rechazado este
tratado, pero han dejado de desplegar minas antipersona, y el número de
víctimas causadas por estas armas ha descendido a la mitad desde 1997,
añadió.
Las bombas de racimo
Una bomba de racimo está formada por una especie de «contenedor» que
puede ser lanzado desde tierra, mar o aire y que, al abrirse durante la
trayectoria, expulsa cientos de submuniciones que se dispersan por
amplias superficies. En teoría, estallan cuando alcanzan el suelo, pero
no siempre ocurre.
Entre el cinco y el 30 por ciento de las municiones no estallan y quedan
dispersas por el territorio, donde actúan como si fueran minas
antipersona, según la organización ecologista Greenpeace, que asegura
que el 98 por ciento de las víctimas de estas armas son civiles, en
buena parte niños, que se sienten atraídos por sus colores y formas
llamativos. De hecho, al menos un 60 por ciento de las víctimas en el
sureste de Asia son niños, según la Coalición contra la Munición de Racimo.
Estas armas se han utilizado en más de 20 conflictos desde los años
sesenta, como los de Líbano, Irak, Afganistán, Kosovo, Laos o Vietnam, y
se calcula que ya han causado alrededor de 100. 000 víctimas mortales.
La ONU estima que Israel lanzó al menos cuatro millones de estas
municiones en el sur de Líbano durante la campaña lanzada el pasado
verano contra las milicias chiíes de Hezbolá y que un 40 por ciento no
llegaron a explosionar durante el impacto.
Según Greenpeace, se estima que más de 75 países tienen bombas de racimo
en sus arsenales, y han sido usadas en al menos 23 países. Más de 30
países las fabrican. «España está entre ellos, ya que varias empresas
españolas fabrican este armamento y el Ejército español lo tiene en su
arsenal», lamentó la organización.