Creer en la Ciencia es poco científico, porque la ciencia no es cuestión
de fe, es utilizar un método particular para alcanzar conocimiento.
Pero la ciencia y la tecnología han transformado tanto nuestra vida que
a veces tendemos a una admiración irracional que hace que sea muy
difícil criticar a algo que parece revestido de «avance ciéntifico»,
como es el caso de los alimentos transgénicos.

El siglo XX ha visto avances asombrosos pero la ciencia del siglo XXI
está descubriendo también muchas fronteras a las que no sabe cómo
enfrentarse. El gen y el funcionamiento de la vida nos muestran una
frontera muy difícil de traspasar: la de la complejidad. Los seres vivos
son tan extraordinariamente complejos que las herramientas matemáticas de que dispone la ciencia hasta la fecha demuestran ser muy insuficientes. La robótica y la inteligencia artificial, por ejemplo,
también se han enfrentado con ese mismo problema. En los últimos 40
años, a pesar de haber llegado a resultados interesantes, se han quedado muy lejos de imitar a los seres vivos y ya sufren un cierto
estancamiento. Nuestra ingeniería actual, con todos sus avances, tiene
que quitarse el sombrero ante las creaciones de la naturaleza:
adaptables, flexibles, capaces de automantenerse, extremadamente
complejas y a la vez extremadamente estables…

La agricultura industrial es otro de esos campos en los cuales parece
que la ciencia ha conseguido mejorar la naturaleza, pero tiene varios
talones de Aquiles: contamina el entorno, empobrece los suelos y, lo
que es más preocupante, necesita un aporte muy elevado de petróleo para
fabricar los abonos químicos. Nuestros avances no están mal, pero
palidecen cuando los comparamos con lo que la ecología científica nos
está enseñando que hacen los ecosistemas naturales. Los ecosistemas son
creaciones soberbias, cuyo funcionamiento pone los dientes largos a
cualquier ingeniero. Los «sistemas de fabricación» de la naturaleza son
extremadamente elegantes, extremadamente efientes en el uso de la
energía, reciclan todos los materiales hasta un nivel asombroso, no
producen apenas residuos, se mantienen y controlan a pesar de su
complejidad, evolucionan y aprenden….estamos muy lejos de mejorar las
creaciones de la naturaleza, lo único que hemos conseguido es
proporcionar a la raza humana comodidades que no disfrutan otras especies.

Por eso, cuando hablamos de los transgénicos, no debemos dejarnos
engañar por el triunfalismo científico. Llevamos unos pocos años de
investigación en este campo y los resultados son limitados. Estamos muy
lejos de contar con una teoría que nos describa el gen y nos permita
predecir su funcionamiento y estamos todavía más lejos de predecir el
funcionamiento de los ecosistemas. Las semillas y los animales
transgénicos que se han creado hasta la fecha son imposibles de
controlar y son un riesgo cuando se liberan en el entorno.Y sin embargo
los ecosistemas naturales son en definitiva los que nos dan de comer,
los que reciclan nuestras basuras y los que nos proporcionan aire para
respirar. Los ecosistemas ya han sufrido mucho el impacto de las
actividades humanas y una de las amenazas más graves son las plagas
provocadas por la introducción de especies exóticas ¿es necesario que a
todas las plagas naturales sumemos ahora las plagas transgénicas? Los
ecosistemas se merecen un poco más de respeto por parte de unos humanos
que ni siquiera llegamos a imitarlos. A ver si vamos a ser capaces de
degradar todos los ecosistemas del Planeta mucho antes de haber sido
capaces siquiera de comprenderlos.

Si los beneficios que los alimentos transgénicos proporcionan fueran
incuestionables podríamos evaluar si es necesario correr ese riesgo,
pero ¿realmente son tan benefiosos los trangénicos? Sinceramente, yo
creo que en estos últimos 15 años todavía no han demostrado una utilidad
que justifique ni lejanamente este riesgo. «Fabricar» un maíz «mejor»
que el natural es un reto científico, pero conseguir además que la
interacción de ese maiz con el resto del ecosistema esté controlada y
sea positiva para ambos…es mucho pedir a la ciencia actual. Es
comprensible que la industria que ha invertido mucho dinero en
investigación quiera obtener resultados económicos rápidos, pero la
ciencia ofrece sus resultados lentamente. De momento lo que la industria
nos ofrece son semillas que convienen a sus intereses pero que no han
conseguido aumentar la productividad, que no se sabe qué efectos pueden
tener, que contaminan los cultivos convencionales y perjudican
económicamente a los agricultores biológicos, que no se sabe qué efectos
pueden tener en el entorno, que no se conoce si generan alergias en los
humanos….

Este sábado se va a organizar una protesta a nivel nacional contra los
cultivos transgénicos con una manifestación conjunta de grupos
ecologistas y sindicatos agrarios en Zaragoza. No es una manifestación
del ecologismo contra la ciencia, sino las críticas de la sociedad hacia
una industria que nos vende una tecnología inmadura, cuya utilidad y
necesidad es cuestionable y que tiene su impacto en el medio ambiente.

Margarita Mediavilla

Profesora de la Universidad de Valladolid y miembro de Ecologistas en Acción

2 thoughts on “Ciencia, ecología y transgénicos”
  1. Ciencia, ecología y transgénicos
    Buen articulo, y buena iniciativa la de manifestarse contra los transgenicos.

    Desde un punto de vista muy reduccionista, los seres vivos somos fragil agua con memoria. Unas pocas sustancias disueltas en agua capaces de autoreplicarse y engendrar toda la vida que conocemos.

    Cada ser vivo es diferente, original, unico, irrepetible, fragil, delicado, necesario, suficiente e imprescindible…

    ¡Cada ser vivo es PERFECTO!

    El cientifico debe volver a sus origenes: Tratar de descubrir la verdad, sin pensar en sus posibles aplicaciones.

    Por eso estas manifestaciones contra los transgenicos me recuerdan tanto a las de los estudiantes contra el plan bolonia: La ciencia tiene que independizarse del sistema capitalista-militarista.

    El buen cientifico debe ser humilde, constante, pacifico, observador, riguroso y de mente muy muy abierta.

    Debe mantener su curiosidad y su capacidad de asombro y fascinacion, sin perder su rigurosidad.

    Su tarea no es descubrir la utilidad de tal o cual asunto, sino entenderlo y ayudarnos a los demas a entenderlo tambien.

    En otras palabras: Debe olvidarse de si lo que estudia tiene o no utilidad de mercadeo.

    La ciencia, puede llevarnos a las estrellas o hundir nuestro planeta.

    Al igual que el fuego que puede calentarnos o incendiar nuestra casa.

    Siempre tendra doble filo. De nosotros depende como la usemos.

    internete
    1234567

    PD: Pero lo mas importante que puede aportarnos la ciencia no es viajar a las estrellas, o calentar nuestra casa:

    Lo mas importante es que puede hacernos COMPRENDER este mundo alucinante, supervariado, equilibrado por todas partes. Un mundo tan hermoso que cuesta creerlo…

    ¡Un mundo imposible pero real!

    Y este debe ser nuestro verdadero y unico objetivo cuando seamos cientificos: Simplemente comprender.

    Yo humildemente pienso que comprender en realidad es recordar… ¡Pero eso es otra historia: La historia de la CONCIENCIA!

    1. Ciencia, ecología y transgénicos
      El buen cientifico es aquel que con pasion y paciencia termina descubriendo cosas infinitamente mas importantes que las que estaba buscando…

      internete
      1234567

      PD: Ha habido unos cuantos en la historia. Pocos, pero en el futuro habra muchos mas.

      Me atreveria a decir que en el futuro todos seremos, en cierto modo, cientificos.

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