
ANDRÉS CASTAÑO PÉREZ
Tenía el propósito de escribir hoy sobre la austriaca de setenta y tres años que telefoneaba hasta cincuenta veces diarias a su hijo y ha sido condenada por acoso, pero el miércoles el PSOE hizo pública su lista electoral para las europeas y no había comparación razonable: las madres criminalmente pesadas son una plaga de rango inferior.
Como se temía (así, en impersonal), el verbo se ha hecho carne y vivirá en Estrasburgo. Es posible que algunos congresos del PP se hayan celebrado en el probador de una sastrería, pero los cónclaves del PSOE recuerdan demasiado esa escena de «El Padrino» en que Marlon Brando besa a sus colegas en las mejillas aunque en realidad le está tomando medidas para el ataúd.
Vayamos con los antecedentes de hecho. Hace unos meses, el alcalde de Elche destituyó a dos cargos de confianza que habían sido nombrados por su predecesor. Uno de ellos cumplía una difusa función de chófer, escolta y asistente privado del anterior alcalde. Por una romántica coincidencia, estaba casado con la concejala de Hacienda y su matrimonio debe de ser indiscutiblemente sólido, ya que la concejala amagó entonces con apoyar una eventual moción de censura del PP. El cataclismo no prosperó por dos motivos: en primer lugar, ni siquiera el PP podía contar con la fidelidad de todos sus concejales y, en segundo lugar, en Madrid se apresuraron a lavar la afrenta contra la sociedad de gananciales de la pareja con una oferta irrechazable, un puesto seguro en la lista europea. Sólo entonces Jehová pudo descansar al séptimo día.
Lo ignoro todo acerca de la aptitud de la candidata, pero ocurre que ésa no es la espina dorsal del asunto. A los pocos días de solventarse aparentemente el embrollo, apareció una factura por gastos electorales del PSOE que había sido abonada por el Ayuntamiento. Los responsables y algún palmero hablaron de «error administrativo». A los pocos días apareció otra factura, poco después una más y así hasta que la secuencia recordó el «Mambo nº 8» de Pérez Prado. Aunque el PP aseguraba que todo era producto de su celo fiscalizador, incluso el centinela del faro del Estrecho de Magallanes sabe que alguien del PSOE alumbró el camino. Trasladado a un pulso interno entre Marlon Brando, los Tattaglia y Dom Barzini, la escandalosa promiscuidad de nuestro sistema de partidos por fin era visible.
Ustedes se preguntarán si Estrasburgo bien vale una misa. Les aseguro que da para un año mariano. En castellano prehistórico, el cargo de europarlamentario es una sinecura, es decir, un empleo bien retribuido que ocasiona poco trabajo. Los partidos lo utilizan para premiar los servicios prestados o deshacerse de incomodidades con el señuelo de 10.000 euros mensuales y una catarata de dietas. Los británicos mantienen, con mayor dignidad desde luego, tres cargos de sinecura en el Gobierno.
El más apasionante es el de Lord del Sello Privado, ya que su titular no tiene la menor idea de dónde se encuentra el sello del monarca. Nosotros hemos despojado de formalismos al sistema y, en el caso de que me ocupo, podríamos hablar sencillamente de extorsión o soborno si estas palabras no introdujeran un matiz de ilegalidad que no se ha producido. El sistema funciona así y me pregunto si algún teórico de la ciencia política podría escribir un manual sobre los mecanismos de selección de candidatos sin tener que consultar las páginas de sucesos. Creo que no y adviertan una paradoja: aparentemente, este lamentable episodio que denigra a la democracia se origina con la destitución de un chófer. Como los europarlamentarios pueden nombrar a varios asistentes también retribuidos y con prebendas nada despreciables, cabe la posibilidad de que uno de ellos sea el marido con derecho a coche oficial y chófer. Eso es cambiar de asiento. ¿Quién dijo que esta no era la tierra de las oportunidades?
Andrés Castaño Pérez es abogado.
Diario Información
Estrasburgo express
soy andres castaño y os agradezco el detalle. http://elblogdetipen-andres.blogspot.com
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Se puede decir más alto…