
Un libro que trae a colación las grandes tareas de la noviolencia.
India: democracia y violencia religiosa (editorial Paidós, 445 pp., 29 euros) es el último libro publicado en España de la pensadora norteamericana Martha Nussbaum. Nussbaum es famosa por sus trabajos sobre el concepto de desarrollo humano y sobre desarrollo y política de mujeres, al parecer basados en buena parte en trabajo de campo en India. Sus colaboraciones con el premio Nobel de economía Amartya Sen le han dado otra vía para conocer la realidad del país. Es también autora de El ocultamiento de lo humano (editorial Katz, 494 pp., muchos euros), un interesantísimo libro cuyas tesis se retoman en esta obra. Las palabras de la propia Nussbaum son la mejor presentación del libro sobre la India. Trascribo a continuación –tras el índice de la obra- algunos párrafos, por orden creciente de precisión en la descripción de las raíces de los dramáticos problemas que Nussbaum anima a afrontar. La trasposición de su análisis a realidades diferentes de la de la India –¿e idénticas a las de la península ibérica?- queda para el amable lector.
INDICE DE LA OBRA.
1. Genocidio en Guyarat.
2. El rostro humano de la derecha hindú.
3. Tagore, Gandhi, Nehru.
4. Una democracia basada en el pluralismo, el respeto y la igualdad.
5. El auge de la derecha hindú.
6. Fantasías de pureza y dominación.
7. El asalto contra la historia.
8. Las guerras educativas.
9. La comunidad de la diáspora.
10. El choque interno.
I) “Éste es un libro sobre la India destinado a una audiencia estadounidense y europea. Uno de sus propósitos principales es el de llamar la atención sobre un complejo y escalofriante caso de violencia religiosa que no encaja dentro de los estereotipos comunes sobre los orígenes de la violencia religiosa en el mundo de hoy. En segundo lugar, se pretende usar este ejemplo para estudiar el fenómeno de la violencia religiosa y más concretamente cuestionar la celebre tesis del “choque de civilizaciones”… según la cual el mundo se encuentra actualmente dividido entre una entidad monolítica musulmana, empeñada en ejercer la violencia, y las culturas democráticas de Europa y Norteamérica.
La India, la tercera nación musulmana del mundo después de Indonesia y Pakistán, dista mucho de encajar en este patrón. En cambio, en el pogromo de Gujarat de 2002, extremistas hindúes utilizaron ideologías fascistas europeas para justificar el asesinato de ciudadanos musulmanes inocentes.
Mediante el estudio de este ejemplo, de su trasfondo histórico y los debates ideológicos que lo rodean, sostengo que el verdadero choque no es un choque de civilizaciones entre “Islam” y “Occidente”, sino más bien un choque que tiene lugar en el seno de prácticamente todas las naciones modernas: un choque entre personas dispuestas a convivir con personas diferentes sobre la base del respeto mutuo y aquellas que pretenden alcanzar la protección de la homogeneidad a través del dominio ejercido por una única tradición religiosa y étnica.
En un nivel más profundo, la tesis de este libro es la idea gandhiana de que la verdadera lucha que debe librar la democracia es una lucha en el interior del propio individuo, entre el impulso por dominar y ultrajar al otro, y la disposición para vivir respetuosamente sobre la base de la compasión y la igualdad, con toda la vulnerabilidad que tal estilo de vida implica”.
II) “Mientras los estadounidenses prestaban atención a la guerra contra el terrorismo, en Iraq y Oriente Medio, la democracia se ha visto asediada en otra parte del mundo. La India (el país democrático con más población y cuya constitución protege los derechos humanos de forma más exhaustiva que la estadounidense) estaba en crisis. Hasta la primavera de 2004, su gobierno parlamentario estaba cada vez más controlado por extremistas hindúes de derechas que justificaban, y en algunos casos apoyaban, la violencia contra las minorías, especialmente contra la minoría musulmana… A pesar de su derrota electoral, estos grupos políticos y las organizaciones sociales aliadas con los mismos siguen siendo extremadamente poderosos. La democracia y el Estado de derecho han demostrado que tienen una fuerza y capacidad de resistencia impresionantes, pero el futuro es incierto”.
III) “El choque entre los defensores de la homogeneidad étnico-religiosa y los defensores de un tipo de ciudadanía más inclusiva y pluralista es un choque entre dos tipos de persona dentro de una única sociedad. Al mismo tiempo, este choque es la expresión de tendencias que, en cierto sentido, están presentes en el interior de la mayoría de los seres humanos: la tendencia a la dominación como forma de autoprotección frente a la capacidad de respetar a quienes son diferentes y de ver en la diferencia una riqueza…
Gandhi creía que el autogobierno político debía surgir del autocontrol psicológico: únicamente mediante el control de los impulsos que nos permite mantener el control sobre nosotros mismos podemos convertirnos en la clase de ciudadanos que puede vivir respetuosamente con otros en términos de igualdad, y solamente creando ciudadanos capaces de autocontrolarse puede una nación permanecer libre de la dominación externa.
Los acontecimientos de Guyarat apoyan la idea de Gandhi. Quienes ejercieron la violencia en Guyarat no fueron personas malvadas de nacimiento. Estos actos violentos se originaron a partir de una visión temerosa y ansiosa del mundo en que la agresión violenta es vista como el único antídoto posible frente a siglos de humillación. Su antídoto son las cualidades de la compasión, la imaginación y la aceptación respetuosa, que se hayan profundamente enraizadas en las tradiciones educativas de la India [inspiradas por Tagore, Gandhi y Nehru], (aunque su victoria dista mucho de estar asegurada)”.
IV) “Nehru… respetaba los lentos procesos de la democracia, aun cuando las cosas que valoraba no se estaban llevando a cabo… La población de la India supera en la actualidad los mil millones de personas, pero ese legado mantiene su firmeza. La estructura institucional que Nehru ayudó a diseñar ha superado la prueba del tiempo… El compromiso de Nehru con la democracia y el federalismo ha hecho que la consecución de otros objetivos haya sido lenta e insegura: los cambios en el status de la mujer, centrales en su visión del futuro de la India, se han producido con lentitud debido a la preponderancia de ideas tradicionales afianzadas”.
V) “Uno de los aspectos más terribles de la masacre de Guyarat contra la población musulmana fue el elevado número de violaciones y de torturas sexuales. La táctica típica consistía en violar a la mujer (individualmente o en grupo), torturarla (por ejemplo insertando grandes objetos metálicos en sus genitales) y, finalmente, prenderla fuego y matarla.
… La vergüenza y la agresión a los aspectos sensuales y receptivos de la vida erótica están omnipresentes en la política de la derecha hindú… Lo que los hombres de la derecha hindú parecen querer en sus propias familias es una pureza fecunda, dado que los niños, numerosos y limpios, caen más o menos del cielo… sin ninguno de esos turbios e impuros desórdenes sexuales que la derecha hindú asocia a la familia polígama de la comunidad musulmana… Precisamente la violencia y el asco antes las muestras de nuestra propia humanidad corporal se han invocado con frecuencia a la hora de analizar la violencia de grupo…
… Cuando un pueblo que cuenta con una tradición de reivindicación de la sensualidad [el hindú] experimenta de forma repetida el sometimiento y la humillación a manos de enemigos poderosos y agresivamente masculinos que les repiten una y otra vez que no son hombres de verdad [los colonizadores británicos], no es sorprendente que el resultado sea la vergüenza. Tampoco es extraño que ese pueblo busque una contracultura de la masculinidad que emule la dureza percibida en el agresor. Un ejemplo comparable es la cultura de la masculinidad defendida actualmente en Israel…
…. Así pues, el sentimiento de la vergüenza creció durante la colonización como una herida en la psique de algunos hombres hindúes. Pero los británicos eran gobernadores inteligentes. Comprendieron que la humillación y la descalificación suelen desembocar en agresión. En consecuencia, se cuidaron de ofrecer a ese sujeto indio masculino una vía propia que le permitiera canalizar su agresividad hacia un lugar que no amenazase a la supremacía británica ( : ) dejaron la codificación del derecho de familia en manos de las diferentes comunidades religiosas… Con el tiempo, este control fue canalizando la agresión creada por la experiencia de la humillación en el mundo exterior, donde al hindú se le negaba toda capacidad de expresión. La dominación ejercida sobre las mujeres se hizo cada vez más violenta, y los británicos consintieron estas prácticas…
… En su perspicaz análisis de La sonata a Kreutzer, de Tolstoi, la intelectual feminista Andrea Dworkin argumenta que la repugnancia hacia las mujeres –el hecho de que los hombres no puedan impedir desearlas para posteriormente sentirse mancillados y asqueados de ellas-, sustenta gran parte de la violencia sexual, porque la propia interpretación de una masculinidad dominante que convierte en motivo de repugnancia a todo lo que recuerde a la animalidad se ve profundamente amenazada por el deseo sexual hacia las mujeres. Cuando desea a una mujer, el hombre ve que no es quien finge ser: es un animal deseoso de ejercitar funciones animales. Esta profunda herida para su ego sólo puede evitarse destruyendo la causa de su deseo.
… En las circunstancias culturales e históricas de algunos hombres guyaratíes hindúes… se han establecido unas determinadas condiciones que permiten que se incremente la ansiedad y se supriman los obstáculos para su expresión. Al mismo tiempo, aquellas condiciones que podrían haber limitado estas tendencias… están notablemente ausentes en las escuelas y en la sociedad civil de Guyarat. Este escenario cultural explica… que mostrasen una consumada agresividad…”.
Hasta aquí las citas. Estos párrafos no son más que una parte de las muchas cosas interesantes que se recogen en el libro de Nussbaum, una obra apasionante para ponerse al día sobre un país apasionante.
Aún así, una pequeña crítica. Otro punto que también se defiende en el libro es el valor civil de la religión ‘compasiva’, algo que, según reconoce la propia Nussbaum, resultará chocante para los por otro lado relativamente numerosos sectores socialistas y marxistas de India que siguen a Nehru en la consideración de la religión como obstáculo para el progreso. Para la liberal Nussbaum, el desprecio hacia la religión de los socialistas (unido al ‘dogmatismo’ de sus ideas económicas) ha contribuido a que estos sectores no tengan en cuenta aspectos vitales de la experiencia humana, y por ello a que sus esfuerzos hayan sido parcialmente estériles; para mí, el análisis que Nussbaum hace de esta cuestión contrapone una presunta esterilidad a una verdadera ñoñez. Máxime cuando la política de juegos florales a través de ONGs que, con razón o sin ella, ha encontrado su justificación en los escritos sobre desarrollo de Nussbaum, se encuentra hoy en día frente a una auténtica alternativa en las fronteras de la India, la revolución socialista / maoísta nepalí –salvo error, la gran ausente del libro-.
No recordaría esto de no ser porque Nussbaum, a la vez que propone tan endebles alternativas, se permite deslizar observaciones sobre lo inconveniente de una visión optimista de las relaciones de India con la República Popular China como la que tenía Nehru(p. 148), observaciones poco acordes con su llamado a la apertura mental. Y es que no creo que sea precisamente éste el momento para cuestionar los lapsos morales de la política exterior de un gran país, tan desconocido como la India para el observador exterior y tan enfrentado a complejos problemas como la India, incluidos algunos con los que, a diferencia de India, cortó por lo sano.
A pesar de que el libro me haya dado pie para este pequeño y deliberadamente injusto desahogo de mi lado más impaciente, no puedo menos que recomendarlo.
Crates.