
David Babiker *
Durante el año 2004 hemos recibido mucha información en la prensa sobre el conflicto sudanés de Darfur. Hemos visto de nuevo una nueva situación africana catastrófica, con más de un millón y medio de refugiados situados en el país vecino Chad y miles de muertos, a consecuencia de matanzas realizadas contra población civil. Los grupos que ocupan las zonas rurales de Darfur están siendo perseguidos por las milicias “Janjaweed”, formadas por miembros de etnias nómadas, que entran en los poblados realizando asesinatos generalizados, violaciones, mutilaciones y todo tipo de atropellos. La idea general que maneja la prensa occidental, las ONG y las organizaciones internacionales, es que estas milicias han sido armadas por el gobierno central sudanés, dirigido por el dictador Hassan Ahmed Al Bachir, para aniquilar a la población civil de esta región, como represalia por su supuesta colaboración con el SLA y del Movimiento por la Justicia y la Igualdad (MJI) (facciones armadas antigubernamentales ubicadas en la zona de Darfur)
Pero más allá de lo que sucede y de la retórica “humanitarista” de los Mass Media ¿es posible sospechar de las presuntas buenas intenciones de la ONU y de la supuesta “comunidad internacional”, que representa como siempre los intereses de los Estados Unidos?. ¿Cómo es posible que ahora se acuerden de un conflicto que lleva existiendo desde el año 1983, habiendo muerto más de dos millones de personas?
El territorio sudanés está habitado por negros musulmanes en el norte fuertemente arabizados y pueblos de tipo negroide en el sur de confesión animista o cristiana. Desde 1983 hasta 2002, la guerra norte sur se convirtió en uno de los conflictos endémicos africanos. El conflicto se interrumpió parcialmente por los acuerdos de Makhakos en el año 2002, dónde el norte aceptaba el final de la ley islámica en el sur y que Yohn Garang, líder de la facción sureña más importante, formara parte de la vicepresidencia de Sudan.
¿Sin embargo cual sería la relación entre este conflicto norte sur aparentemente zanjado y la aparición de un nuevo enfrentamiento armado en el oeste del país?. Los acuerdos de Makhakos están condicionados evidentemente a la aparición de petróleo en Sudan y a la presión de los EEUU. Una racional extracción de petróleo no sería posible si el sur y el norte no firman una paz duradera ya que el sur tiene la riqueza petrolera en el subsuelo y el norte la salida al Mar Rojo. Los acuerdos de Makhakos equivalen al repartimiento del botín dónde una zona reprimida de Sudan como Darfur se ve excluida y apartada, lo que genera de nuevo el surgimiento de dos facciones armadas con nuevas reivindicaciones dirigidas contra el gobierno islámico de Al bachir. A partir de aquí se inicia la escalada de violencia étnica y la represión de las milicias. Esta revuelta es aprovechada por un alarmismo oportunista de la supuesta comunidad internacional, llegando a declarar el mismo Kofi Anan que el conflicto de Darfur supone el mayo desastre humanitario de la actualidad. ¿Pero que fue lo que hizo la ONU y los EEUU en el conflicto sudanés norte sur, que no terminó con el fin de la guerra fría, sino que se extendió hasta hace apenas dos años, dejando dos millones de muertos?
Respecto a la aparición del conflicto norte sur no hubo ninguna resolución del consejo de Seguridad de la ONU que condenara o tomara medidas sobre la guerra civil sudanesa, o sobre la política del gobierno sudanés en el sur. No hubo tampoco ningún tipo de sanción internacional (otra cuestión fueron las sanciones por el supuesto apoyo de Al Bachir al terrorismo islámico). Solo hubo una resolución de la asamblea general de la ONU, en 1992 que censuraba la actuación criminal de las fuerzas armadas sudanesas. Está resolución no implicó ningún tipo de sanción económica. También hubo una mención en 1994 de la comisión de derechos humanos de la ONU donde se mostraba su preocupación por la situación de Sudán respecto a los derechos humanos.
Ahora curiosamente el consejo de Seguridad ha emitido dos resoluciones en este año 2004 sobre Sudan y en una de ellas insta al gobierno sudanés a no dar cobertura a las milicias Janjawed y se reserva el derecho de determinar si en Darfur está ocurriendo un genocidio (respecto al conflicto norte sur jamás nadie pronunció la palabra genocidio). La situación desastrosa respecto a los derechos humanos en Sudan sigue siendo la misma que desde 1983, pero este año parece ser que la ONU y concretamente su Consejo de Seguridad han descubierto sorprendentemente el conflicto sudanés, después de unos 20 años de guerra civil. Por ello, creemos que es razonable pensar que tanta casualidad pueda hacer sospechar que la supuesta “política de principios” de la “comunidad internacional” se encuentra condicionada por factores que el discurso “humanitarista enmascara” (intereses geoestratégicos, política global de los EEUU respecto al problema del petróleo, etc).
Por otra parte diferentes ONG, explican que existen indicios que muestran el apoyo estadonudense a los rebeldes de Darfur a través de los sudistas, lo cual convierte a la política imperialista en un nuevo factor de desestabilización de la zona. El acuerdo norte sur es condición para que Sudan pueda favorecer los intereses de la política imperialista respecto al petróleo. Pero no basta con ello, es necesario crear nuevas presiones contra Al-Bachir para que se produzca un cambio profundo político en Sudan. ¿Asistiremos entonces a una nueva democratización a la “iraquí” con la consiguiente participación de compañías petrolíferas norteamericanas?.
* David Babiker es miembro de Espacio Alternativo de Madrid