GASPAR MACIÀ

Mortadelo y Filemón intervienen en la política local, mientras Soler, cual moderno Ulises, prosigue su travesía camino de Ítaca

– Jefe, jefe, me voy a espiar a la consellera. Me han soplado que trae en su coche oficial un arma ultrasecreta, el rayo gamma-beta-caroteno-omega 3 capaz de manipular las mentes de todos los ciudadanos para que voten todos al PP y luego no tengan remordimientos.

– Muy bien, Mortadelo. Pero lleve cuidado para que no le descubran, que si le cogen los del PEPE [Partido Expectante del Poder Emérito], le aplicarán la tortura más terrible que pueda imaginar: ver una y otra vez todos los vídeos de los discursos de Aznar en inglés.

– No se preocupe, jefe, utilizaré uno de mis infalibles disfraces: el de farola callejera con perro meando incluido.

– Bueno, pero dígale al profesor Bacterio que le proporcione su último invento para la TIA, el aerosol desintegrador catatónico ZP, por si acaso. Con esta gente nunca se sabe.

– Vale, jefe. Voy como un rayo con mi cámara de visión espectral polarizante bifocal estroboscópica marca Acme.

Mortadelo sale como eso, como un rayo, por la ventana. Tras recuperarse de la caída desde el décimo piso, se dirige raudo y veloz hacia la sede del PEPE. Su disfraz de farola le permite camuflarse sin levantar sospechas, aunque ver un poste de luz cámara réflex en mano tiene un poco mosqueados a los policías que vigilan el lugar.

Interior del cuartel general de la TIA. Despacho de Filemón. Suena el teléfono rojo.

– ¡Jefe, jefe, venga corriendo que me han descubierto!

– ¿Qué le ha pasado, Mortadelo?

– Pues estaba yo perfectamente camuflado de farola con perro meando cuando de repente han conectado la iluminación y me ha dado un calambre. No he tenido más remedio que gritar y me han descubierto.

– Bueno, ya voy para allá con el Superintendente Vicente y la señorita Ofelia. ¡Aguante, Mortadelo, aguante! No les cuente nada de nuestros planes secretos para ganar las elecciones».

Este fragmento es un adelanto de una de las próximas aventuras de Mortadelo y Filemón, que Ibáñez acaba de escribir inspirándose en los últimos acontecimientos de la actualidad política ilicitana, y que les ofrecemos en rigurosa exclusiva gracias al patrocinio del Plan-E (aún no hemos colocado el cartel pero estamos en ello).

Me consta que hay otros insignes guionistas y escritores siguiendo el devenir de la política local para plasmar tan inacabable filón en forma de prosa, ensayo o verso (en este caso, la métrica que mejor encaja es la alejandrina). Hay disquisiciones sobre si los acontecimientos quedarían mejor como esperpento, tragicomedia, sainete o folletín.

Otros opinan que iría mejor como epopeya homérica, e incluso hay uno que ve en Alejandro Soler una moderna encarnación de Ulises, y en las vicisitudes del primer regidor local, una evocación de las aventuras del héroe griego en su tempestuoso retorno a Ítaca, incluidos los cantos de las sirenas (procedentes de la la ejecutiva del PSPV), el enfrentamiento con el cíclope Polifemo (transfiguración mitológica de Mercedes Alonso), el intento de engaño de la ninfa Calipso (María Ángeles Avilés) y el azote de tremendas tempestades (la furia de miles de facturas batiendo las olas).

En fin, hay estilos literarios para todos los gustos y cada cual aplica el suyo. Los acontecimientos se encargan de añadir más leña al fuego creativo y de alimentar a las musas hasta el sobrepeso. Dejando aparte las intrigas policíacas del caso de las facturas, esta misma semana hemos tenido engaños, traiciones y rupturas en el caso de la ex edil Avilés y su frustrada incorporación al Parlamento Europeo (ya había europeizado su look y se la veía con Le Nouvelle Observateur bajo el brazo); casos de espionaje a la consellera de Justicia para demostrar que utiliza su coche oficial para acudir a actos de partido (se ve que tenía que coger un taxi para ir desde la Ciudad de la Justicia hasta la sede del PP), y hasta tácticas de hackers informáticos, con fotos manipuladas en la web socialista de Camps con una nariz de Pinocho (por las mentiras, por si no lo habían cogido), y Mercedes Alonso con (pásmense) el bigote de El Bigotes. En fin, la imaginación, al poder, y los
politícos al recreo.

La Verdad