
La revolución en directo / publicado el 16 de junio de 2009 en el blog «En este mundo». Han transcurrido tres días desde que se celebraron las elecciones presidenciales iraníes, cientos de miles de partidarios del candidato llamado “reformista” Musavi han salido a protestar a las calles, la represión policial ha dejado ocho muertos y las autoridades iraníes han anunciado un nuevo recuento de votos, que es poco probable que pueda acallar las acusaciones de fraude (muchas de ellas dirigidas no contra Ahmadineyad, sino contra la máxima autoridad iraní, el ayatolá Jamenei).
Numerosos “ciberactivistas” están jaleando desde la comodidad de sus casas la llamada “revolución verde” [[Días después de la publicación de este artículo, «El país» informaba que las mismas empresas de Internet se unian a este entusiasmo: http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/Google/alia/marea/verde/elpeputec/20090619elpeputec_6/Tes]], mientras son los iraníes quienes se enfrentan a la represión y la violencia de los basijs. Sería interesante analizar ese extraño fenómeno moderno ligado a las “revoluciones de colores”, que consiste en “solidarizarse” con ellas desde los países desarrollados de Europa y Estados Unidos cuando, curiosamente, aquí nadie parece estar dispuesto a levantarse de su sillón por motivos políticos (y no es que falten razones para ello bastante más cercanas)1
. Eso no impide que muchos se apresuren a jalear desde la barrera unas revoluciones lejanas que ni siquiera entienden, lo que en realidad sólo sirve para difundir rumores y hacer un ruido que no hace más que aumentar la confusión. Además, esos “ciberrevolucionarios” de salón son enormemente selectivos: mientras miles de internautas occidentales apoyan la “revolución verde”, ¿cuántos se han movilizado por los indígenas de Perú asesinados recientemente por las fuerzas de Alan García, por poner sólo un ejemplo?
Unos indicios son más convincentes que otros y algunos de ellos ya han sido rebatidos por otros analistas. La primera “prueba” de fraude que menciona Cole es que Ahmadineyad ganara con el 57 % de los votos en la ciudad de Musavi, Tabriz, de mayoría azerí como el propio Musavi. Sin embargo, según una encuesta realizada un mes antes de las elecciones por las organizaciones estadounidenses Terror Free Tomorrow y New American Foundation, a Ahmadineyad le apoyaban el doble de azeríes (un 31 %) que a Musavi (un 16 %). Además, como señala un artículo publicado en Politico, dedicado a refutar las acusaciones de fraude, Ahmadineyad habla azerí con fluidez tras haber sido gobernador durante sus ocho años de dos provincias de mayoría azerí. El sábado, Robert Fisk nos contaba desde Teherán que “un viejo amigo suyo” que “no le había mentido nunca” 2
le decía que los resultados eran correctos y que no era sorprendente el triunfo de Ahmadineyad en Tabriz, dónde creó cursos y títulos universitarios en lengua azerí. Tampoco hay que olvidar que el mismo ayatolá Jamenei (el “padrino” del actual presidente) es azerí. Cole también afirma que es poco creíble que Ahmadineyad haya ganado en Teherán. Sin embargo, éste ganó en las elecciones de 2005 en la capital y fue alcalde de la ciudad entre 2003 y 2005. Cuando le señalé este hecho en los comentarios de su blog, Cole añadió una frase en el post que dice: “Se cree ampliamente que Ahmadineyad sólo consiguió la victoria en Teherán en 2005 porque los sectores reformistas estaban desmotivados y se quedaron en casa en lugar de ir a votar”. Independientemente del valor explicativo que se quiera conceder a esta frase, Juan Cole parece olvidar los multitudinarios mítines de Ahmadineyad en Teherán durante la campaña electoral. De hecho, pocos días antes de las elecciones, el presidente se vio obligado a no comparecer en uno de ellos porque se habían congregado tantos partidarios suyos que los guardaespaldas le avisaron de que no podían garantizar su seguridad.
Partidarios de Ahmadineyad el último día de campaña
Otro supuesto en el que se basan quienes sostienen la teoría del fraude la elevada participación electoral. Los autores del artículo publicado en Politico ya mencionado afirman que ese argumento se basa únicamente en conjeturas. En cualquier caso, sería igualmente razonable especular que la alta participación beneficia a Ahmadineyad, que quizá tenga más seguidores entre las clases humildes 3
, más numerosas que las clases medias y altas que apoyarían a Musavi.Frente a los análisis que presentan el enfrentamiento entre Musavi y Ahmadineyad en términos “culturales” como una oposición entre “reformistas” y “conservadores”, otros consideran que la auténtica división es una división de clases 4
. Y es que durante la campaña, Musavi se ha mostrado partidario de políticas económicas más neoliberales En cualquier caso, es muy probable que una información bastante sesgada de la campaña electoral por parte de los medios de comunicación internacionales explique la sorpresa que ha causado fuera de Irán el triunfo de Ahmadineyad, y la razón de que haya tanta gente predispuesta a creer unas acusaciones de fraude que, por muy razonables que suenen, todavía no ha demostrado nadie fehacientemente. Como señalaba el sábado el iraní Abbas Barzegar en The Guardian, la campaña de Musavi ha recibido una atención muchísimo mayor que la de Ahmadineyad en los medios de comunicación no iraníes y se ha sobredimensionado enormemente su popularidad. Lo mismo está sucediendo ahora: las manifestaciones en apoyo a Musavi están recibiendo una atención mediática mucho mayor que las de apoyo a Ahmadineyad. Haya habido fraude electoral o no, lo que es más que evidente es que Ahmadineyad tenía muchísimas posibilidades de ganar, y probablemente más que Musavi. Ken Ballen y Peter Doherty, los principales responsables de la encuesta antes mencionada (ver, en pdf), publicaron el lunes un artículo en el Washington Post en el que argumentaban que es perfectamente posible que el resultado electoral refleje la voluntad popular iraní. Según la encuesta, realizada un mes antes de las elecciones, el número de iraníes que tenía la intención de votar a Ahmadineyad (un 34 % de los encuestados) duplicaba al de los que tenían previsto votar a Musavi (un 14 %). Un 27 % de encuestados no sabía aún a quién iba a votar; si se extrapola ese número a los porcentajes de cada candidato, el resultado es muy similar a los votos emitidos finalmente en las elecciones.
Resultados de la encuesta
El artículo contiene otros apuntes enormemente interesantes. La gran mayoría de los encuestados se manifestaron a favor de un sistema más democrático y de normalizar las relaciones y el comercio con Estados Unidos. Los iraníes, según dicen Ballen y Doherty, consideran que esas aspiraciones son coherentes con su apoyo a Ahmadineyad, aunque “no desean que continúe sus políticas conservadoras. Antes bien, aparentemente los iraníes consideran a Ahmadineyad su negociador más duro, la persona mejor posicionada para llegar a un acuerdo más favorable para ellos 5
; cómo un Nixon persa viajando a China”.El hecho de que muchos iraníes consideren compatible apoyar a Ahmadineyad y las reformas democráticas, sin duda chocará a muchos occidentales que han creído a pies juntillas, sin ningún matiz, el reparto de papeles que otorga a Musavi el personaje “bueno reformista” y a Ahmadineyad el de “malo ultraconservador”. Es cierto que el tono de Musavi en asuntos internacionales suena más conciliador que el de Ahmadineyad y que ha prometido relajar el férreo control estatal sobre algunos de los aspectos de la vida de los iraníes u otorgar un mayor protagonismo público a las mujeres, pero no hay que olvidar que es, ante todo, un hombre del régimen, en cuya consolidación tuvo un papel protagonista como primer ministro entre los años 1981 y 1989, los años más duros del mandato del ayatolá Jomeini [[Información interesante sobre su «padrino» Rafsanyaní:http://www.elpais.com/articulo/internacional/poder/detras/Musavi/elpepiint/20090619elpepiint_2/Tes]]. Tiene algo de excéntrico que medio Occidente esté aclamando como un adalid de la democracia al hombre que en 1981 inició una persecución encarnizada contra las facciones de la izquierda que habían contribuido al triunfo de la revolución islámica.6
Quizá lo que estamos presenciando en Irán sea en realidad el pulso de poder entre dos fuertes personalidades de la vida pública iraní: el encabezado por el despiadado ex-presidente (1989-1997) Akbar Hashemi Rafsanjani en el bando de Musavi y el del ayatolá Jamenei en el de Ahmadineyad. “Rafsanjani no ha mantenido en secreto su opinión de que las políticas exterior y económica aplicadas en los últimos cuatro años siguiendo las directrices de Jamenei han perjudicado gravemente a la República Islámica. […] En una airada carta acusaba a Jamenei de no honrar la dignidad nacional. En un desafío sin precedentes a la autoridad de Jameneí, insinuaba que el Líder Supremo, que normalmente no es objeto de críticas, era negligente, parcial y posiblemente estaba involucrado en un complot para robar las elecciones”, escribía ayer Simon Tisdall en The Guardian.Sea como fuere, todo parece indicar que las protestas han tomado un impulso propio cuyo desenlace es totalmente imprevisible, entre otras cosas porque, más allá del supuesto fraude electoral, es imposible saber qué es lo que realmente quieren los manifestantes. ¿Más libertades? ¿Cambiar el sistema político? Uno intuye, en cualquier caso, que los manifestantes pro Musavi no son un grupo ni mucho menos homogéneo 7
y que se están expresando innumerables reivindicaciones, algunas de ellas incluso contradictorias entre sí. En el año 1978, el filósofo francés Michel Foucault viajó a Irán en dos ocasiones desencantado por el fracaso del proyecto ilustrado en Europa. El autor de Vigilar y castigar publicó en la revista francesa Le Nouvel Observateur un famoso artículo titulado “¿Con qué sueñan los iraníes?”, en el que exponía su fascinación por la revolución iraní, en la que vio el “movimiento que permitiría introducir en la vida política una dimensión espiritual”, y hacía diagnósticos tan atinados como éste: “Un hecho debe quedar claro: por ‘Gobierno islámico’ nadie en Irán entiende un régimen político en el que el clero juegue un papel de gobierno o control”. Uno sospecha que en su intento de interpretar los sueños del pueblo iraní, Foucault proyectó los suyos propios. ¿Cuántos de nosotros en Occidente no estaremos viendo ahora en la “revolución verde” nada más que aquello que deseamos ver?
¿Revolución en Irán?
Otro de Carlos Sardiña Galache: http://carlos-enestemundo.blogspot.com/2009/06/sueltos-sobre-iran-21062009.html
¿Revolución en Irán?
Inmanuel Wallerstein ha publicado un análisis para enmarcar las protestas en Irán que me llama la atención: por un lado, me parece de lo más clarificador que he leído; por otro lado, lo que ha escrito el profesor Wallerstein, una de las mayores autoridades en ciencias sociales del mundo, no es mucho más que lo que habría escrito un bachiller LOGSE con un mínimo de dedicación, si le encargasen hacer un trabajo sobre el tema. Y aún así, es de lo mejor que he leído. Que cada quien saque las conclusiones que crea procedentes sobre lo que se ha escrito, o sobre mi criterio.
Citas:
Con toda seguridad, la izquierda mundial –cualquier cosa que esto sea– no tiene una visión unificada de estas protestas populares (contra el presunto fraude electoral en Irán). De hecho, uno podría decir que uno de los principales problemas con la izquierda mundial contemporánea es su incoherencia colectiva al encarar la panoplia y notable variedad concreta de tales protestas populares.
La razón de esta incoherencia colectiva es triple. Primero, hay una larga historia de desilusiones con los resultados de dichas protestas populares, especialmente en los últimos 50 años. Segundo, hoy hay una debilidad organizativa objetiva de los movimientos políticos de la izquierda tradicional en la mayoría de los países. (Las principales voces de la izquierda mundial de hoy tienden a ser, en su mayor parte, primordialmente intelectuales con posturas independientes o activistas localizados en muy pequeñas organizaciones.) Tercero, está el hecho de que los llamados análisis de izquierda difieren fundamentalmente en lo que piensan que se debería mirar cuando se analiza las situaciones concretas.
… Hay dos cosas que decir acerca de los levantamientos populares dondequiera que ocurran. La primera es que nunca es fácil para la gente el salir a las calles a exigirle al gobierno que cambie sus políticas…
… La segunda cosa que hay que decir acerca de los levantamientos populares es que siempre e inevitablemente son una coalición de muchos elementos… Así que la izquierda mundial debe ser cuidadosa al ofrecer su respaldo político y moral a los levantamientos populares.
¿Revolución en Irán?: Elecciones 2012
Enlace: Irán, democracia sin sombra
… el mandato del jurisconsulto de Jomeini es inamovible y que sólo la gestión económica del país está en juego.
Ahmadineyad comenzó a jugar en 2006 con uno de los lemas revolucionarios de 1979 largamente olvidados y abusados: el de la defensa de los desheredados. Enfrentándose a los Millionaire Mullahs encarnados por el ubicuo Rafsanjani, reventó una privatización del país que prometía pingües beneficios haciéndose con los activos a la venta con audaces golpes de mano del cuerpo de guardianes de la revolución (de cuyas filas procede, junto con muchos de sus partidarios y oponentes) para poner en pie un complejo militar industrial que financie tanto su política social como la exterior. Es este peligroso experimento político-social el que actualmente trae de cabeza a élite iraní dividiéndola en dos bloques económicamente irreconciliables.
… La palabra la han tenido los ciudadanos y hasta la fecha esta ha sido respetada, le gustara o no al Guía, le gustara o no al movimiento verde. Pero igual que Jomeini, su discípulo Jameneí ha sabido, en 23 años de mandato, mantener un equilibrio mínimo entre las facciones políticas garantizando a cada una de ellas una cuota mínima de poder. Es improbable que en la coyuntura internacional actual, Jameneí deje caer a Ahmadineyad y abra la caja de Pandora de unas nuevas presidenciales a cara de perro como fueron las de 2009. Jameneí seguirá aplicando el freno a la política económica de Ahmadineyad hasta 2013 y entonces dejará a los iraníes que elijan de nuevo.