
Por Heródoto el Rojo (diciembre 2004)
Parece que el principal problema ético y social que tiene este planeta, el hambre de buena parte de su población, está prácticamente olvidado en los medios de comunicación. A excepción de alguna catástrofe humanitaria, muy televisivas ellas, como la crisis de Sudán o alguna otra, que durante algunos días nos hacen recordar como está realmente este mundo “global”, el resto del tiempo no somos conscientes del estado en el que se encuentra una buena parte de la humanidad. A pesar de los esfuerzos de los poderes económicos que dominan el mundo de que miremos a otro lado, como si todo esto se arreglara algún día de forma espontánea, el problema va a peor en muchas regiones del mundo ante nuestro olvido.
Las estadísticas son para echarse a llorar, de los 6.100 millones de personas que poblamos la Tierra, 1.300 viven en la extrema pobreza, es decir, con menos de un dólar diario y estando siempre cerca del hambre y la desnutrición, lo que provoca unas 25.000 muertes diarias por hambre. A esto habría que sumarle las muertes por no tener agua potable o la degradación ambiental, lo que hace que este mundo sea un verdadero infierno para una buena parte de la población.
Las causas están claras, aunque nos quieran hacer ver que este problema viene determinado por “irremediables” condiciones puntuales, como plagas, o fenómenos climatológicos,la principal causa son las relaciones económicas entre países ricos (más exactamente sus grandes corporaciones) y países pobres. Los modos de producción y distribución de las riquezas actuales condenan amillones de personas a participar en un comercio injusto y desequilibrado. La imposición por parte de este “globalismo” liberal de unas determinadas políticas económicas, en donde el alimento es una mercancía más, obliga a muchos países subdesarrollados a participar de una economía en la que siempre pierden. Las antiguas “ventajas comparativas” que hablaba Adam Smith se han convertido en la Biblia de los neoliberales económicos (y cada vez más conservadores políticamente).
La trampa es fácil de ver y no se diferencia mucho de la explotación colonial histórica de todos estos territorios, se convierte a estos países en productores de determinados alimentos, en una explotación de casi monocultivo y pensados para la exportación. Así, se consigue un producto barato, y que además está controlado por una multinacional, que lo vende manufacturado a precio competitivo en los mercados occidentales. Esta política hace que se abandonen los cultivos tradicionales que alimentaban a estas poblaciones de toda la vida. Un buen ejemplo es la producción de café, te, cacao o históricamente la caña de azúcar o el caucho. Pero la paradoja es que productos que se podrían cultivar en sus tierras deben ser importados (pues los esfuerzos humanos y tierras se dedican a estos cultivos básicos del mundo occidental), a un precio mucho más alto, y por supuesto pagando más por lo que importan del primer mundo de lo que exportan. Así, los pobres pagan como ricos, mientras los ricos consiguen productos baratos.
Es por ello por lo que hay que defender al pequeño productor autóctono y su organización en cooperativas, frente al poder de las multinacionales de alimentación que corrompen un posible comercio justo.

Los países subdesarrollados son obligados a seguir los postulados del Banco Mundial y el Fondo Monetario, lo que significa que son rehenes de unas políticas hechas para que los ricos sean aún más ricos, y así la deuda externa no deja de crecer nunca, siendo cada vez más dependientes y por tanto más fáciles de ser manejados y obligados a practicar políticas que les convierten en simples productores de materias primas para la economía global.
Este abandono de la agricultura tradicional, en muchos casos, obligan a emigrar a muchos grupos que han perdido su forma tradicional de subsistir, siendo los auténticos “parias” del sistema económico que les margina a niveles de pobreza extremos. Esto provoca en algunos lugares una superpoblación puntual (tanto en el campo como en los arrabales de ciudades) que producen una serie de conflictos que muchas veces terminan en guerras interminables que no hacen otra cosa que aumentar el problema. El ejemplo más claro en la actualidad es el África negra, un continente que está siendo expoliado sin ningún rubor y que lo está pagando teniendo los países más pobres y con más muertos de hambre de todo el globo.
Aunque el problema de fondo, sin duda, es el sistema económico mundial, se podrían reducir drásticamente estos desastres con unas mínimas inversiones. Desde hace ya mucho tiempo se intentan sacar adelante unos proyectos de ayudas reales al tercer mundo, mediante la aplicación de unos mínimos impuestos en las transacciones de especulaciones financieras, la tasa Tobin, en donde con un simple 0,1 % ( unos 400. 000 millones de $) se podrían recaudar gran parte de las necesidades urgentes de alimentos y programas de desarrollo. Si a esto le uniéramos el tan conocido 0,7 % del PIB. de los países ricos en inversiones de desarrollo, la pobreza bajaría de forma ostentosa. La realidad es otra, el egoísmo del capitalismo ni siquiera se permite que con unos despojos, una miguitas sobrantes del sistema se pierdan en insignificantes hombres y mujeres que se han quedado fuera del negocio mundial. De hecho no se llega al 0,2 % (a excepción de los países escandinavos), invirtiéndose además en proyectos supeditados y revisados por el Banco Mundial.
Otra cruel estadística es lo que se gasta en armamento e industria militar, un negocio inmoral pero que mueve unos 950.000 millones de $, la mitad de ellos gastados por EE.UU. Esta cifra no es ni más ni menos que 20 veces superior a lo que se gasta en desarrollo (según cifras de la ONU), los más de 400.000 mil millones que malgasta el gobierno norteamericano en intentar controlar el mundo militarmente es más que todo el PIB africano, o el de toda Iberoamérica.
Otro aspecto de la falta de solidaridad internacional es el control de la tecnología. La manipulación genética será sin duda una gran ayuda en la mejora de las cosechas, sin embrago, todavía hay dudas sobre la rápida integración de productos transgénicos en la dieta. Aunque se confía en que serán viables a medio plazo, estamos todavía en una fase de investigación temprana y en donde los errores pueden ser fatales. Así pasó con unas partidas de maíz trangénico muy alergénico que EE.UU. exportó como “ayuda humanitaria” a Bolivia, mientras en su país fueron requisadas todas las partidas para que no llegaran a la población. En África llevan una política de obligar a los países receptores a aceptar productos transgénicos, en lugares donde el maíz es la dieta básica de su alimentación, y no sólo se utiliza para decorar ensaladas. Sin duda África está siendo el laboratorio de estos productos,y si algún día surge algún problema serán los primeros en notarlo.
Otro tanto con las plagas, estos días oímos como una plaga de langosta está arrasando todo el norte de África, pues bien, esta catástrofe se estuvo avisando durante meses, pues los científicos son capaces de prever con aceptable exactitud en qué momentos pueden eclosionar estas furias bíblicas. Sin embargo, no se invirtió un euro en evitarlo, y lo que se pudo arreglar con una inversión mínima para los países ricos, ahora es una catástrofe de hambruna y pobreza para millones de personas indefensas, con pérdidas incalculables.
En contraste nos encontramos a nuestras sociedades occidentales, que consumen el 80 % de las riquezas, siendo apenas el 30 % de la población mundial. Mientras en algunas regiones se mueren literalmente por no comer, en Europa se tiran millones de litros de leche para que el producto no baje mucho de precio, habiendo estado además subvencionada su producción. La cuestión no es llevar la comida que sobra de unos sitios a otros, sino tener unas relaciones de intercambio justas que no produzcan estos desastres humanitarios, o por lo menos unos gestos de verdadera solidaridad.
Algo no puede funcionar bien cuando en una parte del mundo la gente se muere por excesos en la alimentación, mientras en la otra se mueren por inanición. El 20% de la comida se tira a la basura porque no es bonita, caduca o simplemente las sobras de los platos. Así, vemos imágenes de los problemas de la obesidad en nuestros ricos países junto a esqueletos humanos deambulando por cualquier país pobre de África. Millones de euros en campañas médicas para reducir las grasas y el colesterol, dietas milagrosas, pastillas adelgazantes, mientras cientos de millones de seres humanos no tienen ni siquiera un vertedero de donde comer.
¿Alguien cree que esto puede terminar bien?
Así lo vi, así os lo cuento.
> El hambre, la antesala de nuestro bienestar
Este artículo me deja realmente anonadado.
Estoy seguro que en mi país, Colombia, muy pocas personas saben que en el mundo mueren diariamente 25.000 personas por desnutrición.
La raíz de tanta indiferencia es sin duda la desinformación. Es lamentable que este artículo haya recibido (hasta la fecha de mi mensaje) tan sólo 155 visitas.
Si la solución está en manos de las multinacionales ¿hay algo que nosotros podamos hacer? Si es así ¿qué?, creo que quejarse sólamente es inútil.
el proyecto venus acabaria con las guerras el hambre y mas
te recomiendo ver «zeitgeist addendum» en la segunda mitad se presenta el proyecto venus que propone un mundo sin hambres, ni guerras donde todo seria gratis y sin trabajar ¿utopia? la energia solar, eolica, geotermica, etc. acabaria con el poder que tiene la industria petrolera para corromper a paises y ya no habria guerras ni aumento a los productos derivados del alza del precio del petroleo, y quien compraria frutas si en los boulevares se sembraran arboles frutales en vez de arboles que solo dan sombra, el dinero no sera necesario, mientras mas gente conozca estas ideas mejor para todos sin dinero bajaria el 90% de los crimens como robos, asaltos, secuestros, estafas, fraudes, etc.
la mejor solucion para este mundo
en el planeta se producen alimentos que podrian alimentar al doble de la poblacion actual, pero los poderosos que dirigen el planeta (club bilderberg) lejos de preocuparles este dato, planean eliminar al 90% de la poblacion a base de hambre, guerras, y pandemias como lagripe porcina, este sistema economico-politico beneficia a los que mas tienen y afectan a los mas desprotegidos y no es casualidad ya que asi esta planeado, ni socialismo, ni capitalismo son la solucion ya que en los dos es necesario el dinero, la solucion, la presenta el proyecto venus que propone una economia basada en los recursos, donde todo seria gratis sin necesidad de trabajar, energias renovables, automatizacion de trabajos pesados o monotonos liberarian al hombre como nunca antes busquenlo en la red y en you tube y vean plan exterminio mundial para que vean lo que planean los avaros dementes del club bilderberg descendientes de antiguos reyes que hicieron fortuna esclavizando y matando continentes enteros en el pasado.