Camps es culpable.

Es culpable o hay una conspiración de dirigentes del PP empeñados en que acabe condenado.

Sólo así se explica el último giro en la sucesión de explicaciones ofrecidas por su partido. De los creadores de ‘esto es una conspiración de un juez socialista’ nos llega ahora ‘esto es un regalito de nada como la lata de anchoas que te regala un presidente excéntrico como Revilla’. El político que siempre, siempre, siempre se pagaba sus trajes es ahora alguien que podría haber recibido un regalo y por tanto, como dice Cospedal, «es muy discutible hasta dónde tiene que llegar el tipo penal o los límites en este asunto».

Bueno, vale, aceptemos el argumento de Cospedal. Todo es discutible. Si le pillan a un político con una menor desnuda en la cama, podría decir eso de no saquemos conclusiones precipitadas.

La pregunta podría ser: ¿cuántos políticos han recibido regalos de personas que están ahora encarceladas con un sumario sobre corrupción que va a terminar con folios suficientes como para desforestar media Amazonia?

No quiero ni pensar en cuál va a ser la próxima respuesta de los dirigentes del PP. Si fuera el abogado de Camps empezaría a estar preocupado.