Que también pudiera haberse titulado «Selecciones fascistas».

Un nuevo y documentado artículo de Bilbo Bolsón, de su serie «Historias no ejemplares. Los enemigos de la Libertad».

Hoy, con los títulos precedentes, no voy a hablar de la obra y el mundo que Tolkien creó, al que debo mi existencia como humilde y animoso hobbit. Voy a referirme a la Enseñanza, útil tanto para hacer el Bien como para conseguir los fines más perversos. En el caso de mis amigos los vascos, pudo llegar a suponerles el fin de su propia existencia, cuando los «Señores de los Anillos» eran patéticos maestros españoles que, desde finales del siglo XIX, utilizaron los «anillos» como instrumento de castigo para evitar que los niños dejaran de hacer algo tan natural como hablar en su propio idioma.

El sistema consistía en que el niño sorprendido cometiendo un delito tan abominable como hablar en euskera recibía del maestro un Anillo que debía llevar puesto hasta el final del día, a no ser que antes sorprendiera a otro en la misma «falta». Así como el Anillo convirtió a mi amigo Gollum en un ser despreciable, este anillo «pedagógico» obligaba a su portador a espiar a sus compañeros hasta que una frase o una palabra en el idioma de sus padres le permitiera «pasarle» el anillo. El desgraciado que acababa portando el Anillo al final del día recibía un castigo ejemplar. Que no se limitaba a la humillación ante los demás niños sino que tenía como parte principal la violencia con cinturón, regla de madera, caña de mimbre o la simple mano de los miserables funcionarios que al golpear a aquellos «pequeños salvajes», que no atendían a sus «civilizadores» esfuerzos, sin duda encontraban alguna forma de desahogarse de sus limitaciones y frustraciones personales.

Con el sistema del Anillo aquellos pobres niños vascos no aprendían sólo a «hablar en cristiano». Aquellas criaturas aprendían sobre todo a delatar, a propiciar el mal ajeno para solucionar el propio, a odiar a sus compañeros, a vengarse de ellos…

Todo esto ocurrió en Euskadi desde que la Enseñanza pasó a depender, tras la última Guerra Carlista, del gobierno de la Monarquía española. Y la cosa no mejoró desde entonces. Tuvo que pasar casi un siglo para que la Enseñanza en este país fuera compatible con los Derechos Humanos, la Dignidad y la Libertad.

Hoy es el día en que este tipo de Enseñanza molesta a quienes siguen oponiéndose a que los niños vascos puedan formarse y educarse como tales. Dos o tres décadas de relativa libertad han debido suponer sufrimientos atroces para los «Señores de los Anillos» españoles, a quienes aterra la posibilidad de que los niños en Euskadi, por culpa del actual sistema educativo, puedan continuar hablando en euskera o, lo que les resulta aún más terrible, puedan acabar convirtiéndose en hombres y mujeres libres, vascos y con conciencia propia.

Los «Señores de los Anillos», ministros, presidentes, reyes, príncipes y jefes de gobierno, añoran la «educación» que a ellos les impartieron cuando el fascismo imperaba en el Estado español. Cuando les enseñaron que:

«El niño español deberá amar preferentemente:

1º A Dios sobre todas las cosas y a la Virgen María.

2º A la Patria y a su gloriosa bandera roja y gualda.

3º A sus padres.

4º Al ilustre Caudillo que ha sabido despertar y reanimar las energías de nuestra raza…»

Aún no asomaban en sus infantiles belfos los primeros pelos que terminarían sirviendo para constituir bigotes presidenciales. Aún sus mejilas carecían del vello que acabaría transformándose en barbas ministeriales. Y sus atipladas voces canturreaban en las escuelas, mirando la fotografía del mayor terrorista que ha conocido la Historia de España:

«Es cristiano, modesto, prudente y sobrio. Su laboriosidad no tiene límites; durante la guerra trabajaba catorce horas diarias. Su amor a la justicia social le ha impulsado a realizar hondas mejoras a las clases más desatendidas. Procura que todos los españoles tengan el pan y la justicia y que España emprenda las rutas de su destino imperial, para conseguir aquella época de grandezas en que el sol no se ponía en nuestros dominios.»

¡Qué añoranzas! Y ahora, por injustos planes judeo-masónicos, la Patria española reducida a una miserable diferencia horaria con las Canarias. Sentimientos de venganza y resentimiento agitaban la respiración de aquellos niños que en sus libros de texto fascistas leían:

«Los niños nos unimos alegremente al Movimiento Nacional y cuando seamos mayores levantaremos más a España. Queremos llevar la bandera española por los mares y los continentes en marcha triunfal. Nosotros cumpliremos la voluntad de los muertos.»

Con media docena de aquellos niños se podría haber «reconquistado» América de no mediar los eternos enemigos:

«Los enemigos España son siete: el liberalismo, la democracia, el judaismo, la masonería , el capitalismo, el marxismo y el separatismo.»

«¡Que Cruzada la nuestra tan sublime! Dios Generalísimo de nuestros Ejércitos, la Pilarica Capitana Generala cuyas insignias ostenta, Santiago Capitán General cuyas insignias ostenta también… [¡Cuanta ostentación!]

Y Franco y sus bizarros generales ¡Alféreces del Altísimo!… ¿Puede darse Estado Mayor más sublime?»

¡Cuantas enseñanzas! ¡Y cómo se añora hoy por los que fueron «educados» entonces que los niños de hoy en día carezcan de aquel «bagaje» de conocimientos! Los ojos de los Reales Académicos se nublarían sin duda con lágrimas de profunda satisfacción si los niños volvieran a saludar correctamente, como en sus años mozos:

«Siempre que saludes lo harás con energía, elevando el brazo derecho, con la mano extendida, sin doblar la muñeca, de modo que la mano quede a la altura de la vista.»

Esto sí que son instrucciones precisas y claras, sin ambigüedades separatistas, sin tibiezas democráticas. En cuantos despachos ministeriales se suspira nostálgicamente por aquellos tiempos infantiles en los que todo era más sencillo, más uniforme, más rotundo. Cuando en los libros de texto las verdades no estaban mediatizadas por distintas opiniones o puntos de vista, hasta el punto de que en ellos se afirmaba que:

«La tierra de España es la mayor parte de la Península Ibérica, colocada providencialmente por Dios en el centro del mundo.»

¡¡Malditas ikastolas!! -rugen los «Señores de los Anillos». Enseñan a los niños el idioma de sus padres o abuelos y a pensar por si mismos. ¡Sin castigos corporales! Y ocultándoles «evidencias» como que España está en el centro del mundo o que:

«La raza blanca vive en Europa, en América, en el oeste y Asia y en el norte de Africa; es muy civilizada y sobresale por su inteligencia.»

Vascos, guardaos de ellos. Salvad a vuestros hijos del fascismo y el racismo en vuestras escuelas por más que las ataquen académicos, ministros y telediarios. Releed todo lo que a los «Señores de los Anillos» les gustaría «enseñarles» y que yo, como amigo vuestro, con la ayuda de un duende gallego, y en contribución a vuestra lucha por la Libertad, os he recordado aquí. No son simplemente delirios fascistas. Pueden suponer, casi supusieron, el fin de vuestro Pueblo.

BilboBolson@EuzkadiOnline.8k.com