Las portadas de la prensa británica del lunes recogen el paso de otro umbral en la guerra de Afganistán: 200 militares muertos (en realidad, ya son 204). Mientras los militares españoles intentan hacer el menor ruido posible (y el Ministerio de Defensa hace lo posible para que su presencia pase desapercibida), en el Reino Unido no cabe esa posibilidad.

La última ofensiva en la provincia de Helmand tiene el aspecto de ser una batalla decisiva. Así aparece en las declaraciones del Gobierno y de los medios de comunicación. Es un intento de dar sentido a tanta sangre derramada. La realidad es que es sólo la época de los combates en Afganistán en una guerra que empezó hace ocho años y que tiene todo el aspecto de durar mucho más.

Están echando el resto para que se celebren las elecciones presidenciales en el narcoestado afgano. Los británicos ponen los muertos y el Gobierno de Karzai pone el dinero. Algunos líderes talibanes locales han aceptado una especie de tregua gestionada por el hermano de Karzai, el hombre fuerte de Kandahar, el único que tiene contactos con el Gobierno, los narcotraficantes y los talibanes. Es decir, tiene dinero suficiente para comprar a estos últimos durante un tiempo.

Los soldados británicos mueren para sostener a un Gobierno corrupto apoyado por los señores de la guerra y los narcotraficantes y que acaba de aprobar una ley que condena a las mujeres afganas a cumplir con lo que se espera de ellas en el lecho nupcial. ¿Quién quiere ser el último soldado que muera para que los hombres afganos puedan violar a sus mujeres?

Un diputado conservador británico escribe hoy en The Times. Elogia el sacrificio de las tropas y cita los reportajes aparecidos en la prensa sobre sus operaciones.

The closest comparation that comes to my mind is the Spanish Civil War, which generated great frontline reporting writing from Martha Gellhorn, with Hemigway’s From Whom the Bells Tolls published just as war was ending and Orwell’s Homage to Catalonia appearing before the conflicto was over.

Cuando la gente de derechas no tiene más remedio que echar mano de algunos de los símbolos de la izquierda es que ya se les han acabado los argumentos.

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