«Españoles:

Ha llegado la hora tan ansiada.

Efectivos de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF), de la que forman parte 1250 gloriosos soldados nacionales, presionando al talibán han conseguido la exterminación aséptica de 70 peligrosos facinerosos que nos habían sustraido dos camiones de gasólina.

El Talibán ha sucumbido. La victoria militar lo incorporará definitivamente a los paises democratas.

Resuena la noticia en todos los ámbitos de la tierra y, en estos instantes, en el auditorio invisible de la España entera, y al sentir la emoción de la noticia, que es júbilo de triunfo en la cosecha de las jornadas laboriosas, nuestra imperecedera gratitud a los héroes anónimos del Afganistan cautivo. Ellos son los que gozan de Dios los méritos del martirio y los que, tras la angustia de casi tres años, vuelven al seno de la Patria, y deben ser con vosotros, heroicos combatientes de España, proclamados como vencedores en esta hora solemne de victoria.

Evoquemos siempre la capital talibán, el Kabul hambriento y herido, sometido a un régimen de terror; en zozobra continua, lleno de luto y dolor, sometido a la saña criminal de aquellos milicianos de la retaguardia, que, incapaces de vencer en la guerra, donde sólo cosecharon derrotas, se dedicaron cobardemente, a asesinar a nuestros hermanos indefensos. Entonces las naciones humanitarias, que allí tenían sus cónsules y representantes, se rebelaron y con su imponente presencia acabaron con aquella obra inhumana en un plis-plas.

Porque pensamos en la victoria y en la muerte, hemos logrado una victoria más.

Aquel puñado de escogidos soldados, las mejores tropas del mundo, que lucharon contra las bandas formadas por la hez del hampa, respondieron con heroísmo al grito fácil y jactancioso de Aleikum Salam.
Y estos héroes que vuelven victoriosos, saben muy bien que hemos vencido contra todos. Saben que la sangre esparcida en la Guerra Santa de España, no se ha perdido; que con ellos hemos vencido a Al-Qaeda, vivero criminal, contra los pueblos que estaban bajo su vasallaje político y que ahora, mostrando seguridad y respeto para el mantenimiento de la soberanía y de la independencia de Afganistan.
Nosotros que sentimos el orgullo de la libertad de la Patria, luchamos contra quienes la engañaron y quisieron dominarla y humillarla; pero sabemos a qué atenernos. Saben todos los españoles; lo saben -al menos es lo que importa-, los españoles de la mejor España, de quienes es la responsabilidad de la sangre vertida.

Los que se habían considerado vuestros más resueltos defensores, huyeron al refugio montañoso de Tora-Bora próximo a Jalababad, portando buenos pertrechos, procedentes del robo y del saqueo.
Con la conquista de la guerra perdida, cabía resolverla en forma humanitaria y honrosa. Olvidaban que a nosotros, nuestros muertos, y la propia noción del deber, nos exigían que sólo la victoria y su absoluto vencimiento fueran el término de esta lucha, de la que es preciso deducir de una vez para siempre todas las consecuencias, para formar sobre ellas el Mando, la Voz y la Voluntad de España.

Combatientes de España, Caballeros que habéis sufrido mutilaciones en vuestros miembros para salvar la integridad corporal de la Patria; cautivos de España, que habéis luchado para que Chacón siga la ruta irrevocable de nuestra Revolución; españoles a quienes Dios iluminara el camino que ha de ser seguramente el camino del Deber y del Sacrificio.

Españoles: En presencia de nuestros caídos, ante nuestros héroes inmortales, ante la Patria rescatada y triunfante ¡Arriba España! ¡Viva Zapatero!»

Posdata: A los civiles afganos asesinados por fuerzas de la Otan el 4-9-2009.

¡Qué la tierra os sea leve!

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