
El cliente del Carrefour viaja empujando su carrito por los amplios pasillos del hiper iluminados con luz artificial.
El cliente, atraído por las ofertas 3×2 coge el producto rebajado sin darse cuenta de que en la parte baja de la estantería hay otro producto igual, pero de otra marca, a precio más barato que el que se lleva (a pesar de que estaba en oferta).
Se desplaza empujando su carrito. Los productos le quedan al alcance de la mano: suavizante para la ropa, pastillas de jabón, pizza precocinada, galletas para el desayuno, leche semidesnatada, quitamanchas, patatas congeladas, paquete de pechuga de pavo, maquinilla eléctrica de afeitar (fabricada en Taiwan), mantequilla que ayuda a cuidar tu colesterol…
La música, a un ritmo alegre, le acompaña y le anima a seguir su paseo, su largo paseo hasta llegar a por la barra de pan, porque está al final del todo y hay que recorrer todo el hiper para llegar a ella. Curioso que esté tan lejos de la salida algo que compra todo el mundo.
Sólo falta la verdura y la fruta. Cuatro manzanas brillantes en bandeja de poliespán, kiwis procedentes de Nueva Zelanda en recipiente de plástico. Tomates con pinta de saber a algo: no hay.
El cliente se acerca hacia las cajas y mientras espera, aburrido, coge dos paquetes de chicles y uno de pilas.
“Con menos bolsas todos podemos respirar más tranquilos”.
Después paga y se marcha.