¿CÓMO FUE EN VERDAD LA SEPARACIÓN DE 1903?

Por Olmedo Beluche

(Extractos del libro La verdadera historia de la separación de 1903)

En Panamá la conspiración separatista tuvo una matriz física ubicada en las oficinas de la Compañía del Ferrocarril, que se encontraban en el gran edificio de la terminal, donde hoy está el Museo Antropológico junto, a la Plaza 5 de Mayo. Los conspiradores panameños tienen una relación directa con dicha empresa norteamericana, cuyos hilos dirigía William N. Cromwell desde Nueva York.

Contrariamente a lo que suele decirse en la historia oficial panameña, la matriz política del movimiento separatista de 1903, proviene del Partido Conservador, no del liberalismo. Una nota del embajador norteamericano en Bogotá, citada por Duval, informa que los mayores opositores al Tratado Herrán – Hay provenían de las filas liberales. Esto es literalmente así, tanto en Colombia como en Panamá. El proyecto separatista jamás estuvo en el programa liberal durante la Guerra de los Mil Días, como insinúan a algunos. Los liberales que finalmente colaboran con la separación ocupan un lugar secundario y de última hora.

De acuerdo a todas las versiones, José A. Arango, abogado de la Compañía del Ferrocarril, junto con el Capitán Beers, son los gestores de la idea o los agentes encargados de ejecutar una idea planificada desde Estados Unidos. Como el mismo ha dicho en sus “Datos para la Historia”, los primeros a quienes consultó, fueron sus influyentes hijos (Ricardo Manuel, Belisario y José Agustín) y yernos (Lewis, Raúl Orillac y Ernesto Lefevre). Como él mismo señala, para no abrumar a la Junta Separatista con miembros de una sola familia, acordaron conformarla, al principio con: Carlos C. Arosemena, Manuel Amador G. y J. A. Arango.
El otro gran actor es Manuel Amador Guerrero, médico de la Compañía del Ferrocarril, político conservador, nacido en las cercanías de Cartagena, y casado con una enérgica y bella joven panameña, María Ossa de Amador, cuyo hermano, Francisco de la Ossa, era alcalde de la ciudad de Panamá. José Gabriel Duque, cubano de nacimiento y de nacionalidad norteamericana, dueño de la editora Star & Herald, que publicaba el periódico La Estrella, es otro protagonista indiscutible. No sólo porque desde su diario dirigió una intensa campaña en favor del Tratado Herrán – Hay, sino porque tenía en Washington relaciones directas con el Secretario de Estado John Hay, y viajaría, casual o planificadamente, en el mismo buque que Amador cuando el movimiento estaba en su momento crucial.

También están los empresarios y terratenientes conservadores Ricardo Arias y Tomás Arias, quienes eran hermanos, y fueron fundadores de una dinastía de presidentes de la República, que hasta hoy perdura. Además de una pléyade de comerciantes y gerentes de empresas muchas de las cuales relacionadas con Estados Unidos, como: Nicanor de Obarrio, Federico Boyd y Manuel E. Batista.

Por otro lado están los jefes de la tropa, los generales Esteban Huertas y Varón, ambos de origen colombiano, y ambos claramente sobornados para apoyar el movimiento. Según reconoce en su autobiografía Huertas, se le ofrecieron 25,000 dólares, que él dice haber rechazado. Pero luego de la separación, según Lemaitre, recibió hasta 50,000 dólares para enviarlo a “estudiar tácticas militares” en Europa, lo que le permitió adquirir una bonita finca en la que pasó sus últimos años, después de una vida como pobre soldado de cuartel.

Arango menciona a Pastor Jiménez y Carlos Zachrisson como “íntimos amigos del General Esteban Huertas”, que por intermedio de Amador, “prestaron muy oportunos y valiosos servicios”, mediando para convencer a Huertas, agreguemos nosotros. Por los liberales, cabe destacar las personalidades de: Pablo Arosemena, abogado, al cual el sociólogo A. I. Quintero lo relaciona comercialmente con J. G. Duque[1].
Eusebio A. Morales, nacido en Sincelejo, redactor del Manifiesto de la Independencia, ya se ha dicho que pertenecía a los liberales más moderados, garantes del Pacto del Wisconsin, y que J. A. Arango relaciona estrechamente con Federico Boyd. Carlos A. Mendoza, abogado también, aparece entre los primeros liberales sumados al movimiento por el mismo Arango. Los hermanos Pedro y Domingo Díaz, líderes del arrabal, eran parte del sector de Mendoza. Es importante tener en cuenta que el histórico líder del liberalismo popular, Buenaventura Correoso, no aparece desempeñando ningún papel en los acontecimientos.

Mencionemos al banquero judío Joshua Lindo, residente en Nueva York al momento de la conspiración, pero con fuertes intereses en Panamá, y una relación estrecha tanto con Cromwell como con Bunau Varilla (recuérdese que, en Francia, Varilla jugó un destacado papel en la lucha contra el antisemitismo del famoso “Caso Dreyfus”). De las arcas de Lindo provino, en calidad de préstamos parte del dinero usado durante el movimiento separatista para sobornar a las tropas, y a algunos más.

Tal y como había anunciado el artículo publicado en junio de Farham, el movimiento separatista se desencadena a partir de mediados de agosto, cuando el Congreso colombiano enterró el Tratado. El Capitán Beers viajó a Nueva York a mediados de julio para entrevistarse con Cromwell, y decidir el curso de la acción. Ovidio Díaz[2], en el capítulo 4 de su libro, titulado “Panamian Cohorts”, resume los hechos concretamente. Beers arriba a Panamá, aproximadamente el 4 de agosto, pero no olvidemos que el 28 de julio se había realizado en la finca de los Arias, la famosa reunión de los conspiradores panameños con el cónsul norteamericano y un grupo de oficiales gringos. Beers trajo la confirmación del apoyo norteamericano al movimiento secesionista. Arango le organizó una cena de bienvenida a la que asistieron media docena de personas, y el norteamericano Herbert Prescott, asistente del superintendente de la Compañía del Ferrocarril.

Allí se decidió el viaje de dos de los conspiradores a Estados Unidos para ultimar los detalles. Sin embargo, al final viajaría solo Manuel Amador Guerrero, ya que la estadía de su hijo en Estados Unidos permitía cubrir el viaje con una excusa personal, evitando que se filtrara antes de tiempo el plan separatista. Amador Guerrero llega a Panamá el 27 de octubre. Esa misma noche se organiza una cena en casa de Federico Boyd. Como bien hace notar el análisis de Díaz Espino, “El había ido a Nueva York para obtener dinero y apoyo militar norteamericano, pero volvía sin nada”[3]. Asíque la reunión fue un poco tensa. Al parecer, tuvo que alegar que Bunau Varilla era un agente secreto y que sus promesas se respaldaban en reuniones con Hay y Roosevelt.

El siguiente paso fue asegurar el soborno de la tropa y su máximo oficial, el general Esteban Huertas, el cual fue muy esquivo hasta el final, pero fue el que decidió la suerte de la conspiración, cuando se detuvo a los oficiales colombianos encabezado por Tobar la tarde del 3 de Noviembre.En sus Memorias, Huertas fecha su encuentro con Amador Guerrero el 1 de Noviembre, y lo describe en los siguientes términos: “Como a las nueve de la mañana del 1 de Noviembre (nos dice hablando siempre en tercera persona) encontrádose el general Huertas en su Cuartel, se presentó allí el señor Pastor Jiménez, manifestándole que iba de parte del Dr. Manuel Amador Guerrero para decirle que deseaba tener una conferencia con él en el Gran Hotel Central, donde en efecto lo esperaba. Huertas acudió y al entrar, encontró al Dr. Amador sentado en el zaguán del hotel, y éste, al verlo, púsose de pie, tembloroso, y poniéndole la mano sobre el hombro, le insinuó que subiera las escaleras. Llegados al primer piso, penetraron a una pieza, e instalados en ella, el Dr. Amador le dijo que tenía que comunicarle una cosa interesante; pero parecía indeciso, pues temblaba y palidecía, produciendo varios sonidos guturales incompresnsibles, por cuanto la voz se ahogaba. Por fin, haciendo un esfuerzo, pudo expresarse con claridad y le dijo: “Dígame General, sin vacilación de ninguna especie, si se tratara de proponerle un crimen, me guardaría usted el secreto?” Huertas hizo un ademán de asentimiento y Amador continuó: “se trata de la Independencia del Istmo, todos están de acuerdo, los Arosemena, los Boyd, los Arias, y hasta los extranjeros están dispuestos a ayudarme. Sólo, pues, esperamos su decisión, sin la cual la independencia es imposible”. A la vez, el Dr. Amador se deshizo en ofertas que se traducían en tesoros…”[4].

Según Huertas, él respondió indignado, pero pidió tiempo para pensarlo. Como bien razona Lemaitre, si Huertas no estuviera ya picado por “las ofertas que se traducían en tesoros”, y fuera tan honesto como quiere aparentar en sus Memorias, debió arrestar inmediatamente a quien le propuso cometer “un crimen”. En lugar de ello, pidió tiempo para pensarlo. Respuesta que repitió el 2 de Noviembre, cuando Carlos Zachrison volvió a hacerle la oferta de parte de Amador.

En sus Memorias, Huertas intenta cubrir su decisión, aseverando que no aceptó el soborno, aduciendo que se decidió cuando interpretó los actos del general Tobar, la tarde del 3 de Noviembre, como un intento de arresto y asesinato: “No sólo se trata de mi defensa personal, sino también de las de ustedes. Hoy los generales en la segunda visita que me hicieron me manifestaron sus deseos de mudarse para la pieza que yo ocupo en el cuartel y creo que se trata de asesinarme. ¿Están ustedes dispuestos a seguirme y a cumplir mis órdenes, a pesar de todos los sacrificios que haya que hacer? Me contestaron: “que sí”. Sin embargo, para estar seguro les ordené: El que de ustedes no quiera acompañarme o no esté de acuerdo, que se ponga de pies. Todos permanecieron sentados dentro del más profundo silencio. Váyanse entonces a almorzar –les dije- porque ya es tarde, pero eso sí, regresen pronto porque pueden presentarse serios acontecimientos. Les pido la mayor reserva y no conversen nada de esto, ni con sus familias”[6].

Para tener una idea precisa de los sucesos en Panamá, es recomendable leer La jornada del día 3 de Noviembre de 1903 y sus antecedentes[7], del panameño Ismael Ortega. La obra es una apología del acontecimiento, pero la narración minuciosa permite ver algunos detalles que suelen pasarse por alto. No vamos a reproducir en detalle los acontecimientos, muchos de ellos bien conocidos, sino que nos centraremos en algunos aspectos interesantes que retratan la falta de “unanimidad” panameña en la secesión, y el papel decisivo de las tropas norteamericanas, sin el cual la acción de los conspiradores panameños no se habría llevado a cabo.

Amador escribe a Bunau Varilla, el 29 de octubre, al enterarse de que se aproximaba a Colón un barco con tropas colombianas de refuerzo: “Fate news bad powerfull tiger urge vapor Colón”. Este le responde en clave que en dos días llegaría el buque de guerra (“Pizaldo Panamá: Allright will reach ton and half obscure”).A Colón llegaron el Nashville primero, y el Dixie después, para asegurar la separación.Pese a las seguridades que les enviaba Bunau Varilla, la mañana del 3 de Noviembre, al saberse el arribo del buque Cartagena, al mando de los generales Juan B. Tobar (Ortega escribe “Tovar”) y Ramón Amaya, los conspiradores cayeron en pánico y estaban virtualmente paralizados. Dicen que Tomás Arias lanzó a la cara de Amador esta histórica expresión: “Tú eres un viejo, Arango es un viejo, y a ustedes no les importa si los ahorcan. Yo no quiero ser ahorcado”[8].

Diversas versiones aseguran que Amador, después de deambular abatido por las calles de Panamá, y habiendo constatado que los conspiradores se amedrentaban, volvió a su casa, donde fue su esposa, María Ossa, la que le infundió valor para seguir adelante. Pero lo más probable es que contribuyera a infundirle ánimo no sólo las palabras de su aguerrida y joven esposa, sino la confirmación del arribo de un crucero norteamericano a Colón, y la maniobra de los gerentes de la Compañía del Ferrocarril, dirigidos por el coronel J. R. Shaler, de hacer pasar a la ciudad de Panamá, a los generales colombianos pero sin sus tropas, alegando que no disponían en el momento de vagones para su transporte.

El error decisivo de los generales colombianos estuvo en aceptar la propuesta de Shaler. “No hubo nada que no demostrara la mayor cordialidad y no me diera la seguridad más completa de que la paz reinaba en todo el departamento”[9].Aunque, al parecer el general Amaya intuía algo anormal, y pidió a Tobar permanecer en Colón con sus tropas, a lo cual éste se negó: “No, ud. no debe dejarme completamente solo”.[10] A regañadientes éste ocupó su lugar en el tren.

Pese a los sobornos, y estar detenidos ya los generales colombianos, a las seis de la tarde del 3 de Noviembre, aún había dudas en parte de las tropas, pues el vapor Bogotá se había sublevado, amenazando con bombardear la ciudad, “si no se restablece el Gobierno Departamental”. Mientras que el general Rubén Varón, uno de los primeros sobornados, no se decidía a atacarlo con el vapor Padilla bajo su mando.

Ortega consigna que Huertas, a través de Juan Brin “una vez terminadas sus labores en las oficinas de la Pacific Steam Navigation Company”, empresa norteamericana obviamente, envió a Varón un ultimátum para que cumpliera su parte[14].El Bogotá sólo hizo un tiro de cañón, haciendo blanco en las inmediaciones del mercado, donde mató a un emigrante chino, única víctima mortal de la separación. Finalmente, su capitán lo retiró de la bahía sin mayor resistencia. Ortega también refiere que, para pagar a las tropas y sumarlas al movimiento Amador ordenó al señor Andreve que pidiera a Enrique Lewis, administrador de hacienda del Departamento, los fondos que estaban a su disposición. Entregándose primero 2,000 pesos, y posteriormente otros 1,000, que fueron repartidos a razón de 5 pesos por soldado, 10 pesos las clases y20 pesos los oficiales[15]

Miles P. Duval asegura que el general Rubén Varón recibió 35,000 pesos en plata, Huertas otros 30,000 pesos, y los oficiales menores de 6,000 a 10,000 cada uno. El 4 de Noviembre:“La multitud honró al General Huertas llevándolo en una gran silla; mientras a su lado caminaba el Cónsul Erhman, con la bandera de Estados Unidos, y en el otro lado estaba Amador, con la bandera de la nueva República”[16].
En ese acto, se atribuyen a Amador las siguientes palabras, seguidas de las exclamaciones de Huertas: “El mundo está asombrado de nuestro heroísmo. Ayer éramos los esclavos de Colombia, hoy somos libres… el Presidente Roosevelt ha cumplido su promesa… ¡Viva el Presidente Roosevelt! ¡Viva el Gobierno norteamericano!” “Tenemos el dinero. Somos libres”, exclamó Huertas[17].

Pero la “batalla” decisiva se libró en Colón, donde las tropas colombianas recién llegadas quedaron al mando del coronel Eliseo Torres. En un principio, este oficial y sus tropas ocuparon la ciudad exigiendo a la Compañía del Ferrocarril transporte para la ciudad de Panamá para liberar a sus generales presos y sofocar la sublevación. A lo cual la Compañía se negó. Torres movió sus fuerzas para tomar la terminal y los trenes, pero intervinieron las tropas norteamericanas que se atrincheraron en la estación del ferrocarril.Todo el día 4 y parte del 5 de Noviembre se sucedieron escaramuzas, sin pegar un sólo tiro, entre las topas al mando de Eliseo Torres y las norteamericanas del Nashville, a cargo del comandante Hubbard. Este había recibido las siguientes órdenes impartidas por el Departamento de Estado el 2 de Noviembre:
“Mantenga el tránsito libre e ininterrumpido. Si la fuerza armada amenaza, ocupe la línea del ferrocarril. Evite el desembarco de cualquier fuerza armada con intentos hostiles, sea del gobierno o insurgente, sea en Colón, Porto Bello, u otro punto. Envíe copia de instrucciones al oficial mayor presente en Panamá al arribo del Boston. He enviado copia de instrucciones y telegrafiado al Dixie seguir adelante con todos los despachos posibles desde Kingston a Colón. Se anuncian fuerzas del Gobierno que se acercan al Istmo por mar. Eviten su desembarco si a su juicio esto pueda precipitar un conflicto”[18]

Este telegrama, que Duval toma de documentos oficiales del gobierno norteamericano (Foreign Relations, 1903) es la prueba palpable de la intervención norteamericana en Noviembre de 1903, y un mentís a quienes pretenden presentar esta intervención como “acéptica”, neutral y casual. Duval narra cómo, en la mañana del 4 de Noviembre, cuando Eliseo Torres se entera de los acontecimientos en Panamá la noche anterior, y del arresto de sus jefes, envía un mensaje al cónsul norteamericano en Colón, Oscar Malmros, amenazándole con pasar por las armas a todos los ciudadanos norteamericanos presentes en esa ciudad si no se liberaba a sus generales. El cónsul notificó a Hubbard, bajando sus tropas a la estación del ferrocarril, atrincherando a todos los varones en uno de sus edificios, y poniendo las mujeres y niños norteamericanos en dos barcos fondeados en el puerto de Cristóbal.
“El Comandante Hubbard partió con el Nashville y patrulló frente al área crítica, listo para usar los cañones del barco. El cañonero colombiano Cartagena se había ido antes de la amenaza de Torres, y por esta razón no resultó ningún obstáculo… los colombianos trataron de provocar un ataque…, pero, por suerte éstas permanecieron tranquilas; ninguno de los dos lados disparó…”[19].

El 5 de Noviembre en la mañana hubo conversaciones entre el alcalde de Colón, Porfirio Meléndez y Eliseo Torres. A Torres se le hizo una advertencia y una propuesta. La advertencia fue que se dirigían hacia Colón miles de soldados estadounidenses, elemento que sintió corroborado cuando se reportó la llegada del Dixie en el horizonte. La propuesta consistió en un ofrecimiento de 8,000 (dólares según Ortega[1], pesos según Duval[2]) para racionar sus tropas y retirarse pacíficamente de Colón. Soborno que fue aceptado por Torres y fue “sacada de la caja de la Panama Rail Road Company”, y entregada por José E. Lefevre, asistente de cajero de esa empresa. En ausencia del Cartagena, que había zarpado el día anterior, Torres aceptó embarcar sus tropas en el buque civil Orinoco, propiedad de la empresa Royal Mail, que salía esa noche para Cartagena.

Pueden haber influido en esta actitud de Eliseo Torres una combinación de factores: precedente de los incidentes de 1885, cuando Pedro Prestán tuvo el valor de enfrentar a los norteamericanos y terminó ahorcado; la ausencia de sus generales y la falta de claridad en sus órdenes por parte del gobierno colombiano, que fue completamente sorprendido; la venalidad de militares y funcionarios, tanto panameños como colombianos, mal que todavía heredamos.

Lo más interesante del retiro de las tropas colombianas es un incidente narrado casi por casualidad por Ismael Ortega: “En esos momentos llegaron algunos colombianos vecinos de la ciudad (?!) y trataron al Coronel Torres, y a su gente, de traidores y vendidos, insulto éste que indignó al Coronel Torres de tal manera que –junto a algunos soldados- salió del muelle, pero entonces intervino el general Orondaste L. Martínez, y en presencia de varias personas –entre ellas el General Pompilio Gutiérrez- explicó, en alta voz, que el dinero recibido por Torres había servido para racionar al batallón, y no para comprar su complicidad; y todo quedó arreglado”[3] .

Aquí el hecho significativo es la indignación de los “vecinos de Colón” que, Ortega llama “colombianos”, que imprecan a Torres por retirarse sin enfrentar a los norteamericanos y encima recibir un soborno. La única interpretación racional que admite el hecho es un sentimiento de repudio a la intervención norteamericana y lo que estaba psasando con la supuesta “independencia”. Repudio por parte de panameños, pues eran residentes de la ciudad. Cae, otra vez, el mito de la unanimidad en torno al movimiento de los istmeños. Chiriquí fue una de las últimas regiones en adherirse. El coronel Alvarado fue enviado para sumar la provincia, pero allá encontró la oposición del capitán Guardado, jefe de la tropa, y del gobernador Ramón de la Lastra, el cual fue finalmente destituido. Alvarado, intentando influir en el gobernador habla con su hermano, José María, pero éste creía que se trataba de una maniobra de los liberales. Alvarado le respondió: “Don Pepe, Ud. está equivocado. No es esta obra de los liberales, pues, precisamente, son los conservadores los que están a la cabeza de este movimiento. Ahí están don José A. Arango, Amador, Nini Obarrio, Espinoza, Tomás Arias”. A lo que el viejo le replicó: “El equivocado es Ud. que es muy joven, y lo han engañado”[4].

Los historiadores Celestino Araúz y Patricia Pizzurno constatan que hubo también resitencia a aceptar la separación entre la población kuna, cuyo territorio quedaría partido: “… el Saila principal de San Blas se trasladó especialmente a Bogotá al enterarse de la separación y le manifestó al vicepresidente Marroquín que el archipiélago se mantenía unido a Colombia…”[5]. Estos mismos historiadores citan a Oscar Terán que, basado en datos demográficos afirmaba que “sólo tres décimos de la población de 381.000 habitantes se habían sumado al movimiento separatistahasta el 6 de noviembre y únicamente seis décimos hasta el último día de dicho mes”[6]

En Colón, luego de retiradas las tropas de Torres, en la mañana del 6 de Noviembre, los separatistas, suponemos que henchidos de “patriotismo”, nombraron abanderado al Coronel norteamericano Shaler, quien cedió el honor de izar la bandera panameña al mayor William Murray Black, gringo también, entre gritos de “Viva la República de Panamá!” “Vivan los Estados Unidos de América!”[8].

Un siglo después no se puede dejar de sentir vergüenza al leer esto. Pero quien vivió la invasión del 20 de diciembre de 1989, puede recordar el descaro con que muchos se echaban a los pies del ejército de ocupación.


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3 thoughts on “¿Cómo fue en verdad la separación de Panamá de Colombia?”
  1. ¿Cómo fue en verdad la separación de Panamá de Colombia?
    es facil criticar las acciones de las personas 100 años despues q ocurren ningun pais se ha separado unanimente al mismo tiempo ya q debido a distintoss intereses siempre hay quienes se rehusan, io quisiera saber q hubiese hecho el escritor si estuviera amenazado de q le metieran una bala en la cabeza por sedicion? como panameño mne siento orgulloso de nuestra historia y de no pertenecer a esa porkeria de pais

  2. ¿Cómo fue en verdad la separación de Panamá de Colombia?
    como panameno, me siento sumamente agradecido con el pueblo norte americano. no solo por su heroico respaldo en esos primeros dias de nuestra nacion, sino por su apoyo humanitario que siempre a brindado y sigue haciendo hoy en dia. admiro como los estados unidos, la unica superpotencia en el mundo, nos dan el canal y retiran sus tropas, de la zona canalera y nos entregan a una de las maravillas del mundo, porque asi se lo pedimos. aunque el contrato decia otra cosa, se lo pedimos y se nos dio. tambien le agradesco su intervencion de parte de ciudadania panamena que sufria bajo la tirania de un grupo de narco-militares liderados por manuel a. noriega. pero mas que nada estoy feliz de la pacifica existencia de nuestro pais. aunque en estos dias y que sin los «gringos» aqui, parece que estamos perdiendo la soberania, indegenas y fauna de nuestra bella provincia del darien a manos de narco-militares (farc). me gustaria saber donde estan los que tanto hablan en contra de los gringos, y porque no dicen nada acerca o hacen algo acerca de las fuerzas marxistas extranjeras en nuestro pais.

    1. ¿Cómo fue en verdad la separación de Panamá de Colombia?
      la historia siempre sera contada en un 70 %, cierta cuando el resultado sea positivo de triunfo y un 30%, negativa por los que aun se aferraban a que fueramos de la Republica de colombia, Panama siempre ha sido ambicionada por paises poderoso por su punto estrategico…los españoles, los colombianos y los gringo lo sabian…en parte la historia esta escrita y no podemos cambiarla,de alguna manera a sangre y fuego tarde o temprano somos una nación orgulloso de nuestro destino..y que gracias a las generaciones del pasado y presente aun seguimos manteniendo nuestra identidad somos y seremos panameños por siempre,damos vuelta a la pagina y seguimos con la vision de seguir nuestro destino sin intervencion de ninguna nacion extragera….viva el canal de panama, viva la Republica de Panama y viva su gente……este no es el fin de su historia.

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