
Buenos Aires.
El cambio climático ya está teniendo
efectos claros y apreciables en las plantas, los animales y los ecosistemas,
según nuevo estudio presentado ayer por el Fondo Mundial para la Naturaleza
(WWF), en el que se señala que los sucesos climáticos extremos han obligado
a las especies vivas a activar su capacidad de adaptación, lo que no siempre
consiguen con éxito. «Las especies necesitan más tiempo para estos cambios;
no disponen para hacerlo de 300 años, así es que la consecuencia es una
progresiva pauperización de los ecosistemas», explicó Javier Corcuera,
director del Fondo para la Vida Silvestre de Argentina, organización
asociada al WWF.
El estudio presentado -Clima extremo, ¿puede soportarlo la
naturaleza?-señala, a la vista de los resultados encontrados, que los
anteriores trabajos globales han subestimado el impacto sobre la naturaleza
que están teniendo sobre las especies y los ecosistemas los cambios de los
sucesos climáticos extremos (olas de calor, inundaciones, sequías…)
documentados en los últimos tiempos.
Los impactos ecológicos son muy visibles por ejemplo en los calendarios de
los ciclos de vida vegetal -de manera que se ha adelantado la primavera en
algunas zonas-, así como en la distribución geográfica de las especies.
Algunas plantas, por ejemplo, han avanzado su florecimiento hasta 30 días,
mientras que también empieza a comprobarse como el otoño en algunas zonas
retrasa algunos días el tradicional colorido cálido de sus árboles. De la
misma manera, algunas especies muestran una gran expansión en algunas áreas,
lo que distorsiona esos sistemas. Así, se ha observado una colonización en
millones de hectáreas de escarabajos del pino en las montañas de
Norteamérica, así como una expansión de otros insectos en el norte de
Holanda.
También los fuegos se han incrementado de manera catastrófica en los bosques
húmedos tropicales durante las severas sequías que acompañaron al fenómeno
meteorológico del Niño en los años noventa.
Otras especies muestran una dramática reducción en la distribución o el
tamaño de sus poblaciones, como demuestran el fenómeno del blanqueo y muerte
de los corales -especialmente en los ecosistemas oceánicos del Pacífico- o
la desaparición de los anfibios, que amenazan con dejar este planeta
silenciosamente y por la puerta trasera sin que nadie lo alerte. En Costa
Rica, por ejemplo, se documentó la desaparición de 20 de las 50 variedades
de sapos en 1987, aunque pudieron intervenir otros factores ecológicos.
Inviernos templados, veranos calurosos, exceso de precipitación o sequías
repetidas son algunos de los fenómenos que actúan como quien pone la pistola
en el pecho a estas especies para exigirles una rápida respuesta de
adaptación, lo que no siempre es posible.
Los pájaros, mamíferos o insectos también son un termómetro de los cambios.
Por ejemplo, los observatorios ingleses detectan la llegada de algunas
especies migratorias 20 días antes de que lo que hacían hace 50 años, lo que
probaría que los pájaros encuentran ahora antes un tiempo benigno en las
latitudes más próximas al polo norte. Igualmente, las marmotas de Colorado
(EE.UU.) anticipan el fin de su hibernación: lo acaban 23 días antes que
hace 23 años, entre otros ejemplos de mamíferos citados. Y las mariposas se
dejan ver cada vez más en latitudes altas antes de hora.
El estudio recopila numerosos ejemplos que relacionan el aumento de la
temperatura apreciada y el adelantamiento de la floración en los bosques, lo
que puede acortar los periodos en los que los árboles dan sus frutos. Estos
fenómenos pueden dar «problemas de viabilidad en algunos bosques y
condicionar la alimentación de los animales fugívoros (comedores de
frutos)», según explica Javier Corchera. El estudio sostiene que las huellas
que está dejando el cambio climático son incluso superiores a las respuestas
que se esperaban hace tan sólo una década a partir de la constatación de que
temperatura ha aumentado de media en la superficie de la tierra en 0,7
grados en el último siglo.
El informe plantea que hay motivos más que sobrados para pensar en que hay
nuevos elementos de preocupación. El informe del Panel Intergubernamental
del Cambio Climático (IPCC) de la ONU alerta de que los impactos en los
ecosistemas del calentamiento global sería acusados a partir de un aumento
de dos grados centígrados con relación a la época preindustrial.
«Dado que hay un amplio reconocimiento de que los cambios humanos inducidos
cambian el clima y que esto es un problema ambiental y de desarrollo, se
necesita tomar medidas para reducir las emisiones de gases para reducir
también la vulnerabilidad de los diferentes sectores y ecosistemas al cambio
climático», resume el trabajo para apoyar en Buenos Aires más compromisos
para prevenir el cambio climático.
El informe completo puede consultarse en:
www.panda.org/downloads/climate_change/extremeweatherreportdoesnature
keepup.pdf