La razón por la que me declaro agnóstico y no ateo es que Dios es un axioma. Por lo tanto, su inexistencia es tan indemostrable empíricamente como su inexistencia. Quiero decir: hay una evidencia obtenida científicamente de que el mundo no se creó en seis días, igual que confirma que no estamos en un disco plano sostenido por cuatro elefantes a lomos de una tortuga colosal. Los ultracreacionistas suelen ser peña que consideran que si cambia una sola coma de la Biblia todo lo demás se va al garete, pero el resto de los cristianos ―al menos los católicos, legendarios por su laissez faire epistemológico― pueden asumir que el relato del Génesis es una ‘alegoría’. Y en el terreno de las alegorías no puedes jugar con el positivismo científico.

Tienes que entrar en la filosofía, pura y dura. Lo que ocurre es que en un momento en el que la ciencia pura se pergeña teorías tan peregrinas como la de los memes para explicar la evolución del pensamiento ―una maldición de la que, milagrosamente, escapa la ciencia natural―, la cosa se convierte en un inmenso diálogo de besugos que a mí, que debo ser un poco tonto, no me aporta nada. Así que por eso me declaro agnóstico: por coherencia y por aburrimiento de esta filosofía geek con la que se me bombardea redescubriéndome la rueda como si el pensamiento antes de Dawkins hubiera vivido en una etapa de aterrador oscurantismo. Repito: la ciencia natural demuestra la no necesidad de Dios para explicar el mundo pero no su imposibilidad. De igual modo, desmonta la interpretación literal del mito ―a María no la embarazó un ángel, fueron los midclorianos― pero no la alegórica.

Hay otras ciencias que sí lo abarca, claro, pero ni siquiera son consideradas como tales por determinados vates de lo netamente empírico. Si alguien quiere un ejemplo claro, que se lea Teranesia, de Greg Egan. El único libro, de un autor que por otro lado me encanta. que no he acabado de puro cabreo por el tratamiento de los personajes secundarios. No sé, a veces me planteo que una ciencia que plantea la cuestión de los ‘valores’ no debe estar bien vista por algo más que por no atenerse al método hipotético-deductivo-con-matraces… En fin, que ésta es una de las cuestiones que me ralla. Evidentemente, teniendo en cuenta que mi próximo libro (que saldrá cuando salga) se titula El Principio Antrópico. Eso sí, yo sobre la religión lo tengo fácil: yo no soy cristiano. Probad a decirlo una mañana en el ascensor de la oficina o en la pausa para el bocata y convertiros en el alma de todas las fiestas…

EDITANDO: Queda demostrado que a la gente salta cuando uno no se define según estándares asumibles por ellos. Por ejemplo, molesta el concepto de agnóstico frente a ateo, cuando al menos para mí, está bastante claro que el agnosticismo es una postura más amplia e incluso puede ser más beligerante que el ateísmo. Al menos que ese ateísmo limitado y geek que criticaba en este post. Más que nada porque no todas las religiones son teístas pero todas surgen de una supuesta revelación trascendental a la que tienen acceso unos elegidos. Una gnosis. Así nos va. Que hay que decirlo todo y encima te suben a Menéame.

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