La infancia excluida

Guillermo Algar (Periodista de la ONG Ayuda en Acción)

El informe de la Agencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) sobre el Estado de Mundial de la Infancia 2005 es implacable desde su mismo título. «La infancia amenazada» pone de relieve los factores que inciden de forma más generalizada y devastadora sobre los niños y niñas de todo el mundo: la pobreza, los conflictos armados y la epidemia del VIH/Sida.

Las cifras no dejan de resultar terroríficas por más que se repitan año tras año en una macabra sucesión de estadísticas, indicadores y frío números que, no hay que olvidar, representan la situación de millones de niños y niñas. Los pobres entre los pobres, los más vulnerables entre los desfavorecidos como destacan los portavoces de UNICEF.

Así, el informe señala que más de 1.000 millones de niños y niñas no disfrutan del desarrollo y la protección que prometió en 1989 la Convención sobre los Derechos del Niño. O dicho de otra forma, alrededor de la mitad la infancia del planeta carece de uno o más de los bienes y servicios básicos. Esto se traduce en millones de niños y niñas que padecen privaciones en materia de nutrición, agua, saneamiento, acceso a los servicios básicos de atención a la salud, vivienda y educación.

El cóctel pobreza, guerras, sida es el gran culpable de las carencias y los problemas que afectan a gran parte de la infancia mundial. Respecto al primer factor, los investigadores sostienen que los niños y niñas experimentan la pobreza de una manera muy diferente a la de los adultos dada su posición y su limitado campo de actuación. Es el caso de los más de 500 millones de niños que no tienen acceso a un saneamiento adecuado, los 400 millones que consumen agua no potable o los 140 millones que nunca han acudido a la escuela.

Pero lejos de lo que se pueda pensar, la agencia de Naciones Unidas para la infancia desmiente que la pobreza y su impacto en este colectivo sea exclusiva de los países en desarrollo. Así, en 11 de los 15 países industrializados de los cuales había datos disponibles, la proporción de niños y niñas que vivían en hogares de bajos ingresos durante los últimos diez años ha aumentado.

El segundo gran enemigo de los niños y niños son los conflictos armados, conflictos en su mayoría internos que han ocasionado que cerca de la mitad de los 3,6 millones de personas que han muerto en guerras desde 1990 sean menores de 18 años. En los últimos años, la amenaza que suponen los conflictos para los civiles se ha acrecentado de manera considerable. El Instituto de Naciones Unidas de Investigación sobre el Desarme estima que el 90 por ciento de las muertes relacionadas con los conflictos en los últimos 15 años han sido de civiles, y ocho de cada diez víctimas han sido mujeres y niños.

Muchos de los recientes enfrentamientos han puesto en el punto de mira servicios básicos para la infancia como la educación. El último ejemplo acaeció en la ciudad osetia de Beslán durante la crisis de los rehenes, pero situaciones de ese tipo son frecuentes. Así, en Aceh, Indonesia, los incendios intencionados causaron, sólo en mayo de 2003, la destrucción de 460 escuelas como resultado del conflicto entre las fuerzas gubernamentales y los grupos rebeldes. En Nepal, los rebeldes maoístas utilizan de forma habitual las escuelas como centros de reclutamiento y los ataques y secuestros tanto de maestros como de estudiantes son frecuentes.

Niños que crecen solos

Los 15 millones de niños y niñas huérfanos a causa del sida en todo el mundo son un ejemplo dramático de las repercusiones de la epidemia sobre la infancia. La muerte de un padre o una madre afecta a todos los aspectos de la vida del niño, pero éste sufre los efectos devastadores del VIH/Sida mucho antes de quedar huérfano. Debido a la falta de recursos y a la presión financiera ocasionada por la enfermedad a sus progenitores, muchos niños y niñas cuyas familias están afectadas por el sida tiene que abandonar la escuela para trabajar y llevar dinero al hogar.

Además, el VIH/Sida no sólo mata a los padres y madres, también destruye la protección y la formación que ofrecen maestros y trabajadores sanitarios. En definitiva, la pandemia ha superado la categoría de amenaza para convertirse en un factor real

Los responsables, los culpables

La directora ejecutiva de UNICEF, Carol Bellamy, señaló durante la presentación mundial del estudio en la London School of Economics, hacia dónde había que mirar para encontrar a los culpables de la situación actual de la infancia. «Hay demasiados gobiernos que toman decisiones deliberadas y con conocimientos de causa que en realidad perjudican a la infancia. La pobreza -explicó Bellamy- no surge de ninguna parte; la guerra no estalla por ninguna razón; el sida no se propaga por sí solo. Todo esto son decisiones nuestras. Cuando la mitad de los niños y niñas del mundo crecen hambrientos y con mala salud, cuando las escuelas se han convertido en blancos de guerra y poblados enteros se quedan vacíos debido al sida no hemos conseguido cumplir las promesas que habíamos hecho a la infancia».

Muchas de esas promesas se encuentran reflejadas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), unas metas que se encuentran retrasadas y que, de seguir la tendencia actual, no obtendrán los resultados programados para 2015. El informe de UNICEF también alerta sobre las graves consecuencias en la infancia si no se logran los ODM. «Si no se alcanzan -aseguran los autores del informe- las consecuencias para la infancia serán trágicas, especialmente en los países en desarrollo. La infancia de millones seres humanos se verá confiscada a causa de la mala salud o la muerte derivada de enfermedades que se pueden evitar». Al mismo tiempo, el futuro de muchos otros millones correrá peligro debido al fracaso de los gobiernos para proporcionarles una educación, mientras que el número de niños y niñas huérfanos o vulnerables a causa del VIH/Sida seguirá aumentando, concluye el informe.

La Convención del Niño, ratificada por todos los países del mundo excepto Estados Unidos y Somalia, consagró una visión de los derechos de la infancia contrasta con la vida real de la mayoría de los niños y niñas. En ningún caso esta Convención y los Objetivos del Milenio pueden quedarse en papel mojado para un colectivo, los niños, que no tienen una segunda oportunidad.