Ramonet señala que, muy probablemente, Al Qaeda, reconstituida en sus tres cuartas partes, cometerá un nuevo atentado en los próximos meses en Occidente como el del 11-S, probablemente con otros métodos, y que «no se puede estar lúcido sin saberlo». El director de Le Monde Diplomatique, padre de la acuñación del «pensamiento único» en 1997, aboga por la creación urgente de un Consejo de Seguridad Económica en el seno de Naciones Unidas, al igual que el consejo para la guerra y la paz, la supresión de la deuda externa y de los ‘paraísos» fiscales y la aplicación urgente de la tasa Tobin. Considera que se está evaluando el «gigantesco error» de la invasión y ocupación de Iraq, convertido en laboratorio de la globalización en donde todo ha sido privatizado, y en donde la mayoría no tendrá acceso a la educación, la sanidad, las comunicaciones ni al agua. Ramonet ha estado en Madrid en donde ha hablado de «Guerra y paz en la globalización».

El atentado del 11-S es el más criminal de la Historia -afirma-, pero es, fundamentalmente, un atentado simbólico: Al Qaeda ha revertido la humillación a los tres símbolos del imperio norteamericano: el poder económico (World Trade Center), el militar (el Pentágono) y el político, si el último avión se hubiera estrellado en el Capitolio. La fuerza de este atentado está en que no es simétrico: Estados Unidos no pueden devolver el golpe, y esta es la verdadera victoria de Al Qaeda, que no es un Estado al que se pueda bombardear ni se le pueda golpear en sus símbolos.

-¿Al Qaeda no tiene símbolos a los que poder golpear?

-Sí, su símbolo es el Islam, que esta residenciado en La Meca, pero, obviamente, los Estados Unidos no van a destruirla en un mundo donde hay 1.500 millones de musulmanes. Por consiguiente, los atentados del 11-S no tienen respuesta posible. De ahí que la respuesta militar, relativamente clásica, de Estados Unidos es insuficiente, cuando Al Qaeda es un fenómeno que puede desaparecer o puede reorganizarse como estamos viendo, al igual que estamos viendo la dificultad de combatirlo. El régimen de los talibanes fue derrocado y la guerra de Afganistán fue ganada, pero un año después el país está de nuevo en manos de los talibanes.

-¿Las fuerzas internacionales no controlan Afganistan?

-Acaso algunos barrios de Kabul. Los «señores de la guerra» dominan un país que es de nuevo el primer productor de opio del Mundo y quizá a los talibanes no les interese tomar su poder directo. Por tanto, la guerra de Afganistán no ha servido para nada. Ni Osama Bin Laden ni Mullah Omar han sido detenidos, ni ha sido suprimida la ayuda de Pakistán, al contrario, sigue retroalimentándose.

-La medicina de la guerra y la ocupación militar de países islámicos no es para usted la respuestas adecuada, ¿no es así?

-Estamos midiendo el error gigantesco que ha supuesto invadir Iraq para acabar con la odiosa y tiránica dictadura de Sadam Hussein, que no es, desgraciadamente, la única de la región, pues Arabaia Saudí, Jordania, Egipto y un largo etcétera, también lo son. Para llevar a cabo esta invasión se utilizó un pretexto, que es una mentira de Estado: la relación entre Iraq y Al Qaeda era evidente que no existía. Es una guerra que no sirve para combatir el terrorismo internacional; la prueba es que la ocupación de Iraq, por el contrario y desgraciadamente, lo ha estimulado, en Estambul, en Riad, en Casablanca, en Yakarta…, sigue golpeando y es muy posible que en los próximos meses Al Qaeda haga un nuevo atentado de gran envergadura en un país occidental: los informes de los servicios de inteligencia así lo anuncian. Iraq era antes una horrible dictadura, pero un elemento de estabilidad en la región, y ahora es un foco perturbador donde acuden brigadistas del mundo entero para cebarse en las tropas de ocupación. Esta guerra va a fijar durante años, quizá decenios, a los Estados Unidos en la zona, y quizá no la ganen, como le sucedió a Rusia en Afganistán, haciéndole a Occidente padecer una derrota semanal, a cuenta gotas, con más de diez militares muertos de media por semana desde que se inició la ocupación, y sin capacidad de reaccionar y de responder.

Laboratorio de globalización

-¿Cuál es en realidad el proyecto de las fuerzas internacionales en Iraq?

-Es un proyecto de privatización integral del país. Es un laboratorio de la globalización. Lo que ha fracasado en Bolivia, en Argentina, en Perú, en Ecuador… quiere ser aplicado en Iraq. Aquí todo es privatizado. El nuevo ejército y la policía iraquí están siendo entrenados por empresas privadas. Las escuelas, privatizadas; la salud, privatizada; las carreteras, privatizadas; la telefonía y las comunicaciones, privatizadas… Más de la mitad de la población iraquí es joven y no tendrá ni educación, ni salud, ni posibilidades de tener electricidad, teléfono, agua… Se trata de inocular la globalización en un país que no es, por ejemplo, Gibraltar, que está privatizado pero con una sociedad de clase media2. Lo que la guerra y la ocupación pretenden es transformar a Iraq en el laboratorio de la globalización y en el foco de atracción de todos los brigadistas islamistas, que acuden para mostrar lo que se puede hacer con un ejército ocupante. Al mismo tiempo es un foco de desestabilización que tiene gravemente preocupados a todos los países de la zona, a Irán, al Cáucaso o a Georgia, ejemplo cercano del deseo de que los norteamericanos acudan a proteger el proyecto de globalización del país para beneficiarse del oleoducto hacia Turquía. Toda la región está ahora desestabilizada por la intervención en Iraq. Ahora hay amenazas sobre Arabia Saudí. Iraq se ha transformado en lo que los estrategas llaman el «foco perturbador», es decir, el país en torno al cual giran las principales perturbaciones. Si en el siglo veinte lo fue Alemania, desde donde se iniciaron las dos guerras mundiales y en donde se concentró el mayor arsenal del Mundo, ahora y en los próximos decenios será Iraq, en donde se concentre el control autárquico de la energía por parte de Estados Unidos.

-¿Puede considerarse la creación de este «escenario» como fruto de una premeditación?

-El enfrentamiento o «guerra de civilizaciones» lo desea Al Qaeda, que hace la misma lectura que los ideólogos fanáticos que rodean a Bush. Realmente, estamos frente a una guerra global, en donde la ocupación de Irak es sólo un aspecto de esa globalización. La globalización ha desencadenado en el Mundo una guerra global que está dando lugar a una segunda revolución capitalista que afecta tanto a los países ricos como a los pobres, con un frente ideológico y mediático, un frente policíaco y de inteligencia de guerra contra el terrorismo internacional, que se traduce en una reducción del espacio democrático, de la libertad e, incluso, de la privacidad, con la idea de que tiene que haber una vigilancia total y autorizada. El FBI está haciendo fichas de todos los pacifistas norteamericanos que participan en movimientos contra la guerra de Iraq y contra los grupos que están globalizando el Mundo. Con Guantánamo, que es hoy el modelo jurídico, es todo posible, ya que la guerra contra el terrorismo así lo autoriza. Hay un frente contra la «alterglobalización»5, una guerra social internacional, en la que están millones de personas que caen en la pobreza, originándose formas primitivas de sublevación, de violencia social. Se constata que la delincuencia, la criminalidad, los secuestros de personas, se ha convertido en muchos países latinoamericanos en una forma de defenderse y resistir a la pobreza. Hoy en muchas regiones hay más violencia social que política. En esta guerra global también se produce una guerra ecológica. La globalización es el egoísmo de la explotación, no sólo porque se produce una explotación elemental, como es utilizar a los niños y a las mujeres para producir artículos de consumo más baratos para ser vendidos en países de mayor renta, sino porque se explotan las materias primas allí donde se saquean más fácilmente. La guerra ecológica es en realidad un gran saqueo del planeta con consecuencias irreversibles como el «efecto invernadero». Vivimos en un mundo en donde el piloto principal, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, para nuestra desgracia, no sabe cómo leer un mapa y no sabe cómo aterrizar su avión. Iraq es un asunto gravísimo.

-¿Está usted definiendo lo que puede ser o ya es una guerra total?

-Evidentemente, esta guerra global no es sólo una guerra militar, sino un conjunto de nuevas guerras en donde intervienen grupos nuevos que llevan a cabo sus propias guerras. Es el caso de las mafias del narcotráfico, del tráfico de armas, y su proliferación biológica, química y nuclear; de las mafias de la prostitucción, del tráfico de emigrantes, de una nueva esclavitud, que en términos globales mueven colosales fortunas. Mafias especializadas en el lavado de dinero, en «paraísos fiscales», en robo de «cerebros» del sur al norte… Esto es una guerra global.

Moratoria sobre el agua

-En definitiva…

-Hoy la perspectiva es salir de la globalización. Muchos la llevamos criticando desde hace años y otros, que antes estaban en las instituciones que más radicalmente la aplicaban, se están uniendo, y son bien recibidos, al movimiento «alterglobalización», como es el caso de Joseph Stiglitz, exvicepresidente del Banco Mundial y uno de los más fanáticos aplicadores, al que la Academia sueca le dió en 2001 el Nóbel de economía por la crítica a las desastrosas consecuencias de las doctrinas del FMI y del Banco Mundial, es ahora un crítico radical de la globalización6. George Soros, el especulador número uno, que ha amenazado con gastar parte de su fortuna, más de 70 millones de dólares, para derrocar a Bush en las elecciones de 2004, y sus libros son radicalmente antiglobalizadores. The International Tribune dice ya que esto es un desastre, que hemos jugado a «aprendices de brujo», y que hemos conducido a centenares de millones de personas a la miseria total de donde no se puede salir. Hay que parar la globalización. Hay perspectivas muy optimistas en la medida en que esta globalización no puede ir más allá. Sólo algunos fanáticos pueden aún creer que se puede seguir aplicándo la globalización, como es el caso del presidente español, José María Aznar, que ha aparecido en la cumbre iberoamericana de Santa Cruz, aún defendiendo ideas arcaicas de una minoría que todo el mundo sabe que no funcionan. El señor Aznar debería leer los periódicos. Frente a este fanatismo los mejores espíritus han abierto los ojos y se han dado cuenta que no se puede ir más allá. Los electores mismos han elegido a una persona como Lula porque piensan, no que exista otro modelo, sino que hay una posibilidad de reducir la violencia. En Porto Alegre se ha elaborado un consenso: hay que suprimir la deuda externa, hay que aplicar ahora más que nunca la tasa Tobin en la que ahora está todo el mundo de acuerdo, Chirac lo reconoció en vísperas del Foro Social Europeo, hay que suprimir los «paraísos fiscales», igual como hay un consejo para la guerra y la paz, hay que crear un Consejo de Seguridad Económica en el seno de Naciones Unidas con una urgencia absoluta, hay que hacer una moratoria sobre el agua para el consumo humano. Hay una serie de medidas prácticas que se pueden tomar mañana, no se puede perder tiempo, se necesita voluntad política para salir de esta trampa que la globalización ha creado. Ante la guerra global lo que se necesita es que los ciudadanos recuerden a los dirigentes políticos que esta voluntad política es indispensable para que por fin funcione la democracia.

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