
Peligros del periodismo espectáculo
Ha vivido en la indigencia, ha sufrido anorexia, ha estado 21 días consumiendo cannabis sin parar y su paso por el mundo del chabolismo casi le vale la cárcel. La intrépida Samanta Villar vuelve a sorprender adentrándose en el mundo del porno, pero ¿veremos a Samanta Villar en pelotas –como reza el estribillo de la promoción de «Vaya Tropa»? «Si va a ser que sí o que no, será algo que se desvelará el 29 de enero», comentó la periodista catalana. Lo que sí desveló Villar es que «con mi incursión en el mundo del porno, vamos a ver a actores consagradísimos y productores como Max Cortés, pornostar como Dunia Montenegro el “porno freak” de Torbe, estrellas incipientes… Convivo con todos ellos y todos ellos me van enseñando y me van acercando con picardía al mundo del porno».
Sin desvelar si ella mostrará algo o no, lo que sí comentó de su reportaje es que «hay mucha cotidianeidad y eso va a ser una sorpresa porque cualquiera puede estar teniendo contacto con gente del porno que no se atreven a decirlo porque está todo estigmatizado».
Aunque ya estaba entre sus posibilidades, este reportaje fue una de las peticiones de los seguidores del programa, muy activos en la web de Cuatro. Ella confiesa que las sugerencias les sirven para saber cúales son los favoritos. «Por ahora nos han pedido 21 días en la cárcel, este del porno, cuidando a los dos hijos de otros… Aunque los favoritos son el de taxista, en silla de ruedas y en la cárcel». Precisamente, éste último «fue una idea muy recurrente a partir del juicio –por el presunto robo de unor hierros–. De hecho, me parece un tema buenísimo». Y es que ahora que se ha sobreseído el caso, Samanta Villar confiesa que «me ha costado mucho valorarlo como un incidente grave porque además de todo lo que he vivido este año parecía muy poco probable que yo pudiera ingresar en prisión».
Dice que elaborar estos reportajes le han hecho pensar de otra manera. «Me vuelto más tolerante, menos crítica y mucho más escéptica». Eso sin contar que ahora se va fijando en todos los relieves del suelo desde que hizo «21 días a ciegas». Éste ha sido el último reportaje que ha emitido Cuatro, la periodista dice que ninguno le ha dejado secuelas pero que le costó 24 horas volver a ver correctamente tras quitarse los parches de los ojos: «Me mareé, veía lo negro muy negro y lo blanco muy blanco, el suelo abombado… Pero fue sólo eso, 24 horas».
Y, aunque le costó, confesó que con los ricos tuvo un problema y es que «nos hacían esperar todo el tiempo y les tenía que explicar que no estábamos a su servicio».
«Creí que no salía víva de la mina»
«El que rodamos en la mina de Bolivia fue el reportaje más peligroso. Pensé que no salíamos vivos de allí. Si un miembro del equipo o alguien se lesionaba, no había forma de sacarlo de allí». Aunque ha sido el que menos repercusión en cifras de audiencia tuvo «21 días en la mina» provocó una gran reacción ciudadana en el foro de Cuatro y Facebook, «donde se ha montado un grupo espontáneo para canalizar la ayuda a Marlene
–la mujer minera de Morococala (Bolivia) con la que convivió Samanta Villar–».