Con cargo a los beneficios que le reporta al estado colombiano el llamado impuesto sobre el patrimonio, se prevé una inversión en defensa para el Estado colombiano desde ahora a 2014 de más de 5.000 millones de dólares.

Este presupuesto se destinará principalmente a la “modernización” del material militar, al incremento de policías y efectivos y a conseguir un sistema de defensa de “disuasión mínima” frente a agresiones externas.
Al respecto queremos señalar tres elementos:

1) Es inaudito ver qué objetivos se prioriza atender con los impuestos y en detrimento de qué otro tipo de objetivos. Cuando se privilegia el militarismo sobre los gastos sociales se indica qué tipo de sociedad se prefiere construir y en el caso presente no es nada positiva esta orientación de los impuestos, máxime cuando implican un mínimo asegurado de inversión militar en detrimento de inversiones sociales no aseguradas.

2) El modelo militar de disuasión mínima que ahora predica Colombia es una doctrina armamentista, militarista y provocadora de un exponencial gasto militar que, como se ha demostrado durante la guerra fría (era la principal doctrina mutua de los bloques occidental y soviético) fomenta el gasto militar.

Es una doctrina militar que predica un ejército con una capacidad tal de armamento y de efectivos que haga que cualquier posible agresor se piense una agresión por temor a que la respuesta que obtenga sea tal que no le merezca la pena intentar su aventura. Implica no sólo la capacidad de autodefensa, sino también de agresión inmediata al “hipotético agresor” y de injerencia suficiente como para evitar que se atreva a emprender su provocación.

Tal sistema necesita permanentemente más inversión para conseguir la “disuasión” pues el “enemigo” también se rearma para conseguir idéntica capacidad de respuesta y disuasión.

Imaginemos a dónde nos llevará la constante modernización de los ejércitos de Colombia y de sus hipotéticos enemigos para responderse mutuamente. ¿A quién beneficiará? probablemente a las élites militaristas de estos estados y a los estados y empresas que les venden las armas (EE.UU., España, …). ¿Dónde queda la seguridad del pueblo?

3) Con esta doctrina Colombia señala que tiene enemigos, o que considera enemigos a otros estados. Esto, que parece inocente, no es sino un desvelamiento del papel que quiere jugar Colombia y de sus intenciones agresivas respecto de los otros estados. Si la lógica de Colombia la aplican los demás países, estamos arreglados.