
Es casi imposible empezar hablar del militarismo en América Latina, sin entender el por qué de su existencia y la implicación de lo que significa el poder en la sociedad. En la actualidad y podría decir, sin temor a equivocarme, que el orden de desigualdad social en que se encuentra nuestras regiones, se debe a una sinergia conformada por el militarismo, el sector industrial y los gobiernos destinada a privilegiar a unos y someter a la miseria a otros.
No es de extrañar que en nuestras sociedades las ideas de jerarquía y desigualdad (expuesta como un orden natural) vayan de la mano y trate de imbuirse en cualquier gesto de humanismo y razón. Hasta la acción psicológica que ejerce la fábrica en cada empleado, o los planes económicos dictados por Washington y los distintos gobiernos policías lo demuestran.
Del fordismo al toyotismo; desde la forma con que se imparte el conocimiento y se plantea ?en algunos países- la educación militar como rama de la educación; la constante de Estado-Empresario-Militar contra los indígenas y de cual quier grupo social que intente reivindicarse libre y autónomo, demuestran de qué lado está ellos y de que lado estamos nosotros. Creo que no es muy difícil entonces demostrar que no hay Gobiernos, Empresarios o Militares victimas, sino verdugos cómplices. No importa detrás de que color de partido político se quieran esconder.
Ningún Estado en días pasados, ni en nuestros días, puede sobrevivir sin una jerarquía muy acentuada en la sociedad. Y ni lo países donde han podido eliminar ?oficialmente? los ejércitos escapan a esta norma, pues lo militar no se limita a solo el uniforme. Esto nos dice que nuestra lucha no solo debe aspirar a acabar con ejércitos nada más, como si estos fueran la raíz del problema, nuestras esperanzas deben ir mucho mas allá; acabar con los verdaderos males como la concentración del poder y la verticalidad en la sociedad, es decir, con el Estado-Nación y las corporaciones capitalistas.
Podríamos decir ?muy apegado al discurso posmodernista- que: esto es cosa del pasado, que las revoluciones, y las transformaciones sociales son anacrónicas a ?las democracias? de hoy día. Pero pregunto si ¿no es una quimera intentas destruir el orden militar sin contrarrestar sus verdaderas causas? No podemos confundir el problema con la virtud. El mundo es una carrera contrarreloj, donde el orden de cosas implica ver el origen y el problema, y nuestras soluciones tienen que ser acorde a ello. También podría concordar con cualquiera, que esto no sucede de la noche a la mañana y que son necesario días intensos de labor de información, de compartir y de construir soluciones entre todos. Es decir Socializar el conocimiento. Parafraseando a León Felipe diría que para sepultar al muerto, se necesita de todos, menos de del sepulturero.
Entendamos primero que la estructura que mantiene la industria y el estado no es muy distinta a la jerarquía militar, y que obedecen al mismo interés. Los privilegiados del mundo, entonces, siguen creando medios con que mantener a distancia a los pobres. Con la diferencia que el Estado no es un medio, sino un fin en si mismo. Los Métodos de dominación, en que las armas apuntan a nuestras cabezas nos enseñan que «paz» no se escribe con sangre, pero que tampoco con silencio o inactividad que ofrece la actitud parlamentaria. La esperanza aun se mantiene viva en mucha gente, ese deseo de cambiar las cosas lo pude ver en niños de 14 años en Guatemala en Pacux, en Los Mapuches en Chile, o los indígenas en México por nombrar solo algunos. ¿Por qué entonces en la ciudad nos creemos herederos del conocimiento y seguimos afirmando que nada de esto se podrá cambiar? Es el deseo de aprender a construir palabras con contenido real lo que los sigue motivando. Realidades que puedan ser pronunciadas sin miedo, y que lleven como norte el bienestar para todos. Es decir la igualdad y la libertad como principio humano.
Hoy nos enfrentamos a un orden de cosas en que el doble discurso de «Mercado» y «democracia» moldean la política y la vida de las regiones que habitamos, y los ejércitos justifican su violencia y su in-funcionalidad social amparándose en dichas palabras. Estamos en un orden que existe una relación simbiótica entre los gobiernos de cada uno de los países de este continente y la Casa Blanca. México no es muy distinto a esto del resto del continente. Incluso, su territorio de 1,970,000 Km2 se va transformando en una inmensa frontera de USA. Allá, el TLC, El plan puebla Panamá (PPP), las maquiladoras, los grupos paramilitares y el militarismo no se pueden separar. Dinero y poder, gobiernos y empresarios, son sinónimos de ruina para la vida.
Luego de la consolidación de la globalización capitalista, en los años 90′ el continente sufrió un incremento notable en el gasto militar. Incluso en muchos países que no permanecían en guerras internas. El Aumentó en 10.000 millones de dólares en el gasto militar, en el último periodo del siglo pasado, sobre una cifra que ya de por si era alarmante, ya perfila la necesidad de adiestrar mejor a un ejército que buscaba limitar a una población en función de los grandes capitales que van sometiendo a la región. Por cada dólar en gasto militar (para el año 99) se gasta 1,1 dólar en salud y 0,9 dólar en educación, según datos de la CEPAL. Y en el caso de México, a partir de 1994, específicamente por el levantamiento Zapatista y la puesta en ejecución del TLC, el incremento se ha ido elevando constantemente. Chiapas es hoy uno de los Estados que cuenta con el mayor número de bases militares del país.
Pero el gasto militar en una región que cuanta con más de un 65% de pobreza, según estimaciones de algunos analistas, y que de seguro debe de ser mucho mayor. Es la realidad de sitios donde no existen escuelas u hospitales, pero si militares. Se podría interpretar como una simple necedad de los estados, o por otro lado, podemos entender que esto es una forma de mantener un control en la población y que dice claramente «que nos les interesa solucionar los problemas sociales, sino aumentarlos para que tengan mayores ganancias las transnacionales y los gobiernos». Esta historia del Robin Hook, es muy habitual en América latina. Por un lado se somete a un pueblo a grandes penurias: Militarización, falta de educación, desempleo, mal funcionamiento en el sistema de salud, etc… Muchas veces por falta de recursos que ha sido destinado al gasto militar o a la burocracia gubernamental. Luego la población desprotegida, desorganizada, solo le ha quedado una vía visible. La del salvador según los gobiernos, es decir entregarse sin quejas a las maquiladoras o ceder sus tierras a los grandes consorcios, sus Robin Hook. Pero esto al igual que la historia, nuestro Hook lucha por la causa de un rey, no por el pueblo.
La policía igualmente ha sufrido cada vez más una militarización. La excusa siempre es la misma «la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla». En el norte, el adiestramiento de efectivos policiales por parte del ejército Norteamericano demuestra la relación de poder que hay entre Vicente Fox y la política de USA. En las anteriores cumbres en la ciudad de monterrey, como la del «Foro para el financiamiento para el desarrollo» en el 2002 los fondos locales para el adiestramiento y compra de armamento fue de más de diez millones de dolares . Y en este momento las calles de Monterrey pueden verse inundado de jóvenes reclutas con fusiles de alto calibre a sus espalda «cuidando de nuestra seguridad» según su discurso, según el nuestro, demostrando el miedo que tiene los grupos de poder de que este orden de cosas puedan cambiar. Y por tanto se preparan.
Las cosas no fueron distintas en Can Cun, donde hace poco hubo otra cumbre, o menos para Guadalajara. Seguimos pagando nuestros propios verdugos. Es in sustentable mantener un ejército, pero también no es garantía decir solo esto. El militarismo va más allá del gasto o la represión, es una práctica cotidiana en que se reproducen los errores de este sistema. Desde el machismo, hasta las relaciones jerárquicas que tanto han agotado las relaciones humanas.
Igualmente a partir de 1996, el gobierno dio una nueva escalada militar en la región de Oaxaca. La excusa usada para ello era el surgimiento de grupos guerrilleros. La violación contra los derechos humanos no se hizo esperar. De nuevo era el ejército el protagonista de estos actos. La región de Loxicha de la sierra sur oaxaqueña sigue siendo hostigada hasta la fecha.
El militarismo, y sus recursos no solo es un problema local, también tenemos que ver la formar como Latinoamérica ha participado indirectamente en la escalada de terror que el gobierno de USA ha intensificado, en el caso concreto de Afganistán o Irak. México con sus recursos naturales es un pequeño supermercado para la guerra. Es uno de los principales abastecedores de petróleo para ese país. Como también uno de sus más fervientes instigadores en centro América de la política norteamericana. Y lo que está pasando en todo el territorio de México no deja de afectar al resto del continente. Esta escalada de violencia militar que viene desde el norte hasta el sur de el país es parte de el ALCA, con sus proyectos más significativos en la región: La Escalera Náutica, en parte noroeste, hasta la parte centro ?sur con el Plan Puebla Panamá (PPP), y los diversos corredores de maquiladoras que ya enlazan las regiones norte con el centro.
Los hechos, que no debieran extrañarnos, es ver como esa oleada de violencia en México, es decir: ?La pacificación? a la forma Estatal, sirven a la inserción del capital extranjero como la Empresa Endesa España y el financiamiento del Banco interamericano para el desarrollo (BID). Mismos capitales que se encuentran tras proyectos como la Represa Ralco en Chile, y la construcción de represas en centro América. Pero más allá de las fronteras mexicanas el terror no es muy distinto, en Guatemala por ejemplo ingresará al TLC para el 2005, lo que significará el desplome de esa débil economía, y de lo cual la política de Vicente Fox ha sido la alentadora de este proceso. ¿Me pregunto quien sigue? O mejor dicho ¿Tenemos que esperar que vengan por nosotros para que tengamos que actuar?
Ser antimilitarista, en nuestros días, significa oponerse a toda práctica jerárquica. A la violencia desde cualquier punto del planeta. Es decir empezar la construcción de una nueva sociedad.