
ROBERT QUEREDA I AMORÓS
Conforme se van actualizando las fotografías satelitales, podemos observar cómo nuestra imagen desde el espacio deriva, desde cierta gama cromática, en riguroso gris. Esto es perfectamente comprobable a través de ese gran invento que permite viajar por todo el planeta sin pagar pasaje: el Google Earth. La transición al gris es tan drástica que parece irreversible, pero lo será sólo si lo continuamos permitiendo.
El gris no es exclusivo de la visión aérea de nuestras ciudades y campos, domina en la perspectiva que elijamos. Se nos vende como lo moderno, lo que se lleva, lo funcional, lo bonito, lo posible… Los incentivos a la desertización, al crecimiento del gris, forman parte de nuestra vida por acción y por omisión de la «clase política» que administra.
El pasado sábado día 3, se inauguró en Elx un nuevo espacio gris: la plaza del Primero de Mayo. La imposición del gris en esta plaza ha supuesto un gasto de 2,5 millones de euros. Un poco de plástico de colores y muchísimo hormigón predominan ahora sobre árboles y plantas, molestos elementos éstos que tanto parecen molestar al poder establecido.
A los escépticos nos parece como si la plaza, carente de sombraje natural, se diera al exhibicionismo con su desnudez, pero ése es el concepto estético que rodea al binomio PSOE-PP, o viceversa. Pues no es este patrimonio de unos u otros. Para ejemplos: la glorieta de la vecina Santa Pola, en poder de los «otros», o Alacant, la ciudad que avanza hacia el horror estético desenfrenadamente.
Para dotar de verde a la ciudad ya están los huertos de palmeras, susceptibles de convertirse en parques. Eso, que a algunos nos parece un aporte fundamental, pero no suficiente, lo argumentan los más pragmáticos con respecto al tema que nos ocupa. Claro que en Carrús no hay tales huertos y es complicado dotar de espacios verdes un barrio erigido en el pasado por mentes poco planificadoras, nada democráticas y de dudoso criterio estético.
Nadie puede poner en duda que Carrús, como todos los barrios y pedanías de Elx, necesita incorporar dotaciones. Pero nos preguntamos si esas infraestructuras de que se ha de dotar han de conseguirse a base de verter hormigón sobre los escasísimos espacios verdes con que cuenta. Porque solares en los que hacer obra pública seguro que hay, o se pueden conseguir por parte del Ayuntamiento.
A muchos ciudadanos nos parece absurdo lo realizado y nos parece también que la acción debiera ir en el sentido contrario: la consolidación, mantenimiento y mejora de espacios verdes como esta plaza, anterior a esa actuación irracional. Porque el gris resulta depresivo cuando predomina.
Es curioso que el panfleto recolecta-votos se ocupe ahora en la defensa del gris como color oportuno y que, tristemente, lo haga tan bien 2,5 millones de euros del Plan E, plan que por cierto ha servido sobre todo para mantener beneficios empresariales y, en insignificante medida, para reducir las cifras del desempleo, que se podrían haber utilizado en construir dotaciones necesarias para Carrús sin destruir la plaza, más al contrario, generando nuevo espacio público.
En EU creemos que es necesario cambiar de filosofía desde el gobierno local. Porque el tardo-modernismo hormigonero hace tiempo dejó de estar de moda en Europa. Su aplicación es la propia del provincianismo exento de imaginación que sufre la llamada «clase política local».
Hay que parar la desertización desde el interior de la ciudad, que ha de ser más verde y más habitable; más austera en el gasto público. Incorporar masa vegetal. Árboles, pero no en maceteros, que para ello tenemos buen suelo, más ornamento tradicional, más peatonalización, más y mejor transporte público y alternativo, más limpieza y, al tiempo, más vida en la calle de los ciudadanos.
Desde EU creemos que son esas premisas las que pueden aportar dos cosas muy importantes: más calidad de vida y más turismo, elementos casi siempre complementarios. Porque sería justo que el turismo del futuro también subiera a Carrús. Y pensamos que el hormigón y las «norias» van muy en la dirección equivocada, siendo por completo inviables en lo económico y en lo estético. No queremos una ciudad gris. Con el gris no hay futuro.
Se reconoce que es ésta una cuestión de gustos. Absolutamente todo lo es. Pero dicen que hay gustos que merecen palos, palos de la ciudadanía cuando afectan al entorno colectivo en el que hemos de convivir y al erario público al que hemos de contribuir.
Infomación