El Ministerio de Defensa pondrá en marcha un plan para evitar la fuga de soldados profesionales de los tres ejércitos y, en especial, de marineros en la Armada. El ministro José Bono reconoció ayer en Cartagena, a preguntas de La Verdad, que su departamento está ultimando medidas para impedir que casi una cuarta parte de los militares profesionales que ingresan en las Fuerzas Armadas se dé de baja antes de acabar su contrato.

El titular de Defensa, que presidió en el Arsenal la entrega del cazaminas Tajo a la Armada por parte del astillero Izar, explicó que el plan estará basado en la mejora de las condiciones de trabajo de los soldados aunque no dio más detalles. Sí subrayó que con la reducción de la actividad de una parte de la flota ya han conseguido frenar la fuga de efectivos que en el caso de la Armada, durante el primer semestre del 2004, suponía casi cien marineros mensuales y más de mil anuales.

Barco sin marineros

El caso más evidente de la crisis de vocaciones militares es el que se vive en el propio cazaminas entregado ayer. En la primera dotación del Tajo no hay todavía ni un solo marinero, cuando debería tener ocho, y embarcan sólo ocho de los dieciséis cabos que precisa para realizar las misiones encomendadas, revelaron a La Verdad fuentes del Arsenal. Esta situación no le impedirá hacerse a la mar porque el personal necesario para navegar se incorporará en comisión de servicios procedente de otros buques de la Flotilla de Medidas Contra Minas.

«Para un marinero subir a un buque y estar fuera de su casa seis meses supone un esfuerzo considerable, por lo que es necesario buscar dotaciones de refresco en puertos que no sean el de destino, para que estén menos tiempo en la mar, además de que cobre más y que se amplíe el tiempo de pertenencia de la Armada», dijo.

Bono presidió su primer acto oficial en Cartagena como ministro de Defensa acompañado por la los más altos mandos de la Armada, el delegado del Gobierno, Ángel González, la alcaldesa, Pilar Barreiro, y el consejero Fernando de la Cierva. Tras pasar revista a una compañía de honores, el ministro entregó al comandante del Tajo, Manuel Aguirre, la bandera que quedó izada en el mástil de popa. Posteriormente embarcó en el último cazaminas de una serie de seis construido por Izar para la Armada.