Si decimos que Lost Girls es un cómic pornográfico parecería que lo estamos denostando, que le otorgamos una calificación peyorativa, y de hecho los que descalifican esta obra acuden a este adjetivo para decir que Alan Moore y Melinda Gebbie han realizado un cómic más bien menor, y que no tiene mayor interés que el de ver a sus personajes follando todo el rato. Es curioso que, sin embargo, no se descalifiquen otros cómics en los que sus protagonistas estén en la mayoría de las páginas dándose de hostias. Creía que teníamos asumido el lema hippie de “Haz el amor y no la guerra”, que en definitiva es lo que Alan Moore nos ha querido transmitir en los tres tomos que componen la serie Lost Girls. Y es que la hipocresía de nuestra sociedad conduce a reprimir el sexo sin límites a través de los tabúes, mientras que muestra impúdicamente la violencia y la guerra, ya que parecen ser consustanciales con la condición humana, mientras que el sexo debe de ser propio de otro tipo de seres inferiores. Alan Moore se nos muestra en este cómic como el pornógrafo supremo que es capaz de saltarse a la torera todo tipo de prohibiciones para subvertir, no sólo el sentido clásico de los cuentos infantiles, sino también toda una moral represora como si de un nuevo Marqués de Sade se tratara.

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En este sentido, el dueño del Hotel Himmelgarten sería el trasunto de Moore al elaborar el manual pornográfico que aparece como una falsificación de grandes artistas y literatos (Mucha, Oscar Wilde,…) imitando diferentes estilos narrativos y gráficos al servicio de historias obscenas y procaces que son leídas por los huéspedes del Hotel sirviendo de detonante imaginativo para dar rienda suelta a los deseos más ocultos. La pornografía nos desvela situaciones indecorosas que aborrecemos en nuestra vida real pero que sin embargo en nuestros sueños eróticos nos excitan conduciéndonos a solitarios actos lúbricos. Así, Alan Moore sitúa al relato pornográfico en el mundo de la fantasía, en lo irreal, en la imaginación, ya que todo lo que nos cuenta está alejado de la realidad que vivimos, de la sexualidad que experimentamos.

El barbudo escritor inglés es el mago que provoca mediante su obra el viaje al mundo de la imaginación, universo que compartimos todos los humanos y en el que nos refugiamos continuamente mediante la lectura de un cómic o de una novela, o mediante la audición de la música o el visionado de una película. Como maestro pornógrafo que es, Moore incita a sus personajes a experimentar las más libertinas de las situaciones provocando su lujuria mediante la lectura del mágico libro que está en cada habitación del Hotel cual Biblia subvertida. Dicho Hotel será el Jardín Celestial en el que las tres protagonistas de Lost Girls den rienda suelta a sus deseos más profundos aislándose del conflicto bélico que amenaza con acabar con todas las fantasías.

Sería injusto mencionar exclusivamente las excelencias del guión de Alan Moore, sin decir nada sobre la belleza visual que proporciona Melina Gebbie a esta historia en la que las atmósferas de ensueño, los estilos pictóricos de principios del siglo XX y una atrevida narrativa plasman en el papel todo un universo erótico en el que la fantasía y la sensualidad envuelven con un maravilloso toque «Art Nouveau» las escenas más pornográficas de la obra.

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Original: http://elcuartomundo.com/lost-girls/lost-girls-alan-moore-el-pornografo/

One thought on “«Lost girls»: Alan Moore y Melinda Gebbie, pornógrafos”
  1. Alan Moore y su novela de un millón de palabras
    «Cuando cumplió los 40, Moore decidió que en lugar de ceder a una crisis de madurez sería más interesante y divertido autoproclamarse mago. Esa misma década entregaba su primera novela, «La voz del fuego» (1996), un trazado de la historia de la humanidad, desde la Edad del Bronce hasta finales del siglo XX, a través de la mitología de Northampton, la superstición de los hombres y el fuego que camina con ellos. Todo animado por el aliento de la magia… «La voz del fuego» funcionaba como lectura intensa y de sacudidas tremendas que por momentos zozobraba en su propia audacia. Moore escribía el primer capítulo en lenguaje neandertal, a su decir para disuadir a las almas sencillas y proseguir autónomo en la búsqueda del Yo, en la preparación del Gran Trabajo que en términos ocultistas define la investigación continuada que nos ha de abrir las puertas del ser, del inconsciente, los sueños y el cuerpo. Una tarea que la literatura está más autorizada a llevar a cabo que la mera narrativa.

    Si es verdad que el futuro y el pasado existen, ¿dónde están?, se preguntaba San Agustín… Para Moore, el tiempo no funciona como creemos, el pasado y el futuro han estado siempre aquí y es nuestra conciencia lo que fluye en este único hipermomento de cuatro dimensiones. El autor sostiene que, en nuestra miseria, las culturas primitivas o muy distantes en la historia nos parecen vencidas o cándidas, las miramos por encima del hombro creyendo haber entendido el cosmos cuando lo único que hemos entendido es nuestra percepción del mismo, que confundimos con la realidad.

    «Jerusalem», la novela en la que trabaja desde 2008, se localiza en una parcela muy bien acotada de su Northampton natal, apenas un kilómetro cuadrado sobre el que teje, con hilo de fantasía, una psicogeografía de recuerdos familiares y acontecimientos históricos que nos habrán de dar el signo multidimensional de nuestra existencia. El libro incluirá capítulos de cepa New Wave a lo Michael Moorcock, alguno del todo incomprensible como el protagonizado por la hijísima Lucia Joyce, donde la prosa fluye como un río subterráneo a su significado, pasajes al estilo de John Dos Passos, otros formulados como piezas dramáticas de Samuel Beckett, un núcleo que remite a una Enid Blyton alucinada y salvaje y una ascendencia general que remite a pensamiento del pastor local James Hervey, a quien Moore considera el auténtico padre de todo el movimiento gótico.

    En su más de un millón de palabras «Jerusalem», acaso novela fractal y Gran Trabajo de un escritor arcaico, gurú pintón e icono exótico a nuestros tiempos en su apología de una “mística empírica”, se augura un trabajo enorme, colosal. Tal vez insostenible para el escéptico y desnutrido lector contemporáneo. Seguimos a la espera».

    Fuente: http://www.eldiario.es/cultura/comics/Gran-Trabajo-Alan-Moore_0_336316690.html

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    … En otros momentos de la civilización, nacer y permanecer toda la vida en un solo punto del globo parecía lo normal; pero en nuestros días parece una reclusión innecesaria: el mundo es grande y vasto, o al menos así nos lo parece desde la comodidad de nuestras pantallas. Para Moore, sin embargo, el mundo se replica en todas partes a través del concepto de «eternalismo», del tiempo como unidad inquebrantable. Según Moore, el continuo espacio-tiempo forma una especie de “gran pelota de vidrio” donde el pasado y el futuro están interminablemente fijos, y la vida humana es como “pequeños filamentos incrustados en un juego gigantesco y vasto”. Todo es, pues, eterno.

    Northampton ha estado poblado desde la Edad de Piedra, fue sede de un emplazamiento romano y es uno de los condados más poblados de Inglaterra; desde el siglo XX es sólo un suburbio empobrecido… Pero para Moore, Northampton es una especie de aleph que resume –al igual que cualquier otro punto de la galaxia– toda la historia del universo. Mientras camina por los barrios de Northampton, Moore ilustra su punto:
    «Cada persona, cada mojón de perro, cada lata de cerveza aplastada –usualmente hay agujas hipodérmicas y condones y bolsas de mano desgarradas por aquí también– nada se pierde. Ninguna persona, ninguna brizna de partícula se pierde. Ningún evento. Todo está ahí por siempre. Y si cualquier lugar es eterno, entonces el más ignaro de los barrios bajos es la ciudad eterna [esto es: Jerusalén], ¿no es cierto? La cuádruple ciudad eterna de William Blake. Todas estas áreas condenadas y desfavorecidas son Jerusalén, y cada persona en ellas es un ser eterno, digno de respeto».

    «El anarquismo significa que no hay líderes, lo que no es licencia para hacer lo que uno quiera: de hecho, se trata de asumir una enorme cantidad de responsabilidad, porque estás tomando la responsabilidad de dirigir tu propia vida. Es increíblemente liberador y poderoso –ser responsable de ella y de todo lo que ocurre en ella. Sin mencionar, como pude haber hecho en otra vida, que la razón por la que nunca he sido exitoso es porque vengo de un origen pobre, o de un barrio desfavorecido. No estoy diciendo que esto no es válido para otras personas, pero no pudo haber sido válido para mí. Mi origen y mi barrio no tuvieron nada que ver con que tuviera éxito o no. Eso dependió completamente de mí» (Alan Moore).

    Fuente: http://pijamasurf.com/2014/10/alan-moore-habla-de-anarquismo-eternalismo-y-su-novela-del-millon-de-palabras-jerusalem/

    Vídeo «Sobre la escritura y los escritores»: https://www.youtube.com/watch?v=JdcT2UNNLm4

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