Diego Mazón


Los soldados creen que entregan la vida por una patria y una bandera que otros ridiculizan.

MADRID- En los últimos tiempos, determinados cambios legislativos y la participación creciente en misiones en el exterior bajo condiciones de estrés ha generado un fenómeno cada vez más extendido entre los miembros de las Fuerzas Armadas: el síndrome «burnout», o en castizo, el del militar «quemado». De la proliferación de este síndrome entre los efectivos de los ejércitos alerta la revista de «Sanidad Militar» en su número trimestral de enero a marzo.

Un extenso y durísimo artículo en esta revista avisa de las consecuencias negativas que para el conjunto de las Fuerzas Armadas tiene que esta patología sea cada vez más común entre sus miembros. La definición más acertada, y breve, para saber qué es este síndrome es el «progresivo deterioro emocional», que se constata en cuatro fases, según relata el texto: una primera de ilusión o entusiasmo; después llega la desilusión; en tercer lugar la frustración y por último la desesperación. Una situación sobre la que la revista asegura que «alguien debería ser consciente de la urgencia de adoptar medidas para superar el bache emocional que están sufriendo los integrantes de los ejércitos». A esto añade la publicación que «los síntomas del deterioro, de verdadero “queme” colectivo, no pueden ser más evidentes», por lo que avisa de que «no atender a tiempo» a las exigencias de los militares «puede hacer que la gravedad de los síntomas se enquiste y llegue a producir una parálisis de todo el sistema defensivo».

Las causas

¿Qué ha generado esta situación y la consiguiente alerta? Según la revista, varios factores han influido en la extensión del síndrome. El primero de ellos, las expectativas profesionales de los uniformados. El artículo señala que el nuevo sistema de las evaluaciones para los ascensos «generan malestar general», a lo que añade que «se produce una sensación de inseguridad y zozobra, motivada por el cambio permanente de los parámetros a valorar en dicha evolución». El resultado de ese nuevo sistema, subraya, es «anárquico, favorecedor de ciertas unidades o cursos realizados» y «no consigue la validación plena por parte del grupo evaluado, sembrando el descontento y la frustración en gran parte de los casos».

En segundo lugar, critica como detonante de este «queme» generalizado tres elementos más: la asignación de destinos; los informes personales anuales, «los cuales, rayando los límites constitucionales, son ocultados al militar sobre el que se informa»; y «el decididamente arbitrario sistema de concesión de recompensas periódicas, donde, a falta de otros datos objetivos a valorar, la experiencia indica que la principal virtud que se destaca es el servicio inmediato y personal al mando que tiene la potestad de proponerla».

La conclusión de toda esta problemática no puede ser más pesimista. Según los autores, la sensación que queda en la mente de los militares es que «no se está sirviendo a un bien o ideal superior, sino al mando más inmediato que tiene la potestad de realizar los informes». Esto potencia no las virtudes militares sino «el servilismo más mezquino, tanto en el soldado recién ingresado como en el que tiene las más altas responsabilidades». Todo esto genera además un sistema de ascensos que no termina de rejuvenecer a los mandos, y señala como ejemplo que la edad para ascender a teniente coronel es superior en unos siete años al de la media del resto de países de la OTAN.

El artículo se refiere asimismo a otro aspecto más esencialmente castrense que contribuye a que este síndrome se esté propagando: la sensación «de estar entregando la vida a unos ideales que se ven sistemáticamente ridiculizados por ciertos sectores de la población, de defender una bandera que algunos e sus propios conciudadanos se empeñan en sustituir y de ofrecer la vida por una patria de la que nadie parece querer hablar y que, en cambio, algunos aspiran a modificar».

Y junto a todo esto, el estrés cada vez más común entre los militares desplegados en misiones en el exterior. Estrés que se multiplica, asegura el texto, «cuando un militar se encuentra en medio de un ambiente de combate pero, o bien no dispone de armamento con que hacer frente a una agresión o su empleo está seriamente restringido por las reglas de enfrentamiento».

Por todo ello, los expertos instan a hacer valoraciones periódicas entre diversos grupos de militares para determinar la prevalencia del síndrome. Y añade que estos exámenes deben ser más intensos en «absolutamente» todo el personal que regrese de una misión en el exterior y los integrantes de la Unidad Militar de Emergencias que hayan pasado por una experiencia extrema.

Un diagnóstico que lleva implícito el riesgo de tener «un grupo de militares incapacitados para realizar debidamente sus cometidos». Un riesgo demasiado alto.

El documento

«Los síntomas de deterioro, de verdadero queme colectivo, no puede ser más evidentes»

«La sensación de muchos militares es que no se está sirviendo a un bien o ideal superior»

«España comparte con los demás países de su entorno la falta de ideologías y valores morales»

«Se está corriendo el riesgo de tener un grupo de militares incapacitados para realizar sus cometidos»

La Razón

3 thoughts on “El síndrome del «militar quemado» contagia a los ejércitos”
  1. El síndrome del «militar quemado» contagia a los ejércitos
    Oh sí, qué gran desastre. Se pierden los valores morales: ahora hay gente a la que no le parece bien agarrarse un fusil y empezar a disparar sobre personas que no conoce, recibiendo órdenes de alguien y en nombre del alto valor moral de un trapo de colores que el viento menea.

    Ya no se quiere servir a “ideales superiores”: hay gente que considera -¡oh atrevimiento!- que ser de España o de Catalunya no es ni mejor ni peor que ser de Francia, de Marruecos, de Ecuador o de Afganistán…

    A dónde vamos a ir a parar… La conjuración judeomasónica que comienza a dar sus frutos…

    Ojalá se «quemaran» todos y el ejército, los ejércitos se quedaran sin carne de cañón.

  2. El síndrome del «militar quemado» contagia a los ejércitos
    No se puede utilizar al ejército, en aquellas tareas para las que en principio no ha sido creado.
    No se puede enviar a un soldado a una guerra (como Afghanistan, despues de haberlo retirado de Irak) , insisto, ¡Paises en Guerra!, con caramelos y prohibición de efectuar un solo disparo en defensa propia … ¡osea! …. una patrulla, dentro de sus blindados pasa por un desfiladero y es agredida por Señores de la Guerra (que utilizan niños de 6 años para educarlos con ayuda de »madames» , como sus fieles esposas, vistiendo y pintándolos como mujeres) , cultivadores de amapolas …. afirmo que, los militares tienen prohibido disparar y repeler la agresión ….. Mi pregunta es: ¿puede una persona resisitir el intento por parte de »un animal» de ser asesinado? …. creo que la respuesta NO es la correcta.
    Y entonces, ¿porqué no enviamos a ONG’s a distribuir la ayuda? …., luego, cuando los secuestren, pagamos el rescate y punto … aunque por otra parte se me ocurre que a lo mejor, debiamos dejar que la propia ONG , se hiciese cargo de los gastos y rescate de sus propios miembros, pues así, el dinero destinado a Defensa, lo podemos desviar a intereses Sociales … ¿me equivoco? …

    Despues que los diferentes gobiernos se diesen cuenta de la ineficacia de ONG’s para distribuir ayuda en caso de catástrofe (tenemos Haití como caso reciente) … hasta que llegó el ejército americano, las ONG’s ¡quietas paradas!, moviéndose solo algunas y en zonas que no entrañasen riesgo.

    Resumiendo, el ejército es para Defensa y Ataque y debe existir mientras el hombre quiera delimitar sus pertenencias (fronteras) . Usarlo para apagar incendios o repartir caramelos ¡no es utilizarlo para lo que ha sido creado! …. un poco de respeto a esas personas que son enviadas al frente, con las manos atadas. Un poco de respeto a esas personas que ocultan a sus familiares … SI , familiares, pues son hijos, nietos, padres o madres de familia, su angustia en el día a día, cuando el ruido de las balas impactan en su blindado y rezan para no pisar una mina, tal como le ocurrió a algunos compañeros con anterioridad.

    1. El síndrome del «militar quemado» contagia a los ejércitos
      Te has tragado enterito ese discurso inventado de que en sitios complicados las oenegés no pueden hacer nada si no va primero el ejército a abrirles el camino. La falsedad es doble.

      1.- En los sitios que citas y en otros, ya había oeneés trabajando antes de que llegara ningún ejército. De hecho la mayoría de las oenegés se quejan de que la llegada militar complica o impide su trabajo y además les coloca en el punto de mira del otro bando.

      2.- Los ejércitos sirven para conquistar países y robarles su riqueza. Alguna chorrada humanitaria hacen, pero de adorno. El discurso del militar humanitario es propaganda para esconder la verdadera razón de la presencia militar en esos sitios.

      Y por último añadir que cualquier cosa que haga el ejército (escuelas, carreteras, repartir ayuda humanitaria, apagar incendios) siempre sale muchísimo más caro que si lo hace personal civil.

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