Dentro del campo de las alteranativas noviolentas a la defensa militar hay que distinguir entre las aportaciones teóricas acerca de modelos de defensa nacional o social basados en la aplicación de estrategias violentas o noviolentas por parte de la población civil y las acciones prácticas y propuestas de los movimientos antimilitaristas para generar un debate social en la opinión pública destinado a la redefinición del modelo de defensa. Es importante tener en cuenta que el movimiento
antimilitarista va mucho más allá de la mera sustitución de un modelo de defensa militar por otro noviolento, sino que aspira a una transformación profunda del modelo sociopolítico capitalista basado en la imposición de valores militaristas tales como la jerarquía, el sexismo, la obediencia ciega, la homofobia, el nacionalismo etc…. El movimiento antimilitarista, en realidad, no busca abolir los ejércitos de forma unilateral, sino crear las condiciones sociales para que esto sea posible,
conscientes de que una transformación de tal magnitud necesita
del consenso de toda la sociedad en el compromiso a rechazar
la injusticia y la violencia.

Hemos visto que en tiempos de la Paz Armada, a
pricipios del siglo XX, Domela Niewenhuis hizo llamamientos
a la huelga general para parar la guerra que se avecinaba. Por
otro lado, desde el punto de vista de una defensa nacional
basada en la noviolencia, hubo también propuestas durante la Gran Guerra, pues Bertrand Russell ya había lanzado la idea de
que Gran Bretaña podría derrotar a Alemania mediante la nocolaboración
sistemática62. Fue, en cambio, justo antes de la
Segunda Guerra Mundial, en la década de los treinta, cuando
surgieron las primeras propuestas teóricas de defensa nacional
basadas en técnicas noviolentas. Uno de los primeros en
ocuparse de la posibilidad de un sistema de defensa nacional
basado en formas de acción noviolentas fue el propio Gandhi,
cuando en un congreso en Ginebra en 1931 disertó sobre las
posibilidades de defensa noviolenta de una Suiza neutral.

Posteriormente, según avanzaba la guerra, Gandhi recomendó
sucesivamente a judíos, checos, polacos, ingleses y a todos los
implicados en la guerra mundial que hicieran resistencia
noviolenta, aunque apoyó en 1942 la idea de que una India
independiente accediese a contar con la protección de tropas
aliadas en caso de ataque japonés63. El modelo de defensa
nacional propuesto por Gandhi ha sido calificado como
modelo heroico, en el que es de suma importancia la no
colaboración total y la disposición a la muerte antes que el
sometimiento (interposición noviolenta y escudos humanos). Se
parte de la idea de que se prefiere el exterminio a la sumisión.

Sin embargo, sus ideas no se pueden considerar como una
estrategia organizada, sino que, por el contrario, fueron sus
planteamientos tácticos como organizador de campañas lo que
inspiró a activistas noviolentos de todo el mundo y él se limitó a
señalar su posible relevancia para la defensa nacional no militar.

La elaboración de una defensa nacional noviolenta,
alternativa o complementaria a la militar, fue elaborada por un
discípulo de Gandhi, Richard Gregg (1885-1974), un estadounidense que, al igual que el francés Romain Rolland, en
los años veinte había viajado a la India y conocido a Gandhi.
Hemos visto ya que, en 1935, publicó “The power of non-violence”
(“El poder de la Noviolencia) una de las primeras obras teóricas
relativas a la noviolencia. Gregg partía de los escritos de
estrategas militares clásicos y contemporáneos, desde
Napoleón, Clausewitz, Fuller, Hart, para llegar a demostrar que
la fuerza moral y psicológica asume un papel fundamental en la
práctica de la guerra. De este modo resaltaba que la noviolencia
podía jugar un importante papel no solo para socavar la moral
del oponente, sino para levantar la propia moral.

Casi en las mismas fechas, pero en Europa, tal y como
hemos visto más arriba, Bart de Ligt, fue el que desarrolló el
concepto de alternativa de defensa noviolenta desde una
perspectiva antimilitarista. Así en su ya mencionado clásico The
Conquest of Violence de 1937, de Ligt abogaba por el uso de
formas de acción noviolenta a niveles nacional e internacional
para resistir una agresión fascista, incluyendo nazis y japoneses,
y en su epílogo se exponía el plan de Ligt, que sirvió como
hemos visto para que desde los movimientos antimilitaristas
crearan su propuesta de defensa alternativa. La principal
diferencia de la propuesta de Gregg y de Ligt con otros teóricos
de la defensa noviolenta residía en que no desarrollaron una
estrategia nacional de defensa noviolenta, sino un plan de
acción directa internacional contra la guerra misma y los
preparativos bélicos. La acción, por tanto, la constituirían
ciudadanos de todos los países organizados en movimientos
sociales estructurados horizontalmente, funcionando en
asamblea, tomando decisiones por consenso. Su punto de vista
era, por tanto, internacionalista, antiimperialista y anticapitalista,
de forma que, en realidad, proponía una acción conjunta
transnacional que complementaría la resistencia noviolenta del
pueblo agredido. Desde los planteamientos de De Ligt, los diferentes movimientos antimilitaristas de todo el mundo han
ido desarrollando propuestas que van más allá que la sustitución
de un modelo de defensa militar por otro popular de carácter
noviolento, la defensa popular noviolenta. En este sentido las
aportaciones hechas desde un punto de vista bajo el cual se
considera al militarismo en sentido amplio han planteado la
transformación total del paradigma defensivo mediante una
redefinición sobre cuestiones tales como qué hay que defender,
quién ha de defenderlo, cómo ha de ser la defensa y contra qué
hay que defenderse. De este modo el movimiento antimilitarista
pretende crear un debate social que motive la toma de
conciencia acerca de las contradicciones ya no sólo del modelo
de defensa militar, sino del propio sistema nacional capitalista
en su conjunto, basado en el militarismo como forma de
extender su poder.

En el otro espectro del planteamiento político nos
encontramos a los que optaban por la noviolencia por sus
evidentes ventajas prácticas, ante la evidencia de la gran
efectividad de sus métodos. En este sentido analizaremos
primero las teorías de la defensa civil, de alguna manera ligadas
a las teorías alternativas de defensa propuestas por los
antimilitaristas, pero partiendo sencillamente de un simple
análisis coste beneficios y sin salirse del paradigma del
nacionalismo capitalista que aquellos tratan de socavar.

Más que
una corriente paralela o entrelazada a la de las teorías de la
noviolencia, como son el pacifismo o el antimilitarismo, las
teorías de las alternativas de defensa constituyen más bien un
campo de estudio dentro de la teoría de la noviolencia o incluso
de la defensa militar. Es importante tener en cuenta que desde
1964, muchos teóricos apostaron por el término “defensa civil”
en vez de “defensa noviolenta” a raíz de un opúsculo de Adam Roberts, con aportaciones de Gene Sharp64, en el que se
invitaba a otros teóricos a investigar sobre las posibilidades del
concepto. Por supuesto, dado que el empleo de defensa civil
exige métodos noviolentos, esa perspectiva coincide en muchos
casos con el enfoque antimilitarista que exige la sustitución de
un sistema de defensa nacional militarista. Sin embargo, desde
el antimilitarismo se rechazan muchos de esos presupuestos al
tener muy en cuenta la importancia de la construcción social
tanto del enemigo como del objeto a defender, todo ello
partiendo, como hemos dicho, de un paradigma ajeno al
nacional-capitalismo (defensa nacional) desde donde parte
muchos de estos enfoques de la defensa civil.

En 1942, todavía en plena guerra mundial, Jessie W.
Hughan ya había escrito un ensayo sobre pacifismo en caso de
invasión llamado “The Quiet Battle” (La batalla pacífica), que
serviría como base para la elaboración posterior de teorías de
defensa nacional noviolenta. En este artículo la autora proponía
que la no-colaboración consistiera en no proporcionar servicios
ni abastecimientos, no obedecer otras órdenes que las de las
autoridades civiles constitucionales, no infligir insultos ni daños
a los invasores y que los funcionarios públicos prometieran
morir antes que someterse. Sin embargo, tal y como Randle ha
señalado65, había cierta ambigüedad a la hora de señalar cuando
se debía llegar al extremo de la huelga general.

Los enfoques que surgieron después de la Segunda
Guerra Mundial estaban evidentemente condicionados por la
situación de Guerra Fría y riesgo de hecatombe nuclear. En este
contexto escribió Stephen King Hall “Defense in the nuclear era” (Defensa en la era nuclear), en el cual diseñaba una defensa
noviolenta para Gran Bretaña y Europa Occidental frente a
invasión soviética partiendo de una crítica al ensayo de Hughan.

Para King Hall la defensa noviolenta debía no sólo ponerle la
ocupación difícil al enemigo, sino también peligrosa. Es decir,
una ocupación soviética de la Gran Bretaña podría
desencadenar la caída del comunismo por el desarrollo de una
estrategia que debía buscar minar la moral y la unidad del
invasor. No se trataría de la vieja idea tolstoiana de la
conversión del oponente mediante el contacto personal sino de
buscar sus puntos débiles para tratar de coaccionarle
noviolentamente. King Hall además proponía un sistema de
disuasión psicológica frente a la peligrosa y cara disuasión
nuclear y una alianza defensiva entre los que hubieran
rechazado la defensa nuclear.

Así estaba la cosa cuando se lanzó la propuesta de
Adam Roberts de ahondar en el concepto de defensa civil,
momento a partir del cual profesores universitarios que basaron
en este ámbito su campo de estudio, empezaron a construir sus
propios modelos de defensa alternativo con un alto grado de
sofisticación. Adam Roberts, Theodor Erbert y el propio Gene
Sharp, en el entorno de la revista pacifista británica Peace News,
fueron los primeros en profundizar en el concepto de defensa
civil y se enzarzaron en discusiones estratégicas acerca de
cuando en una situación de huelga general ante una invasión se
debía volver al trabajo, ante el peligro de que una huelga
prolongada acabara perjudicando a los propios resistentes.

Gene Sharp zanjó esta cuestión, en los ochenta, señalando la
conveniencia de tres fases, una de desobediencia masiva, otra
selectiva en la que se bajaba el nivel de desgaste y una tercera
nuevamente masiva cuando las circunstancias fueran favorables66.

Posteriormente hubo otras discusiones estratégicas con
enfoques que se pueden clasificar incluso de militaristas, como
el de Boserup y Mack, que basaban su enfoque nada menos que
en de Clausewitz y su idea de distinguir entre objetivo y
propósito. Para el autor prusiano el objetivo (derrotar del
enemigo) acababa por desplazar al propósito (fin político o
económico que llevó a la guerra). Para Boserup y Mack el
objetivo sería defender el centro de gravedad de la resistencia
noviolenta, que ellos ubicaban en la unidad de la población.

Gene Keyes les criticaría señalando que el centro de gravedad
debía estar situado en la moral de la población, no en la
unidad67 y Gene Sharp reafirmaría aspectos instrumentales,
señalando que el objetivo debía ser la frustración de los
objetivos principales de los atacantes y la defensa debería por
tanto centrarse en los medios capaces de conseguirlo.
Podemos
concluir, por tanto, que para Sharp y estos autores,
pertenecientes a la corriente pragmática de la noviolencia, el
desarrollo de una defensa civil noviolenta se concibe como un
problema técnico, elaborado desde el paradigma dominante y
no como un problema moral elaborado desde paradigmas
alternativos, aunque seguramente algunos de ellos puedan tener
motivaciones pacifistas que los ubicaría dentro de una corriente
holística o estratégica68.

De forma similar a las teorías de defensa civil, se han
ido creando revistas, institutos y departamentos universitarios
centrados en investigación para la paz y resolución noviolenta
de conflictos que estudian y clasifican datos y proponen
conceptos, técnicas y soluciones para los diferentes conflictos
armados del mundo. En este sentido hay que destacar la labor
pionera de Johan Galtung al crear en 1959 el International Peace
Research Institute (Instituto Internacional de Investigación para la
Paz) de Oslo. Como hemos mencionado ya, Galtung desarrolló
la ya clásica distinción entre paz positiva y paz negativa, así
como el concepto de violencia estructural, para referirse a
situaciones de injusticia en las que la violencia se ejerce de
formas sutiles sin que necesariamente haya represión o guerra.

Notas

62 Michael Randle: «Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los
gobiernos» Paidós Ibérica S.A.1998. pág 133.

63 Randle opus citt pag 153

64 Adam Roberts (comp.) “Civilian Defense”. Peace News. Londres 1964

65 Michael Randle: «Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los
gobiernos» Paidós Ibérica S.A.1998.

66 Gene Sharp: “Haciendo Europa inconquistable” 1985.

67 Gene Keyes: “Strategic Nonviolent Defense: The construct of an option”.
Journal of Strategic Studies, vol 4, nº 2, junio 1981. pás 121-151. citado por
Randle pág 168.

68 Desde otro planteamiento más bien estratégico, Michale Randle ha
recopilado la evolución detallada de estas teorías en su libro ya clásico
Michael Randle: «Resistencia civil. La ciudadanía ante las arbitrariedades de los
gobiernos» Paidós Ibérica S.A.1998

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