
Seleccionamos un fragmento de este artículo más amplio.
Y nótese, a pesar de las apariencias y de los no pocos contrasentidos que insinúa, que todo el artículo es propagandístico con el ejército, y posiblemente financiado de alguna manera por él. Nota de Tortuga.
A. S. se alistó por primera vez con 18 años en Alicante porque «quería hacer la mili y no servía para estudiar». Lo considera vocacional. «Me dediqué a aprender todo lo que pude, porque después iba a necesitarlo», apunta el joven. «Es como un trabajo normal, te evalúan contínuamente y cuando termina tu contrato pueden no renovarte», explica.
El problema para él es la gente que ve el empleo como una salida fácil. «Yo no querría estar de misión con esa persona porque se juega mi vida», explica el joven. A.S. se marchó a Afganistán en 2007. «Es como un premio para el que ha trabajado bien», asegura el militar, y añade que, a diferencia de lo que piensa mucha gente, «quien se va no lo hace sólo por dinero, porque no está pagado».
La impresión general es que las misiones están muy bien remuneradas porque además de cobrar el sueldo base -cerca de 600 euros los soldados de tropa- reciben casi 2.000 euros más al mes. A.S. estuvo destinado cuatro meses y asegura que «son las veinticuatro horas alerta y no hay paga que valga». Cuando regresó y se le terminó el contrato lo dejó, pero el año pasado volvió a alistarse. «Estaba cansado pero ahora quiero ir otra vez de misión», señala el joven de 22 años que no considera que haber ido a Afganistán le haya cambiado en nada. «En teoría vamos en misión de paz y no podemos entablar combate, pero nunca se sabe porque es un país que está en conflicto».
De ahí que si quiere volver no sea por el sueldo, sino porque le gusta. «No es para todos. Muchos se lo dejan», apunta el militar. En unos años espera ascender a cabo para conseguir plaza de guardia civil.
Diario Información