«No diré que no me lo merezco porque sí es algo merecido», destacó Ortiz tras recibir la alta distinción del club.

Recuerden a Al Capone, aquel gánster de película que solo pudo ser encarcelado finalmente por evasión fiscal, puesto que nunca hubo forma de demostrar jurídicamente el resto de sus crímenes. Salvando las distancias, por aquí también hay gente de similar catadura; caciques hay dueños de media provincia, que aúnan el estilo personal más hortera que pueda darse, con la picaresca necesaria para que actuaciones -supuestamente- delictivas que todo el mundo conoce no puedan ser demostradas.

Condecoraciones, yates, joyas, fichajes futbolísticos deslumbrantes… Lujo ostentoso y macarra al que acude como mosca a la mierda algún que otro político, de esos que tienen el poder de adjudicar contratas millonarias. Y que conste que todo esto no lo estamos diciendo por nadie en concreto. Nota de Tortuga.



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Ortiz, de oro y brillantes

El Hércules impone por sorpresa su más alta distinción al dueño del club «por llevarlo a lo más alto tras cogerlo a punto de desaparecer»

J. E. MUNERA

A medio camino entre la sorpresa y el autohomenaje, el máximo accionista del Hércules, Enrique Ortiz, recibió anoche la insignia de oro y brillantes del club «por haberlo cogido en 1999 a punto de desaparecer y llevarlo hasta lo más alto», según destacó el presidente de la entidad, Vicente Botella. «No diré que no me lo merezco porque sí es algo merecido», destacó Ortiz tras recibir la alta distinción del club en un breve acto celebrado en el césped del estadio Rico Pérez, al que acudió una amplia representación de la plantilla, el cuerpo técnico con Esteban Vigo a la cabeza, la directiva y la familia del máximo accionista. El plantel también se sumó al reconocimiento y le regaló una camiseta blanquiazul firmada por los jugadores con el número uno a la espalda y el nombre del dueño del club.

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Sonriente y despreocupado, como casi siempre, salió Ortiz por el túnel de vestuarios al cuidado césped del Rico Pérez a los acordes del himno del club y con medio centenar de personas presentes en un homenaje que se le intentó ocultar hasta última hora, pero que trascendió a mediodía y se hizo público.

El director general, Carlos Parodi, fue el encargado de las presentaciones «en un día muy merecido y para una distinción muy merecida». Todo fueron parabienes a la figura del verdadero patrón de la nave blanquiazul. Y sobre todo por parte de Botella, que destacó los muchos acontecimientos vividos en los últimos 11 años de historia herculana: «Momentos tristes como la suma de 78 puntos y no subir a Primera y alegrías como los ascensos a Segunda y Primera y el reciente partido con el Barcelona, que nos ha hecho sentir a los herculanos en el cielo». Botella, que destacó de Ortiz «su pundonor, constancia y no tirar nunca la toalla, ni en los momentos más duros», agradeció al máximo accionista haberle dado la oportunidad de compartir con él «las alegrías y las penas» de estos años. «Sabemos cuánto has hecho por el club, por la afición y por el honor blanquiazul», resaltó el presidente. «Has sufrido, llorado y pasado noches en vela por el Hércules».

Emocionado, pero muy tranquilo, Ortiz recibió la insignia de manos de Botella y repartió agradecimientos a los presentes, especialmente a la plantilla «por estar presente en un momento tan familiar». «Ha sido un camino duro, pero ha merecido la pena. Cuando a uno le cuesta, saborea aún mejor los logros», indicó Ortiz, que quiso «compartir con todos» la distinción y animó a los presentes a disfrutar «el largo camino que aún nos queda por recorrer porque nos lo merecemos».

Antes del ágape de despedida, en nombre de la plantilla habló el capitán Rufete, que, «como alicantino», expresó su compromiso «para seguir soñando tras el último gran resultado conseguido y seguir trabajando para que el Hércules esté en lo más alto».


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One thought on “El dueño del Hércules, Enrique Ortiz, se impone a sí mismo la medalla de oro y brillantes del club”
  1. El dueño del Hércules, Enrique Ortiz, se impone a sí mismo la medalla de oro y brillantes del club
    Vergüenza que gente así se pasee por la calle y sea aplaudida y envidiada. Nuestra sociedad toca fondo por momentos en cuento a decencia y humanidad.

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