
«La gran ineficiencia del sistema penitenciario es una de tantas cosas a las que nos hemos tristemente acostumbrado».
SPD NOTICIAS (L.F. CASTANT).- El mexicano, generalmente, es de memoria corta. Rápidamente olvidamos las cosas cuando las dejamos de tener a la vista, o cuando nos acostumbramos a ellas. La gran ineficiencia del sistema penitenciario es una de tantas cosas a las que nos hemos tristemente acostumbrado.
Cuando los medios nos informan del arresto de grandes capos, grandes embaucadores y secuestradores, aplaudimos que probablemente no volverán ver las calles durante mucho tiempo, algunos, por el resto de sus vidas.
¿Pero qué pasa con la gran mayoría de los sentenciados, que no son ninguna de las anteriores opciones, sino ladrones comunes, narcomenudistas, defraudadores de poca monta, y todos aquellos cuyas penas no llegan a ser de muchas décadas, sino unos cuantos años?
Ciertamente a los medios no les importa, no es noticia de estelares: «Atraparon a ladrón». Nuestra participación es el desinterés, volviendo a estos presos desechos humanos, de los cuales no queremos saber nada excepto que se encuentran encerrados. Como dice el dicho, Ojos que no ven, corazón que no siente. Y es exactamente lo que hacemos como sociedad, cerrando los ojos a una realidad que no va a ir a ningún lado, no importa cuánto tiempo queramos pretender que no está ahí. Por más que lo queramos ignorar, el hecho es que miles de personas se encuentran en cárceles del país en este mismo momento, pagando condenas cortas a comparación de los delitos graves, y sin embargo encerrados con criminales de mayor peligrosidad.
Los llamados «Centros de Readaptación Social» son todo, menos lo que su nombre indica. Un hombre que entra ahí por robo, puede salir convertido en un matón, violador o un extorsionador. Es bien sabido, no solo en México, sino mundialmente, que las prisiones son verdaderas universidades del crimen, y no cualquiera se gradúa.
Los estadounidenses, que tienen la mayor población cautiva del mundo, ya buscan opciones diferentes al encarcelamiento de delincuentes de baja peligrosidad. ¿Si un país con mucho más presupuesto y capacidad policial hace esto, no debería ser indicativo de que nosotros vamos por mal camino, tratando de endurecer aun más nuestras leyes?
Que caso tiene darles año con año un presupuesto mayor a nuestras fuerzas de seguridad, si al final, la mayoría de los criminales de poca monta que logran arrestar, salen endurecidos y mejor preparados gracias a una estancia con los criminales que en verdad son peligrosos. Parece ser un circulo vicioso, pues entre más personas sean arrestadas, y pasen un tiempo en prisión, más peligrosos se volverán al salir, obligando a que las fuerzas de seguridad necesiten un presupuesto aun mayor.
No olvidemos que los antecedentes penales son un estigma, por el cual en lugar de encontrarse «readaptados» aquellos que salen de prisión, se encuentran discapacitados. ¿Quien va a querer emplear a un defraudador? ¿A un ladrón? ¿El hecho que hayan cometido un delito, quiere decir que les debemos de cerrar la puerta de regreso a la sociedad?
¿Y si nadie quiere emplear a estas personas, debería ser obligación del gobierno darles un empleo?
¿Por qué no utilizar la figura del servicio comunitario en México?
¿Habrá alguien que tenga un problema con que el que se robo una bolsa, este barriendo las calles de su localidad, por un mes, o tres, o los que sean? O ayudando a la instalación de servicios básicos en comunidades que no los tienen. O cualquier servicio que beneficie al país, en lugar de ser un lastre estando hacinado en una cárcel.
Y así, en lugar de tener que pagar comida y techo mientras aprende de otros criminales, del bolsillo de la nación, restituye el daño hecho a la sociedad de alguna manera. Es irónico que el sistema «educativo» más exitoso, sea aquel que existe de facto en las prisiones de nuestro país, donde se junta a extorsionadores, violadores y asesinos con criminales primerizos, o de crímenes no violentos. ¿Como podemos saber que es un éxito este sistema «educativo»? Porque en lugar de disminuir la criminalidad conforme se arresta a más personas, aumenta.
El vínculo que existe entre la falta educación y la criminalidad es imposible de negar. Porque no intentar reinsertar a los reos a la sociedad dándoles acceso a educación media superior y/o universitaria? Incluso solo carreras técnicas.
Que el estigma de haber estado encarcelado cambie, de indeseable, a alguien que tiene una oportunidad de superarse, de salir del círculo vicioso del crimen. Aun con un porcentaje pequeño de graduados exitosos, el beneficio a la sociedad seria claro.
¿Qué pasa con los delincuentes menores de edad? Crecientemente, son utilizados por mayores de edad para cometer crímenes, al saber que las penas para menores de edad son cortas. Se ha vuelto casi un rito de iniciación pasar un tiempo en el reclusorio juvenil. ¿Alguien realmente cree que se rehabilitan en los reclusorios juveniles? La juventud de nuestra nación, desperdiciada tras las rejas.
Pareciera que nadie en el gobierno puede entender que al encerrar a personas, no les queda más opción que aprender lo necesario para sobrevivir. Si acaso, es el mejor momento para tratar de corregir el camino de aquellos que así lo deseen. Se desperdicia una oportunidad de mejoramiento social, única.
En cambio, se busca deshumanizar a los delincuentes, que ha sido uno de los grandes errores de nuestros gobiernos, y nosotros perpetuamos esto al no hacer nada al respecto.
Mientras el gobierno no se interese por la verdadera readaptación social de aquellos que violaron la ley, jamás habrá solución a los problemas de inseguridad.
Y que nadie tome esto como que debemos mimar y consentir a aquellos que rompieron el orden social, simplemente, no podemos dejar de olvidar que también son humanos, y que aunque hayan errado en el camino que tomaron, es de nuestro interés que lo corrijan, o al menos, darle las oportunidades para hacerlo. Solo nos perjudicamos negándoles una verdadera segunda oportunidad.
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