Rafael Pessini

Observo con regocijo cómo la clase trabajadora no ceja en su empeño por conseguir del Gobierno de Sarkozy que no retrase la edad de jubilación en el país galo, al tiempo que las reservas de combustible en Francia empiezan a bajar preocupantemente por los largos días de huelga que vive nuestro vecino del otro lado de los Pirineos.

Mientras tanto, en España, me han sorprendido las protestas de buena parte de los militares, volcados como están en un cada vez más sólido asociacionismo. Ante el Ministerio de Defensa, la AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles) reclamaba derechos plenos para los integrantes de nuestros Ejércitos y que sean tratados como ciudadanos civiles en lo tocante a situaciones que ellos consideran de indefensión.

El motivo principal del descontento es la nueva Ley de Derechos y Deberes de los miembros de las Fuerzas Armadas españolas.
Por ello he prestado mucha atención al tratamiento informativo de esta noticia recogida por medios como El País, la COPE, Libertad Digital, El Confidencial, Telecinco o ABC. En algunos de ellos se incide más en las críticas implacables contra el Gobierno socialista que en otros, pero el tema principal ha sdo tratado por todos de un modo semejante.
Se refleja, por encima de otros detalles, que las bajas sufridas por los soldados en destinos como Iraq y Afganistán han sido menospreciadas por el actual Ejecutivo. El soldado Rubén López y el sargento Sergio Santisteban resultaron gravemente heridos en aquellas zonas en las que estuvieron destacados y piden, o más bien exigen, que se los tenga por «víctimas de atentados terroristas» Y, según los hombres citados, carece de relevancia que los hechos tuviesen lugar en escenarios de guerra, de combates habituales originados por ocupación por parte de tropas extranjeras en territorios invadidos. Es más, los manifestantes, que han expuesto con relativa calma sus quejas, han dicho textualmente: «Nos dejamos la piel en las guerras y no se nos escucha» y «Ahora se intenta restringir a los militares las mismas libertades públicas irrenunciables por las que nosotros luchamos en favor de otros pueblos».

Además, los peticionarios cantaron a coro el «Himno a la libertad» del recientemente desaparecido José Antonio Labordeta y una violonchelista llegó a interpretar el tema de la película «La lista de Schindler».
El Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil arroparon las reivindicaciones de los que, al igual que ellos, viven del uso de las armas al servicio de la «Madre ( no amantísima) Patria». En un momento dado, los soldados guardaron un minuto de silencio por sus compañeros «caídos». El vocablo «caído» les es muy familiar a los que han vivido y aguantado los años del franquismo más enojoso.

El pasado mes de septiembre dos guardias civiles, su intérprete y un conductor que inició un tiroteo murieron como consecuencia de una acción bélica llevada a cabo por insurgentes en Afganistán, país ocupado por tropas españolas (entre otras, como se sabe) desde finales de enero de 2002, en plena etapa aznarista. En total, las Fuerzas Armadas españolas han sufrido, de acuerdo con fuentes oficiales, 95 pérdidas en ese espacio de Asia Central.

El Estado español guarda evidentes similitudes con los Estados Unidos. Esta potencia decadente mueve los hilos de nuestros Gobiernos a su antojo y decide sin conceder derecho a réplica dónde deben estar nuestros uniformados y cuánto tiempo han de permanecer interviniendo por «razones humanitarias». Gran parte de la sociedad española asume sin críticas que el papel de las Fuerzas Armadas en estas misiones es elogiable, heroico e irreprochable. El Enemigo está lejos, pero nos amenaza, piensan muchos; llevamos paz y prosperidad a puntos remotos en los que hay que erradicar la peste del «terrorismo» y la «intolerancia» religiosa. Somos los Salvadores, los «Ángeles»de caqui se sacrifican por nosotros, el pueblo desarmado que vive con angustia por miedo al peligro que corre la seguridad nacional.
Ya no se grita tanto la oposición a las guerras, siempre imperialistas, siempre dirigidas por NATO-USA, siempre movidas por la rapacidad emparejada con la falta de reparos. Ayer José María, hoy José Luis. Las mismas estrategias y casi las mismas tácticas.

La legítima resistencia de los pueblos oprimidos no es terrorismo. La Ministra Chacón, la mismita que insulta a Venezuela por no prestarse a la odiosa celebración de la «Hispanidad» sabe mucho de empleo sistemático del terror. Por lucro corporativo consiente tremendas sangrías en tierras distantes. No hay soberanía cuando un Imperio tutela cada uno de los movimientos de infundados líderes democráticos de la vieja Europa.

Yo lamento profundamente las mutilaciones y las muertes de hombres y mujeres sometidos a una disciplina y convertidos en fácil carne de cañón. Los veteranos estadounidenses de la guerra del Viet Nam nunca han dejado de denunciar las desatenciones de quienes los enviaron al infierno en su tiempo. No puedo olvidarme de los soldados norteamericanos que han sido pésimamente tratados en hospitales militares de su país de origen y que han quedado prácticamente inválidos de por vida tras haber combatido en Irak.

Pero las víctimas principales siempre han sido y son los niños, las mujeres, los ancianos a los que supuestamente se les iba a dar una vida mejor y más digna. En los Balcanes, Oriente Medio, Líbano,… se suceden las denuncias por violaciones de los derechos humanos cometidas por «Fuerzas de Paz».
En noviembre de 2007, en Kosovo, la Guardia Civil fue acusada de contrabando de alimentos y, por otra parte, hubo expulsiones por alcoholismo y pendencias. No entro en pormenores.

Nuestras huestes, por activa y por pasiva, no son irresponsables de los desmanes que tanta sangre inocente han hecho correr. Hay que marcharse de donde nunca se debió estar , hay que reparar todo lo que se pueda el mal y la destrucción causados.

Es preciso fomentar la verdadera ayuda humanitaria: médicos, maestros, ingenieros, etc. y frenar el saqueo que termina en saco roto.

Miremos con horror y compasión la imagen del joven Brendan Marrocco, quien perdió brazos y piernas en 2009, por obediencia al «manso» Emperador Barack I.
Después meditemos acerca de los significados de «víctima» y de «victimario». Si los guerreros del guerrerismo se echan a la calle para exigir con mayor o menor sentido de la justicia que no sean incomprendidos ni despreciados, otras voces no tendrán cabida en nuestras villas, aldeas y grandes urbes para bramar que nadie hizo nada por los invisibles anónimos sin hogar, sin esperanza a la vista, sin vida.

La vesania del Gran Hombre Blanco aún no porta la bandera de su mismo viso.

http://elblogderaf-raf.blogspot.com

One thought on “Protestas de militares: ¿Quiénes son víctimas del terrorismo?”
  1. Protestas de militares: ¿Quiénes son víctimas del terrorismo?
    Los datos sobre la guardia civil en Kosovo son erróneos y malinterpretados. El propio autor del artículo ha corregido esto en su blog.

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