La religión es una cosa buena en sí, pero en manos de gente dormida, puede hacer mucho daño. Y lo podemos ver muy claramente por la historia de una religión que, en el nombre de Dios cometió tantas barbaridades creyendo hacer el bien. Si no sabes emplear la religión en esencia, en libertad, sin fanatismos ni ideologías de un color u otro, puedes hacer mucho daño y de hecho, se sigue haciendo.

Para despertar hay que estar dispuesto a escucharlo todo, más allá de los cartelitos de «buenos y malos», con receptividad que no quiere decir credulidad. Hay que cuestionarlo todo estando atento a descubrir las verdades que puedan encerrar, separándolas de lo que no son. Si nos identificamos con las teorías sin cuestionar la razón – y sobre todo con la vida – y nos las tragamos almacenándolas en la mente, es que seguimos dormidos. No has sabido asimilar esas verdades para hacer tus propios criterios. Hay que ver las verdades, analizarlas y ponerlas a prueba una vez cuestionadas.

«Haced lo que os digo» -dice Jesús -. Pero no podemos hacerlo si antes no nos transformamos en el hombre nuevo, despierto, libre, que ya puede amar.

«Aunque diera todo a los pobres y mi cuerpo a las llamas – dice Pablo -, ¿de que serviría si no amo?». Este modo de ver de Pablo, se consigue viendo, y nace, ese modo de ser, de estar despierto, disponible y sin engaños.


LA BIBLIA Y EL TELESCOPIO

Por eso os digo: ¡Cuidado al leer la Biblia! Leerla con lógica teniendo en cuenta la cultura de las gentes que la escribieron; la iluminación que trasmiten no tiene nada que ver con el contexto desde donde la escriben. Una cosa es el mensaje y otra el tiempo y las formas. Hay que leerla con apertura, sin apegarse a las formas, sabiendo comprender su esencia. También a Jesús le rechazaron por hereje.

Cuando leáis las escrituras, tened en una mano la Biblia y en la otra el telescopio.

Buscar siempre la verdad. La verdad es lo importante, venga de dónde venga, si de la ciencia, si de Buda, o de Mahoma, lo importante es descubrir la verdad en dónde las verdades coinciden, porque la verdad es una. No se puede tener miedo a mirar por el telescopio.

Hay muchos santos que sin conocer la Biblia, se han encontrado con la realidad. El verdadero texto es la vida. La Biblia nos refiere la vida, y por ello es un medio, pero también un mito que trata de expresar lo inexplicable en palabras, en forma de historias, para que de ella saquemos el significado de la vida que es el mensaje de Dios.

Algunos mitos son históricos y otros no. La vida de Jonás no es histórica, la de Jesús, sí. Nuestra mente humana no está preparada para ver la realidad de la vida y se queda en los conceptos que tratan de expresar el mensaje de esos mitos.

La vida histórica de Jesús se ha convertido en un mito y hay que desmitificarla para recobrar la frescura de un mensaje que está vivo. Dejar fuera de la Biblia los fanatismos, los límites culturales, costumbres y prejuicios del pueblo Judío de aquella época.

Jesús al celebrar la Eucaristía, toma el pan y el vino que era la comida corriente del pobre, lo más asequible en su país. En otros países tienen que importar el pan y el vino para celebrarla, ¿por qué?

Unos Jesuitas misioneros se escandalizaron porque unos orientales celebraban con pan de arroz y zumo de frutas que era lo más asequible allí. ¿Que es lo más importante, la esencia o la forma? ¿El mensaje o el modo? Distinguir lo esencial de lo adicional y no considerar los errores como verdades.

Einstein llegó a probar con la teoría de la relatividad que no siempre la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta, sino que en algunos casos la curva puede acercar esos puntos.

Si tú ves una cosa clara y la experimentas, necesitarás mucha valentía para demostrar algo que va en contra de las creencias generales aceptadas por la sociedad y la religión. Te llamarán loco. Los científicos tienen la ventaja de poderlo demostrar, los iluminados sólo lo pueden vivir. Y sin embargo, las teorías no curan y la fe sí. Ambas pueden ser acertadas o equivocadas. Hay que quitarse los aditamentos culturales y fanáticos para probar la verdad. Lo importante es mirar no al dedo, sino a dónde señala para descubrir la verdad. En eso nos es de gran ayuda la Biblia, que nos revela los datos y actitudes que nos acercan a la verdad.


Ver también:

Tony de Mello: “Autoliberación Interior”