
Publicamos este correo que hemos recibido de Agustín Velloso que contiene dos artículos; uno de Ramzy Baroud y otro, que es respuesta al anterior, del mismo Velloso. A pesar de ofrecer este debate a las personas lectoras de la página, debemos decir que, suscribiendo en general los contenidos de ambos escritos hay una idea varias veces repetida que no es del todo conforme con la ideología de nuestro colectivo: “El pueblo palestino tiene pleno derecho a
combatir esa violencia valiéndose de todos los medios acordes con la
agresión de la que es objeto”.
Ésta no es una idea nueva. La teoría de que todo pueblo oprimido tiene plena legitimidad para elegir los medios que estime convenientes para emprender la lucha conducente a su liberación y que cualquier juicio crítico con tales decisiones ejercido desde el exterior equivale a una actitud colonialista, cuando no imperialista, es un axioma mantenido por una gran parte de la “izquierda” favorable a las luchas armadas de liberación.
En nuestra opinión no tiene sentido ese lavarse las manos y dimitir de realizar valoraciones éticas. Efectivamente cada cual decidirá y actuará según sus propios principios y según la reflexión a la que le lleve el análisis de las circunstancias en las cuales está inmerso. Sin embargo ello no es óbice para que otros/as puedan reflexionar externamente sobre esos medios elegidos, realizar análisis políticos y éticos sobre los mismos y compartir el resultado de su valoración de forma pública por si es de utilidad.
Cabe entender que quienes defienden esa blindada legitimidad para elegir los medios de liberación, cualesquiera sean esos medios, negando el derecho a realizar la menor valoración a terceras partes, es porque de hecho su posición política y moral se basa en la premisa de que el fin justifica los medios y por ende son favorables al empleo de la violencia siempre que sea útil para el fin pretendido. Evidentemente esa no es nuestra posición.
Nota de Tortuga.–
El debate sobre la violencia
Ramzy Baroud y Agustín Velloso
palestinecronicle/countercurrents
Traducido para Rebelión y Tlaxcala por Atenea Acevedo
. . .
El debate sobre la violencia: enseñar al oprimido a combatir la opresión
Ramzy Baroud
En una ocasión, una activista estadounidense me obsequió con un libro de
su autoría con relatos sobre sus experiencias en Palestina, una obra de
gran contenido visual que documenta su viaje a la Cisjordania ocupada,
plagada de puestos de control, alambradas de púas, soldados y tanques. El
libro destaca también cómo el pueblo palestino resiste a la ocupación de
manera pacífica, en contraposición al mensaje que proyectan la mayoría de
los medios de comunicación al vincular a la resistencia palestina con la
violencia.
Más recientemente recibí un libro que enaltece la resistencia pacífica y
se refiere a los autoproclamados combatientes palestinos que han
renunciado a la violencia como “conversos”. El libro narra con gran
detalle varios ejemplos de la forma en que se dieron estas “conversiones”;
parece que un factor clave fue descubrir que no toda la población israelí
apoya la ocupación militar. Los combatientes se dieron cuenta de que un
entorno más propicio a la colaboración entre israelíes y palestinos sería
más favorable para la búsqueda palestina de medios más eficaces para
consolidar la liberación.
Un sacerdote estadounidense me habló de la escalada de la resistencia
pacífica y me mostró los folletos que recogió al visitar a una
organización en Belén dedicada a enseñar a la juventud los peligros de la
violencia y la sabiduría de la no violencia. La organización y sus
fundadores llevan a cabo seminarios y talleres e invitan a oradores
europeos y estadounidenses a compartir sus conocimientos sobre el tema con
el estudiantado (en su mayor parte conformado por personas refugiadas).
De vez en cuando un artículo, video o libro aparece con un mensaje de ese
estilo: se está formando al pueblo palestino en la no violencia, el pueblo
palestino reacciona positivamente a las enseñanzas de la no violencia.
En lo que respecta a los medios y los públicos progresistas y de
izquierda, los relatos que ensalzan la no violencia resultan apasionantes,
pues encienden una luz de esperanza al insinuar que la vía pacífica es
posible, que las enseñanzas de Gandhi no sólo son relevantes para la India
en un momento y lugar concretos de la historia, sino a lo largo y ancho
del mundo, siempre.
Estas historias plantean una y otra vez la pregunta ¿Dónde está el Gandhi
palestino? Y también sugieren la respuesta: Ya existe un Gandhi palestino
en muchas poblaciones cisjordanas que colindan con el Muro del Apartheid
Israelí, personas que confrontan sin violencia el apetito carnívoro de las
excavadoras israelíes que tragan sin parar tierras palestinas.
En una declaración con motivo del reciente anuncio de una visita del grupo
The Elders a Medio Oriente, Ela Bhatt, india y ‘defensora de la filosofía
de la no violencia según Gandhi’, explicó su papel dentro de la misión de
The Elders: “Con gusto volveré al Medio Oriente para hacer patente el
apoyo de The Elders a quienes, israelíes o palestinos, se han comprometido
con la resistencia creativa y pacífica ante la ocupación”.
Para algunas personas el énfasis en la resistencia no violenta constituye
una exitosa estrategia mediática. Sin duda, hay más probabilidades de
atraer la atención de Charlie Rose cuando se habla de cómo palestinos e
israelíes organizan sentadas conjuntas que cuando el tema es la
resistencia armada de algunos grupos militantes que combaten
encarnizadamente al ejército de Israel.
Para otras, las convicciones ideológicas y espirituales son el motor que
impulsa su compromiso con la campaña por la no violencia que, según se
informa, está al máximo en Cisjordania. Estas ideas parecen partir
fundamentalmente de intercesores occidentales.
Del lado palestino la etiqueta de la no violencia también resulta útil: ha
ofrecido una salida a mucha gente implicada en la resistencia armada,
sobre todo durante la segunda Intifada. Algunos combatientes afiliados,
por ejemplo, al movimiento Fatah, han incursionado en expresiones
artísticas o grupos de teatro después de haber portado fusiles automáticos
y encabezado la lista de los más buscados por Israel durante años.
Políticamente, el gobierno cisjordano utiliza la no violencia como
plataforma que permitiría el uso de la palabra moqawama (resistencia en
árabe) sin enredarse en una costosa lucha armada que ciertamente no
sentaría nada bien de convertirse en la estrategia del gobierno no elegido
y visto como ‘moderado’ tanto por Israel como por Estados Unidos.
La resistencia en Palestina siempre se condena, ya sea discreta o
abiertamente. El gobierno de Mahmoud Abbas, de Fatah, constantemente se
refirió a ella como ‘fútil’. Hay quienes insisten en que la resistencia es
una estrategia contraproducente; otros la encuentran moralmente
indefendible.
El problema del tópico de la no violencia es que tergiversa terriblemente
la realidad in situ. Además deja fuera del debate la violencia propinada
por las fuerzas de ocupación israelí en su manifestación cotidiana y letal
en Cisjordania, y en el salvajismo inenarrable en Gaza, y deposita la
carga de la violencia únicamente sobre los hombros palestinos.
En lo que toca a la terrible tergiversación de la realidad, lo cierto es
que la población palestina ha recurrido masivamente a la resistencia
pacífica generación tras generación, incluso desde la larga huelga de
1936. La resistencia no violenta ha sido y sigue siendo el elemento básico
de la moqawama palestina, desde la época de la colonia británica hasta la
ocupación israelí. Al mismo tiempo, algunos palestinos han tomado la vía
de las armas, obligados por un sentido de urgencia y por la crudeza de la
violencia de sus opresores, algo parecido a la lucha violenta de muchos
indios, aun en los tiempos de mayor apogeo de las ideas de Mahatma Gandhi.
Quienes reducen y simplifican la historia de la lucha contra la colonia en
la India cometen el mismo error con el pueblo palestino. La mala
interpretación de la historia suele derivar en una equivocada evaluación
del presente y, por ende, una prescripción errónea para el futuro. Según
ciertas lecturas, los palestinos no tienen manera de quedar bien, no
importa si reaccionan a la opresión de manera pacífica, violenta, con
rebeldía política o total sumisión. En ellos recaerá siempre la carga de
la responsabilidad de proponer una solución haciendo gala de creatividad y
de manera que nuestras sensibilidades occidentales (y muchas veces
nuestras interpretaciones selectivas de las enseñanzas de Gandhi) no se
vean tocadas.
La violencia y la no violencia son, en gran parte, decisiones colectivas
motivadas y moldeadas por condiciones y situaciones políticas y
socioeconómicas concretas. Por desgracia, la violencia de la potencia
ocupante desempeña un papel fundamental en la definición y manipulación de
dichas condiciones. No es de extrañar que la segunda Intifada fuera mucho
más violenta que la primera ni que la resistencia violenta en Palestina
ganara un impresionante impulso después de la victoria de la resistencia
libanesa en el año 2000 y de nuevo en 2006.
Es necesario analizar estos factores con seriedad y humildad, y tomar en
cuenta su complejidad antes de emitir juicio alguno. Ningún pueblo
oprimido debe enfrentar las exigencias a las que constantemente se somete
al pueblo palestino. Bien podría haber mil Gandhis palestinos, bien podría
haber ninguno. La verdad, eso no tendría por qué importar. Sólo la
experiencia única del pueblo palestino y su auténtica lucha por la
libertad pueden expresar lo que ellos, como colectivo, consideran
pertinente para sí mismos. Así sucedió con el pueblo indio, el francés, el
argelino, el sudafricano y muchos otros que lucharon y finalmente lograron
ser libres.
http://www.palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=16348
El pueblo palestino tiene el derecho de resistir a la ocupación por todos
los medios, incluida la no violencia
Agustín Velloso
Una aportación al Debate sobre la violencia de Ramzy Baroud
Como defensor (no musulmán ni árabe) de la causa palestina, siempre me ha
sido difícil hablar, ya no digamos propugnar, la mejor manera de resistir
a la ocupación, en particular cuando dicha ocupación es extremadamente
violenta y en ocasiones genocida.
La moderada crítica de Ramzy Baroud hacia Occidente y otros entusiastas
pregoneros de la paz me ha motivado a plantear un punto de vista distinto,
probablemente más común entre occidentales de lo que los propios
palestinos podrían creer, aunque los medios dominantes, como sucede con
tantas otras problemáticas, han conseguido mantenerlo en las sombras.
Las guerras en Iraq y en Afganistán son dos excelentes ejemplos. No
importa cuántos occidentales levanten la voz y se manifiesten en contra de
la intervención occidental (léase agresión) en esos países. No importa que
el derecho internacional (no digamos un puro y humilde sentido común y de
humanidad) prohíba las guerras de agresión y ocupación. El hecho es que
los presidentes y parlamentos occidentales “democráticamente” invaden y
retiran sus tropas según conviene, “democráticamente” no son llevados a
rendir cuentas en los tribunales por dichos crímenes y sus víctimas están
muertas o abandonadas a su propia suerte… “democráticamente”.
Ya que los occidentales están expuestos, prácticamente a diario y gracias
a los medios, a noticias y “análisis” acerca de la violencia palestina,
todo estudiante de bachillerato que tome clase de ciencias sociales y
salga a las calles a preguntar a los peatones si están en contra de la
violencia palestina verá que 90% de las respuestas es “sí”.
Si la pregunta fuera la siguiente: Suponga que usted vive bajo la más
violenta ocupación militar. ¿Defendería a su familia y a sus compatriotas
con una resistencia acorde a dicha violencia? Si la encuesta se hiciera en
Francia o Yugoslavia podría preguntarse: En su opinión, ¿quienes
resistieron a la ocupación nazi fueron delincuentes o héroes? En España:
¿Cree que los integrantes de las guerrillas españolas que combatieron al
ejército invasor de Napoleón merecen la categoría de héroes nacionales o
fueron unos bandidos? Desde luego, no hay que preguntar a vietnamitas,
argelinos ni libaneses por sus propios héroes a menos que se quiera sacar
cero.
Quienes agonizan bajo la bota de la potencia ocupante conocen mejor el
tema de cómo sobrevivir y superar una ocupación criminal que cualquier
occidental, sea una figura política, miembro de una ONG, viajero que pasa
por Palestina, amante de la paz o, por supuesto, agente secreto
israelí/estadounidense disfrazado de negociador en conversaciones para la
paz.
Únicamente el pueblo palestino (igual que cualquier víctima de una
agresión como la que padece) tiene derecho de decidir la forma de resistir
y liberarse de Israel (o de cualquier otra potencia ocupante).
El papel de quienes apoyan a Palestina, y en realidad de toda persona que
crea en los derechos humanos y la democracia, es tomar partido con el
oprimido y repudiar al opresor. Cualquier otra postura equivale a tomar
partido con el opresor en contra del oprimido y, por ende, hacerse
cómplice del crimen en cuestión.
Apoyar a Palestina implica no caer nunca en las trampas sionistas que
gozan de respaldo en Occidente. Una de esas trampas es la denominada
“violencia” palestina. No hay violencia palestina después de más de 60
años de limpieza étnica y apropiación de tierras palestinas, 40 años de
ocupación militar, casi 20 de conversaciones para la paz cuyo resultado no
ha sido otro que la muerte, la mutilación, el despojo o el encarcelamiento
de miles de palestinos mientras la comunidad internacional sigue
condonando al agresor y presionando al pueblo palestino para que acepte,
sumiso, y se prepare para continuar viviendo de la caridad hasta abandonar
de una vez por todas su causa.
Lo que hacen los palestinos es defenderse. Lo que debemos hacer los demás
es apoyar su derecho a defenderse de manera acorde y cónsona con la
magnitud de la agresión a la que han sido sometidos por generaciones, una
agresión cuyo fin no se vislumbra.
Desde luego, ese derecho asiste a todo pueblo bajo agresión y ocupación en
este criminal y cruel sistema político internacional del siglo XXI.
¿Y qué hay del derecho internacional? ¿Habríamos de alentar al pueblo
palestino a hacer caso omiso del derecho internacional?
Primero que nada, resulta indignante ver que ONG, think-tanks y otros
colectivos con reconocimiento internacional adopten una postura estricta y
exijan de los palestinos el cumplimiento con las pautas del derecho
internacional, las normas de las conversaciones para la paz, las treguas y
un largo etcétera. Por supuesto, exigen lo mismo de Israel, ¿qué otra cosa
podrían hacer mientras lidian de manera “equilibrada” con el lado que
goza, por mucho, de mayor poder?
Es indignante porque ni una sola resolución de la ONU, ningún convenio,
tratado, acuerdo, proceso de paz o cualquier otro instrumento
internacional ha sido capaz de evitar que un soldado israelí se sienta
libre de disparar contra un pequeño o una pequeña palestina, demoler su
hogar, expulsar a su familia o robar su tierra… en los últimos 63 años.
Si quienes se pronuncian a favor del cumplimiento de la ley y demás fuesen
el padre o la madre de uno de esos niños, ¿serían igualmente entusiastas
del derecho internacional? Tengo mis dudas.
El problema para quienes abogan por la justicia en Medio Oriente (y, de
hecho, en el mundo) no ha de radicar en que los palestinos podrían estar
pasando por alto el derecho internacional al defenderse de la ocupación
israelí, sino que el derecho internacional ha demostrado no sólo que es
inútil para las víctimas, sino mortalmente perjudicial.
De ahí la total injusticia al pretender sujetar al pueblo palestino a tal
derecho: ese afán equivale a colocar una soga al cuello del negro que
trata de escapar del linchamiento a manos de una turba de blancos.
Hace mucho que llegó la hora de que los occidentales se sacudan la
propaganda sionista y llamen a las cosas por su nombre. Hay violencia en
Palestina: violencia sionista. El pueblo palestino tiene pleno derecho a
combatir esa violencia valiéndose de todos los medios acordes con la
agresión de la que es objeto y sin interferencia de los amantes de la paz
(que obviamente son amantes de la justicia).
** He tomado prestada la frase “el pueblo palestino tiene el derecho de
resistir a la ocupación por todos los medios, incluso aquéllos no
violentos” de mi amigo Santiago Alba. Muestra la trampa en la que han
caído los occidentales al tratar el conflicto palestino.
La resistencia palestina ¿ha de ser violenta o noviolenta?
Muy interesantes los articulos.
En el primer articulo me parece que peca de demasiado optimismo sobre la no violencia palestina,(no digo que es mentira, solo que me parece que ve sobredimensionado)
En el segundo articulo cuando comenta «Suponga que usted vive bajo la más violenta ocupación militar. ¿Defendería a su familia y a sus compatriotas con una resistencia acorde a dicha violencia? Si la encuesta se hiciera en Francia o Yugoslavia podría preguntarse: En su opinión, ¿quienes resistieron a la ocupación nazi fueron delincuentes o héroes?». No le falta una parte de razon, si nosotros estubiesemos en la situacion palestina no se como nos comportariamos, es facil critricar a los que utilizan la violencia para la autodefensa.
Pero si se consiguiera la paz y la justicia, ¿quien nos dice que estos grupos armados no lucharian violentamente por lograr el poder, y una vez en el poder utilizarian la violencia para no perderela?. Mirando los ejemplos pasados, vietnam, argelia, cuba… Nos sobran ejemplos……………