
En esta página tenemos puestos sobre la mesa sobrados argumentos para denunciar la situación de recorte de derechos inexorable que estamos viviendo. Poco a poco y en virtud de mil cambios legislativos, que comienzan en el código penal y acaban en pequeñas ordenanzas municipales llamadas “cívicas”, las personas de la sociedad cada vez tenemos menos espacios y posibilidades de ser dueños de nuestras vidas. Así es una institución que sabemos bien dominada y controlada por los poderes económicos -nos estamos refiriendo al estado- quien, uno a uno, va secuestrando nuestros derechos.
Aunque para llegar a la aplicación de medidas como éstas se emplean excusas variopintas y se aprovechan a menudo las meteduras de pata de la recalcitrante cúpula católica, es la defensa del «relativismo» la que se invoca en esta ocasión, como se puede leer en el artículo de abajo. Y nos hace gracia tanta defensa del relativismo cuando estamos acostumbradas a contemplar cómo la propia institución que nos gobierna y el sistema económico que le acompaña se revisten a sí mismas de un carácter cada vez más omnímodo y absoluto. En esos principios indubitables que sostienen la sociedad de mercado y consumo así como la tiranía a la que gustan llamar «estado de derecho» es en los que quieren educar a nuestras hijas e hijos. En nombre del relativismo, y de la libertad, claro.
Nota de Tortuga.
Ver también: El más alto poder judicial del estado español prohíbe que los padres eduquen a sus propios hijos en el hogar
El abogado del Estado rechaza el monopolio de los padres en educación cívica
Madrid, 28 dic (EFE).-
El abogado del Estado rechaza que la educación en las virtudes cívicas deba considerarse «monopolio» de los padres, sino que la escuela tiene que contribuir a ello aunque las familias tengan un papel importante en la formación de «buenos ciudadanos».
Este es uno de los argumentos con que el abogado se opone a un recurso de amparo constitucional presentado por los padres de una alumna de segundo de ESO de Castilla y León como objetores de conciencia a la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que reclaman la «invalidación» de preceptos de los Reales Decretos que regulan la materia.
En el escrito de alegaciones, el abogado del Estado asegura que la libertad ideológica y religiosa no faculta por sí misma para dejar el cumplimiento de los deberes impuestos por una norma jurídica al «albur» de un juicio privado que se pretende basado en las propias convicciones, según la jurisprudencia constitucional, con las excepciones conocidas del servicio militar y el aborto.
«Nada tiene esto que ver -explica- con la exención de asistir a clase de materia obligatoria por entender poco neutrales ideológicamente la configuración de las competencias básicas, objetivos, contenidos y criterios de evaluación de una materia obligatoria del currículo».
Si se generaliza la objeción a cualquier materia, agrega, «acabaría con cualquier sistema racional de enseñanza obligatoria».
Es cierto, admite el abogado, que nunca puede descartarse el riesgo de que la reglamentación de una asignatura, así como las normas dictadas por las administraciones educativas, puedan llegar a violar la neutralidad ideológica.
En este caso, la reacción «no puede ser el reconocimiento» de un derecho a objetar, no previsto por la Constitución ni la ley, sino la invalidación por un recurso contencioso administrativo.
Así, más que de objeción debería hablarse de «desobediencia» a unas normas reglamentarias, interpreta el abogado.
También aduce una posible colisión entre la libertad ideológica de los padres objetores y la de su hija y alumna, ya que ésta es «titular» de esta libertad constitucional, a pesar de que fuera menor de edad.
No consta la objeción de la hija, así que «no sabemos a ciencia cierta hasta qué punto los padres actúan en defensa de unas convicciones que la menor comparte o rechaza», argumenta el abogado.
EFE
ABC
«La democracia no pedirá perdón por ser sanamente relativista»
La Abogacía del Estado rebate ante el Constitucional la campaña contra Educación para la Ciudadanía – La enseñanza «no es monopolio de los padres»
JULIO M. LÁZARO – Madrid
El Gobierno rebatió ayer con contundencia uno de los grandes argumentos conservadores contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía: la acusación de que parte del «relativismo moral», denunciado por el Papa como uno de los más graves problemas de Occidente. «La democracia no tiene que pedir perdón por ser un régimen relativista, sanamente relativista», afirmó la Abogacía del Estado, que depende del Ministerio de Justicia, en sus alegaciones ante el Tribunal Constitucional.
«La concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo», dice el abogado del Estado, «que no es más que el otro nombre de su connatural pluralismo ideológico».
La Abogacía del Estado, que dirige Joaquín de Fuentes Bardají, se ha opuesto frontalmente al recurso de amparo presentado por los padres de una niña que cursaba segundo de ESO y que impugnaron la obligatoriedad de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Se trata del primer recurso que llega al Constitucional en esa materia después de que el Supremo anulase algunos pronunciamientos judiciales de Castilla y León y Andalucía favorables a padres objetores. La asignatura se imparte en 5º o 6º de Primaria y en 2º o 3º de la ESO desde 2007 entre intentos de boicot. Algunos tribunales ampararon la objeción, rechazada por el Supremo.
Las alegaciones las firma el abogado del Estado ante el Constitucional Jesús García Torres, quien afirma: «Hoy la objeción recae sobre Educación para la Ciudadanía. Mañana podría objetarse la asignatura Ciencias de la Naturaleza, porque se explica en ella la teoría de la evolución, incompatible con la letra del relato bíblico de la Creación».
Frente a los argumentos iusnaturalistas predicados por Ratzinger y seguidos por los padres objetores, el representante del Estado explica que, por su propia esencia, «el principio pluralista de un Estado democrático exige ciudadanos capaces de juicios morales autónomos» frente a la presión de mecanismos sociales de creación y modelación de opiniones, «llámense confesiones religiosas o medios de comunicación».
«Si los poderes públicos impusieran que existe una ley natural permanente e inmutable, reflejo de la ley divina en la criatura natural, estarían violentado la neutralidad ideológica», asegura el abogado del Estado en sus alegaciones. Y añade: «Si los ciudadanos no son capaces de defender sus derechos fundamentales y no son educados para ello, ninguna ley natural permanente e inmutable los salvará».
En cuanto a la negación por los padres recurrentes de que el Estado pueda constituirse en «educador en las virtudes cívicas o formadoras de la afectividad y los sentimientos», replica que de la Constitución «no resulta que la educación o las virtudes cívicas deba considerarse monopolio de los padres». «Estos pueden y deben tener un importante papel en la formación de buenos ciudadanos, pero también la escuela ha de contribuir a ello», añade. Es más, «la formación democrática de los ciudadanos dentro del sistema educativo es constitucionalmente imperativa».
Frente al argumento de los objetores de que se puede acabar denigrando como «prejuicio homófobo» las concepciones que defienden el matrimonio heterosexual, la réplica es: «El objetivo de la asignatura es educar en la igualdad, lo que obliga sobre todo a que los alumnos aprendan a reflexionar sobre la exclusión y la discriminación, casi siempre basadas en el prejuicio. No cabe confundir el repudio de la discriminación por motivos de orientación sexual con la recomendación de prácticas homosexuales».
En otro apartado de sus alegatos, el abogado del Estado sostiene en que las anteriores instancias judiciales no se debatió la posible colisión entre la libertad ideológica de los padres objetores y la de su hija alumna. La libertad de creencias asiste a los menores en su derecho a no compartir las convicciones de los padres o a no sufrir sus actos de proselitismo. Pero solo consta la objeción del padre, no la de la menor, que no fue consultada, por lo que «no sabemos a ciencia cierta si la menor comparte o rechaza esas convicciones de los padres».
Los padres de la niña impugnaron genéricamente los tres decretos que implantaron Educación para la Ciudadanía en Primaria, ESO y Bachillerato. El abogado del Estado no les considera legitimados porque el recurso inicial se formuló cuando la niña estaba en segundo de ESO, y por tanto, no pueden pretender que se declare nulo el de educación Primaria ni tampoco el de Bachillerato.
El País
El gobierno español dice que es el estado y no los padres quien tiene la potestad de educar a los hijos
Hay cosas de la entradilla del artículo en las que estoy de acuerdo y cosas en las que no, cosas de la posición del abogado de Estado (que no el gobierno, aunque venga a ser lo mismo) en las que estoy de acuerdo y cosas en las que tergiversa, pero no veo que pueda aportar mucho diseccionando todo el artículo.
Ahora bien, si que me gustaría comentar dos puntos, uno de la entradilla y otro relacionado de la posición del abogado del Estado. Dice la entradilla que por parte del Estado se emplean excusas variopintas y se aprovechan a menudo las meteduras de pata de la recalcitrante cúpula católica, como si las meteduras de pata de la recalcitrante cúpula fueran una especie de chirimiri ante el que se puede permanecer indiferente. Tal y como entiendo la entradilla, parece que daría igual que el Estado agrediese los derechos del ciudadano invocando las meteduras de pata de la recalcitrante cúpula y que los agredise invocando un fenómeno natural inevitable e inofensivo como el chirimiri: ambas serían excusas variopintas que nos distraen de lo fundamental, la agresión contra los derechos.
Por contra, creo que no deben minusvalorarse las presuntas meteduras de pata de la recalcitrante cúpula católica a la hora de valorar polémicas como la que menciona el artículo, que tiene puntos de conexión pero también diferencias con otras agresiones a los derechos individuales. Primero, me parece muy complaciente con la recalcitrante cúpula referirse a sus consignas como ‘metedura de pata’, como si su secular ataque contra la libertad y autonomía de los individuos fuese un pequeño error dentro de una intención en general sana: lo que la entradilla llama ‘meteduras de pata’ son parte del muy deliberado bombardeo con que ese club sadomasoquista (cúpula y cupulados) viene defendiendo sus privilegios materiales e inmateriales. Mi opinión es que con sus tonterias y con su obstruccionismo, la Iglesia Católica no sólo está atacando al Estado sino que está atacando a la enseñanza pública; la enseñanza pública tiene muchos problemas, pero a la hora de decidir a quien tengo que defender, entre la enseñanza pública y una secta que tiene por finalidad reducir los espacios y posibilidades que las personas tienen para ser dueñas de sus vidas no me caben dudas.
Es cierto que si se da la razón al Abogado del Estado, se sentará un peligroso precedente que puede afectar a otras experiencias de las que hemos hablado aquí, como la enseñanza en casa. Si el Abogado del Estado esgrimiese las mismas ideas respecto a los padres que educan en casa, incurriría, en mi opinión, en error, pues desde un sano relativismo -que en este caso comparto-, las iniciativas de algunos padres de educar sin escolarizar deberían ser tratadas con respeto y sin hostilización por parte de la burocracia del sistema. Ahora bien, sé bien que el Estado y sus abogados no se andarán con estas sutilezas, y esto es un argumento más para combatir las presuntas meteduras de pata de la recalcitrante cúpula, que por su egoísmo crea polémica donde no la hay, por su egoísmo da al Estado pretextos que nos comprometen a los demás, y por su egoísmo desvia la atención de los problemas y de las alternativas serias.
Parece que la entradilla no da importancia a un punto de mucho interés de la posición del abogado del Estado:
La libertad de creencias asiste a los menores en su derecho a no compartir las convicciones de los padres o a no sufrir sus actos de proselitismo. Pero solo consta la objeción del padre, no la de la menor, que no fue consultada, por lo que «no sabemos a ciencia cierta si la menor comparte o rechaza esas convicciones de los padres».
Creo que este es un punto importante a la hora de esta polémica, pues estamos hablando del carácter liberticida del Estado y de sus agresiones a los individuos como si hubiera una línea clara de demarcación entre esas libertades naturales y la artificial imposición estatal, y como si esa línea estuviera trazada por la familia. No soy de los que impugna en general a la familia, y eso lo hago porque le doy el mismo trato que a la enseñanza pública, es decir, no generalizo sobre los muchos defectos nada casuales que en muchas ocasiones manifiesta. Aunque sea verdad que la enseñanza pública hoy por hoy contribuye más a la defensa del sistema que a su superación, tampoco se puede negar que el trabajo de muchos enseñantes contribuye a ampliar las perspectivas de los alumnos en general, y en particular las de aquellos que, gracias a la exposición a otras realidades que les ofrece la escuela, pueden emanciparse de familias que son la negación constante de que las personas que las forman encuentren espacios y posibilidades de ser dueños de sus vidas.
El gobierno español dice que es el estado y no los padres quien tiene la potestad de educar a los hijos
Ya, pero al final no dices nada. Todo tiene cosas buenas, todo tiene cosas malas, y a seguir como íbamos…
El gobierno español dice que es el estado y no los padres quien tiene la potestad de educar a los hijos
Es que no hay milagros.
El gobierno español dice que es el estado y no los padres quien tiene la potestad de educar a los hijos
Con cierta expectación espero –valga la redundancia- una futura publicación prometida a Tortuga sobre la función política de la Iglesia Católica. Desde luego no me parecía el tema principal del artículo, pero como sí es tema importante del comentario de Crates paso a comentar alguna cosa sobre el tema.
Comprendiendo la realidad de los países occidentales, opino que la situación actual de tiranía política y económica en la que vivimos (en la cual como se sabe poder y riqueza se concentran en muy pocas manos, a pesar de artificios como las elecciones que tratan de hacer creer que el poder está repartido entre todas las personas, y de artificios como la redistribución pública estatal que hacen creer que gran parte de la riqueza idem), para mantener su sofisticada puesta en escena de engaño-complicidad masiva utiliza algunos recursos de marketing. Hay muchos, pero uno de ellos es cierta oposición dialéctica (muy hegeliana) entre fuerzas en aparente lucha entre ellas.
A día de hoy esa lucha se escenifica entre fuerzas progresistas y fuerzas conservadoras. Por un lado, en el bando progresista encontramos la socialdemocracia en pleno, con todos los partidos políticos y sindicatos empeñados en defender conquistas sociales, estado del bienestar y en ampliar relativizando las fronteras de cualquier moral preexistentes (viva Nietzsche y la modernidad…). En el bando conservador encontramos fuerzas que tratan de evitar cambios en principios morales asumidos legalmente (la ley es hoy por hoy el único determinante de lo moral), que gustan de una mayor cantidad de mecanismos de control social y que vienen apostando en estos momentos también (que no siempre) por una mayor descentralización de lo estatal en beneficio de su sucursal y hermano gemelo, la gran empresa. Como digo estas diferencias son teatro puesto que en prácticamente todo lo básico del programa todos los actores de los dos bandos están más que de acuerdo. Y el teatro es lo que ayuda a que el sistema vaya mutando y evolucionando para siempre seguir consolidando su concentración de poder-riqueza en pocas manos. Así nos la dan pero que muy con queso y podemos darnos cuenta de que los mayores cambios en cuanto trasvasar recursos públicos a lo privado, recortar derechos laborales y políticos, desarrollar el militarismo etc. se dan usualmente con gobiernos del espectro progresista. El bando conservador, desde la oposición, escenifica su desacuerdo con unas y otras cosas, pero cuando accede al poder se guarda muy mucho de desandar paso alguno –incluso los pasos de moral social que también se necesitan para dar una imagen de actualización y modernidad al todo- y se dedica a consolidar lo anterior. Y vuelta a empezar.
Y todo este rollo lo escribo para decir que la Iglesia Católica fue una fuerza reaccionaria chunga en la edad media y postrimerías, pero que desde hace al menos cien años no es más que el espantajo visible de la ficticia parte conservadora del sistema, dedicada y especializada en absorber miradas y voces críticas y hacer una función de a modo de chivo expiatorio. Siempre se necesitan los malos de la película, y esta gente eso lo hace a la perfección.
Mientras nos dediquemos a preocuparnos de, ¿cómo lo decías? “su secular ataque contra la libertad y la autonomía… el deliberado bombardeo con el que esta cúpula de sadomasoquistas defiende sus privilegios…” igual no tendremos tantos ojos para mirar a la verdadera fuente, no del ataque, sino del directo secuestro de la libertad, la autonomía y de postre la riqueza, que no es otro que el binomio estado-sistema capitalista.
Es mi opinión, claro y espero que sea discutida porque eso es lo sano, pero sinceramente yo creo que la Iglesia Católica está plenamente integrada en el falso equilibrio este hegeliano del que hablaba. La Iglesia Católica, a lo largo del siglo XX, fue aristocrática, fue monárquica, fue republicana, fue franquista, fue roja, fue independentista y hoy es afiliada al socialdemócrata (y lo digo muy en serio) Partido Popular. Es decir, ha jugado a todas las barajas aliándose con unos y con otros. Por su parte aquellos que teóricamente eran sus enemigos naturales no solo la han tolerado sino que la han hecho prosperar. Véase que con los gobiernos del PSOE –también en esto pasa- han aumentado las subvenciones y privilegios a la Iglesia y a su sistema educativo privado. Últimamente estos privilegios, en lugar de extinguirse en línea con la teórica laicidad constitucional, se van ampliando a otras confesiones religiosas. Y eso que la I. Católica no hace otra cosa que perder adeptos, fieles a sus misas, clientes a sus colegios etc. Pero es una de esas cosas que tanto los conservadores como los progres van a subvencionar todo lo que puedan para que les dure. Les viene pero que muy bien. Creo que hay poco más que comentar sobre el porqué estas cosas son así, y la entradilla del artículo está más que bien traída. Los jerarcas católicos escenifican sus estúpidas protestas y ello da pie al estado a restringir derechos. Curiosamente de esa restricción de derechos jamás saldrá perjudicada la Iglesia Católica y sí otras instancias sociales. Nada de esto es casual y no deberíamos caer en la trampa de mirar en la dirección que pretenden que miremos.
El tercer párrafo del comentario de Crates concluye sus afirmaciones sobre la I. Católica diciendo que “…a la hora de decidir a quien tengo que defender, entre la enseñanza pública y una secta que tiene por finalidad reducir los espacios y posibilidades que las personas tienen para ser dueñas de sus vidas no me caben dudas.” Y mi apostilla es fácil. Por un lado creo que sería un fatal error considerar que las dos citadas son las únicas alternativas posibles. Un error en el que mucha gente cree, y tampoco por casualidad. Por otro lado, en mi opinión insisto, las censuras de Crates (…su fin es reducir los espacios y posibilidades para que las personas sean libres…) se aplican plenamente a los dos sistemas educativos por él comparados. Exactamente igual.
A continuación Crates pone sobre la mesa otra interesante cuestión que no había sido abordada en la introducción del artículo: ¿Es factible una línea de demarcación entre la libertad del menor y lo que sería una intromisión agresiva externa en la construcción de su sistema de pensamiento? Creo que estaremos de acuerdo en que no es posible fijar de forma objetiva tal cosa. El individuo en tanto que niño o como persona en proceso de maduración a fuerza ha de recibir conceptos desde otras personas. Ahora bien, en mi opinión el mayor respeto a su libertad se produce cuando esos elementos educativos proceden de personas que le quieren, personas de su entorno, de su ámbito cercano, de su familia, de su comunidad, de quienes son socialmente sus iguales. Quizá eso no redunde en un mayor grado de formación técnico-teórica, o quizá sí. Pero es que la educación no es solo –o no debería serlo- una cuestión de conseguir títulos para acabar formando parte del “mercado” laboral, y creo que en eso también estaremos de acuerdo.
La última parte del comentario de Crates me resulta, como alguien decía, un tanto ambigua, ya que ve beneficios y pérdidas tanto en la educación estatal como en la particular. No digo que no los haya, pero no me convence la justificación que trata de defender la enseñanza pública. Que dentro de un sistema perverso haya determinados individuos “majos” no lo hace bueno. Las excepciones sirven para eso, para producir excepciones. Y para valorar el sentido del sistema educativo público en los estados occidentales, el qué representa, el cómo está diseñado y cuales son sus fines lo tenemos fácil. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor y ver cómo son en cuanto a cosmovisión, a valores morales y éticos, formación intelectual, inquietud espiritual etc. las mayoría de las personas (¿o deberíamos llamarles “ciudadanos”?) que conforman la sociedad.
Que el sistema corte las alas a otras formas de educar es más que revelador.