A bombo y platillo se acaba de inaugurar la línea de alta velocidad (AVE) Madrid-Valencia. Socialistas y populares, se han apresurado a posar en la foto de familia y a reivindicar la maternidad y paternidad de la criatura. El presidente del Gobierno ha manifestado que con esta obra «se demuestra al mundo que España es un país próspero y que atendemos a las demandas de los ciudadanos». ¿De verdad es ésta la prioridad que demandan los ciudadanos de este país y de esta Comunidad? ¿Cómo es posible que un país y una Comunidad que lideran las cifras del paro en Europa, que comparten los índices de fracaso escolar más elevados o que presentan unas de las tasas más altas de pobreza, sea paradógicamente el país que tiene la red de AVE más extensa de Europa con 2.665 kilómetros, más que Francia (1.896 kilómetros), que Alemania (1.285 kilómetros) o que Japón (2.534 kilómetros) y que para 2015 llegará a alcanzar los 7.000 kilómetros?

El AVE es una infraestructura costosísima que no se corresponde con el nivel económico de España ni con los recortes sociales que venimos sufriendo la mayoría de los españoles. El coste medio de cada kilómetro de AVE ronda los 15 millones de euros (entre los 12 y los 30 millones de euros, según las dificultades geológicas y la necesidad de túneles o viaductos). La inversión en la línea Madrid-Valencia ha ascendido a 6.600 millones de euros y se enmarca en un macro proyecto de alta velocidad en la zona mediterránea, incluida la llegada del AVE a Alicante y Murcia, cuya intervención total sumará 955 kilómetros de trazado y una inversión de 12.410 millones de euros. ¡Unas cifras que producen vértigo!

Sin embargo, disponer de una red ferroviaria más extensa no significa tener mayor volumen de viajeros. En 2009 la alta velocidad transportó en España un total de 11,5 millones de pasajeros. Según el catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, Germà Bel, el pasaje español representa sólo el 7% del japonés, el 15% del francés o el 30% del alemán y sostiene que «para recuperar la inversión realizada, una línea de alta velocidad de 500 kilómetros debe transportar, al menos, nueve millones de pasajeros al año», cifra muy alejada de los 3,6 millones de pasajeros que se prevén transportar en 2011 en la línea Madrid-Valencia. Hablar de rentabilidad de las líneas de AVE, vistos los altos precios previstos de los billetes normales (80 euros por trayecto el de Valencia y por encima de los 100 el de Alicante), prohibitivos a todas luces para el ciudadano medio español, es más que dudosa.

El empecinamiento de los sucesivos gobiernos del PSOE y del PP en construir estas costosísimas infraestructuras obedece a razones exclusivamente políticas, pero suponen una sangría insoportable para este país. Por este motivo la diputada autonómica y candidata a la Presidencia de la Generalitat por Esquerra Unida, Marga Sanz, ha rechazado la invitación para participar en el viaje inaugural. EUPV ha denunciado este derroche porque entiende que, antes que la alta velocidad, existen otras prioridades, como son las redes y líneas de cercanías y trenes regionales que son las que pueden unir y vertebrar las comarcas del Pais Valencià. Las líneas de cercanías son los medios de transporte populares que los ciudadanos usan masivamente en las grandes ciudades para desplazarse a los centros de trabajo o a los centros de estudio y no las líneas de AVE reservadas casi exclusivamente para ejecutivos, personas de negocios y capas sociales más ricas.

En la provincia de Alicante la red de cercanías es la gran asignatura pendiente: la línea Xàtiva-Alcoy que sigue esperando desde hace más de 20 años, «los viajeros que hacen el trayecto Valencia-Alcoy tardan dos horas, media más que el trayecto Valencia-Madrid en AVE», la conexión entre Gandia y Dénia, duplicando la vía entre Cullera y Gandia, y la construcción de los dos tramos, el Gandia-Dénia-Alicante (línea ferroviaria de la costa), el tramo Alicante-Torrellano-Elche/Crevillent, que permita la conexión con el aeropuerto de L’Altet, y la histórica reivindicación del desdoblamiento de la línea de Alicante hasta Villena. No es posible que entre Villena-Elda-Alicante sólo circulen tres trenes regionales diarios en ambos sentidos (4,90 euros) mientras cuatro trenes Alvia y cuatro Talgos lo hacen triplicando el precio del billete (15,70 euros). Es necesario y urgente un servicio de trenes de cercanías a precios populares, con un sustancial aumento de la cantidad y la calidad de los trenes y de las frecuencias.

Una pasajera del primer viaje del AVE Madrid-Valencia lo calificaba de «auténtico lujazo». Este país no está para estos lujos, sino para satisfacer las necesidades reales y cotidianas de la mayoría de ciudadanos que pagan con sus impuestos estas infraestructuras, incluidos los miles de ingenuos españoles que nunca usarán el AVE.

JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ CABELLO

Coordinador local de Esquerra Unida de Alicante

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