El telediario de la Uno se hacía este mediodía eco gozoso de la noticia inauguratoria sin cuestionar nada, faltaría más. El único pero, con sordina, lo colocaban en el hecho de que el engendro, ni siquiera culminado del todo, ha costado por ahora cuatro veces más de lo previsto: de cien a cuatrocientos milloncejos de euros. Pero no se preocupen ya que, como añadían los guionistas del telediario, es dinero “bien empleado” si convierte a la ciudad en un referente cultural que atraiga visitantes que amorticen la inversión. Es digno de escándalo ver cómo se ríen de nosotros. Sería más que didáctico haberle puesto cámaras ocultas a todos esos dineros a ver en cuantas cuentas de arquitectos, técnicos, políticos y enchufados se van repartiendo por el camino. Y no se vayan todavía que aún hay más: hay que rematar la faraónica obra, dotar material y económicamente las nuevas instalaciones y luego colocar a todos los amigos y familiares posibles a chupar de este piramidal bote. Nota de Tortuga.


Anxo Luxilde

El último símbolo de la desmesura de la burbuja económica española abre hoy sus puertas en Santiago de Compostela en forma de imponente contenedor cultural. Los Príncipes de Asturias inauguran los dos primeros edificios de la Ciudad de la Cultura, el impactante complejo diseñado por el arquitecto norteamericano Peter Eisenman para la Xunta de Galicia. Su coste actual se estima en casi 400 millones de euros, cerca de cuatro veces más de lo presupuestado. Casi diez años después de empezar las obras, la Xunta reconoce que prepara la redefinición de uno de los espacios clave, el centro de arte, y el Ayuntamiento de Santiago se queja de los deficientes accesos.

El monte Gaiás acoge este controvertido homenaje a la belleza en sí misma. Porque tras cientos de páginas de periódicos, una comisión de investigación parlamentaria, algún atentado de grupúsculos independentistas, toneladas de piedra, metal y cristal, la intervención de los tres partidos gallegos e infinitos debates una pregunta flota sobre Galicia: ¿para qué se hizo?

“La Ciudad de la Cultura está llamada a ser un icono cultural y tecnológico”, sostiene Roberto Varela, consejero de Cultura de la Xunta. Sobre este diplomático, ex cónsul en Nueva York, recae el desafío de gestionar la apertura del complejo, ideado por Jesús Pérez Varela, último consejero de Cultura de Manuel Fraga, quien considera el proyecto “un sueño”. Otro de los pocos defensores ha sido el alcalde de Santiago, el socialista Sánchez Bugallo, frente a las fuertes críticas de la coruñesa ‘La Voz de Galicia’.

Tras la caída de Fraga, la Xunta de PSOE y BNG se planteó poner fin a las obras, idea desechada con el argumento de que, cuando ya estaba en funciones, Fraga adjudicó los últimos contratos. La actual Xunta, de nuevo del PP, dicen en privado que la Ciudad es “una ida de olla” que hay que aprovechar como un imán que multiplique el tirón de Santiago. Pero la capital de Galicia, fin del Camino, no es el Bilbao posindustrial y no necesitaba reiventarse.

Hasta ahora fallaron los intentos de convertir el monte Gaiás en un proyecto de Estado, en la sede de alguna institución estadounidense como el Moma y en el puente cultural con Latinoamérica. Hoy se inauguran el archivo y la biblioteca de Galicia. Y este año deben abrirse también elmuseo de Galicia y los servicios centrales. El centro de la música y artes escénicas no se empezará a construir antes de tres años. La ejecución del sexto inmueble, concebido primero como un museo de tecnología y después como un centro de arte, dependerá de la crisis. Y es que a la Ciudad le persigue el mal fario, pues abre justo cuando el paro se dispara en Galicia.

El monte Gaiás alberga el sueño de Fraga y también de Eisenman, el arquitecto que diseñó el monumento al holocausto de Berlín. Ganó el concurso convocado por la Xunta, en el que un miembro del jurado, Wilfred Wang, ya advirtió que los costes se iban a disparar desde los iniciales 108 millones. La Ciudad dista unos dos kilómetros de la catedral de Santiago, en una colina, dominada ahora por las ondulantes formas de piedra y cristal del coloso diseñado por Eisenman, bajo la inspiración de la trama del casco histórico santiagués y la concha de la vieira. Nació en la España del despilfarro y se abre en la del colapso económico, como un monumento a la burbuja.

La Vanguardia