Ni uno ni otras tratan de superar las desigualdades originales entre los seres humanos, ni pretenden aunque lo aparenten, justicia social alguna, ni les importa un adarme los derechos humanos.

Todo son simulaciones por parte de quienes detentan el poder y quienes gravitan en torno a él. Me refiero al poder político, al poder económico al poder científico y al poder que ejerce el control social. Pero siendo así de odioso y siendo tan romo de verdadera inteligen­cia, quizá lo peor de todo del sistema es su soberbia, su pretenciosi­dad, su jactancia, la naturaleza de su pensamiento que se describe como “único”. Nada interesa que no sea él y sólo él. Hay movimien­tos y esfuerzos aislados por superar sus la­cras, pero los que existen realmente son llevados a cabo por grupos, asociaciones o clubs que en realidad cuentan muy poco por mucho ruido que intenten hacer. Por eso que él y sólo él cuenta, ignora todo cuanto proceda del exte­rior y fuera de las superestructu­ras socioculturales establecidas. Y lo que no ignora, lo desprecia. Hay media docena de verdades también únicas que son las que le hacen funcionar: “verdad de mercado”, “verdad de religión”, “verdad de ciencia”, “verdad de costumbres”, “verdad de política” y “verdad de pensamiento”; todas, verdades in­conmobibles; todas, verdades dogmáticas, todas, verdades que se pretenden universa­les.

De este estado de cosas y desde este panorama intelectivo vienen el resto de los corolarios: la ciencia occidental es la única verdadera, la religión cristiana es la única verdadera, el mercado libre es lo único verdadero, la verdad política de la democracia occidental es lo único que funciona… Los pensamientos restantes son marginales o despreciables, o todo lo más exóticos. Fuera del sistema está el abismo, el precipi­cio, la ignorancia y el error. Hoy no hay un Santo Oficio institucionali­zado porque hay otras fuerzas más o menos su­brepticias que lo impiden. Pero sí hay un Santo Oficio en cada una de las insti­tuciones internacionales o nacionales según los casos. El FMI, el Banco Central, el Pentágono, el Periodismo, la ONU, la OCDE, el Vaticano, la UNESCO, la OMS y el Foro de Davos. Todo lo que no pasa por estos tribunales superiores no existe, como no existe nadie ni nada que no haya pasado por una patalla de televi­sión.

Y todo lo que no haya sido sancionado por cualquiera de esos ins­titutos es anatema. Por eso, pese a proclamarse a los cuatro puntos cardinales que en las democracias occidentales hay libertad y sólo la democracia capitalista es el menos malo de los sistemas posibles, se persigue abierta o indirec­tamente el comunismo, la astrología, la homeopatía, las lla­madas ciencias ocultas y todo aquel médico que ensaye un descubrimiento que no esté bajo control de los tribunales científicos y menos aún de los Laboratorios. Todo lo que no es vati­canismo es secta y todo lo que no tiene a cristo en su cabecera es herejía. No han ser­vido de mucho las luchas contra la intolerancia li­bradas en Europa y en el mundo. La diferencia con otros tiempos está en que las verdades son más difusas y quienes las administran las protegen con más astucia que ruido. Fuera del occidentalismo no hay salvación. Todo lo que no figure dentro de él es instrusismo y hete­rodoxia.

Hace un par de días escribí un artículo a propósito de otro artículo publicado por una persona que lidera un club para el “avance” del pensamiento, y otra que lidera otro club “escéptico”. No importa que eso de pretender un pensamiento “avanzado” sea equívoco pues a menudo lo que parece progreso es retroceso o estupidez. No im­porta que quien es escéptico (puesto que el escepticismo no es sino una doctrina filosófica que niega que exista la verdad y que si existe el ser humano es incapaz de llegar a ella) no se pro­nuncia positiva­mente sobre nada pues si se pronuncia no es escép­tico sino dog­mático. No importa, pues ambos se pronunciaron de­moledoramente contra la Homeopatía pese a ser la Homeopatía una práctica que tiene doscientos años extendida por Europa, y miles de médicos universitarios que la aplican. No importa que el principio de contra­dicción -uno de los tres pilares de la lógica formal- no tenga el mismo significado que en otras latitudes del pensamiento en las que una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo (una estre­lla existe y no existe al mismo tiempo: existe en cuanto a que nos llega la luz que navega desde ella por el espacio, pero no existe en cuanto a que dejó de existir hace millones de años.

Y todo esto es por lo que digo, porque la fatuidad del pensamiento occidental pre­dominante es, además de inaguantable, excluyente como no hay otro. Y poco importa, en fin, que si la ciencia occiden­tal, estricta­mente hablando, merece algún respeto es por su pruden­cia. Pero esa pru­dencia es justo lo que ni respetan ni divulgan sus más profa­nos e ignorantes va­ledores.

El caso es que el Tribunal Superior de Bombay ha rechazado la demanda de una ONG (perteneciente, cómo no, al pensamiento único) para que se persiga por estafa a los astrólogos. La sentencia dice que ya se pronunció en 2004 sobre este asunto y dictaminó que la astrología es una ciencia.

No creo que noticias como ésta sirvan para algo o para una cura de humildad de los incorregibles. Pero haber otras culturas, otro pensamiento, otras ciencias, otras matemáticas… haylas. En todo caso, no saben los pobres ignorantes occidentales que el saber puede que resida en Occidente, pero la sabiduría tiene su sede en Oriente.

Jaime Richart

Kaos en la Red