La codicia es la única enfermedad en que los síntomas los padece una sola persona y las secuelas toda una sociedad.
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De las cosas A la mayor parte de nosotros nos interesan las cosas y para comprender nuestra justa relación respecto a ellas, se requiere inteligencia, que no es ascetismo, ni afán adquisitivo; no es renunciación, ni acumulación, sino que es el libre e inteligente darse cuenta de las necesidades sin depender afanosamente de las cosas. Cuando comprendamos esto, no existirá sufrimiento por desprenderse de algo, ni el dolor de la lucha de la competencia. ¿Somos capaces de examinar y comprender críticamente la diferencia entre las propias necesidades y la dependencia psicológica de las cosas?
Nuestra relación con las cosas se basa en la codicia. Pero ¿ cuándo se transforma en codicia la necesidad? ¿No es acaso codicia que el pensamiento, percibiendo su propia vaciedad, su propia falta de mérito, proceda a investir las cosas de una importancia mayor que su propio valor intrínseco y en consecuencia crea dependencia de ellas?
Esta dependencia puede producir, claro, una especie de cohesión social: pero en ella siempre habrá conflicto, dolor y desintegración. Tenemos que clarificar nuestro pensamiento y podemos hacerlo si en nuestra vida diaria llegamos a darnos cuenta, conscientemente, de esta codicia y de sus aterradores resultados. Este darse cuenta conscientemente de la necesidad y de la codicia, ayudará a establecer una buena base para nuestro pensar.
La codicia, en una forma u otra, es siempre la causa del antagonismo, del odio nacional despiadado, y de las brutalidades sutiles. Si no comprendemos la codicia y la combatimos, ¿cómo podemos comprender la realidad que trasciende todas estas formas de lucha y sufrimiento?
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De las cosas
A la mayor parte de nosotros nos interesan las cosas y para comprender nuestra justa relación respecto a ellas, se requiere inteligencia, que no es ascetismo, ni afán adquisitivo; no es renunciación, ni acumulación, sino que es el libre e inteligente darse cuenta de las necesidades sin depender afanosamente de las cosas. Cuando comprendamos esto, no existirá sufrimiento por desprenderse de algo, ni el dolor de la lucha de la competencia. ¿Somos capaces de examinar y comprender críticamente la diferencia entre las propias necesidades y la dependencia psicológica de las cosas?
Nuestra relación con las cosas se basa en la codicia. Pero ¿ cuándo se transforma en codicia la necesidad? ¿No es acaso codicia que el pensamiento, percibiendo su propia vaciedad, su propia falta de mérito, proceda a investir las cosas de una importancia mayor que su propio valor intrínseco y en consecuencia crea dependencia de ellas?
Esta dependencia puede producir, claro, una especie de cohesión social: pero en ella siempre habrá conflicto, dolor y desintegración. Tenemos que clarificar nuestro pensamiento y podemos hacerlo si en nuestra vida diaria llegamos a darnos cuenta, conscientemente, de esta codicia y de sus aterradores resultados. Este darse cuenta conscientemente de la necesidad y de la codicia, ayudará a establecer una buena base para nuestro pensar.
La codicia, en una forma u otra, es siempre la causa del antagonismo, del odio nacional despiadado, y de las brutalidades sutiles. Si no comprendemos la codicia y la combatimos, ¿cómo podemos comprender la realidad que trasciende todas estas formas de lucha y sufrimiento?