
ANÁLISIS | EL AUTOR DEFIENDE QUE LOS TUNECINOS PIDEN LIBERTAD, NO DEMOCRACIA
Túnez, ¿de qué revolución hablamos?*
Conocemos bastante poco del movimiento social que está viviendo Túnez desde hace unas semanas. La repetición constante de la palabra “revolución” acaba vaciándola de su significado y dándole un sentido ordinario, trivial. En el caso de Túnez, se trataría de una “revolución de jazmines”, como si fuera necesario resultar “agradable” con el fin de aparecer bajo el resplandor inventado de la “democracia”.
Gérard Prévost, Profesor de Sociología de la Universidad de París 8
¿De qué revolución estamos hablando? Desde un análisis sociológico riguroso, sólo podemos hablar de una situación pre-revolucionaria, que puede desembocar probablemente en una revolución política, es decir, en una renovación constitucional de las instituciones de reproducción del sistema de clases.
Para ser una revolución no solamente política sino también social, es necesario que el poder económico cambie de manos, es decir, que se despoje de las antiguas categorías dominantes en la economía y, correlativamente, en el sistema de decisión político. Y eso no es lo que se está jugando en Túnez en estos momentos.
En cuanto a la democracia, es algo que no se concibió en los países del Magreb tras la colonización. En estos países, la democracia sólo se formuló en el marco de la filosofía liberal, basada en el mercado, norte americana y obviamente europea; nunca se incluyó en el marco de reflexión que movilizaron los pensadores de la revolución francesa que pretendían hacer pedagogía política y pensar la ciudadanía. Hoy en día se da a la palabra “democracia” un valor mágico, cuando en realidad sólo parece tener un significado: elecciones “democráticas” y dos partidos dominantes.
El movimiento actual en Túnez, como cualquier otro movimiento de este tipo, no reclama tanto la «democracia» sino más bien la «libertad». Es el sentido inmediato, concreto que la gente tiene de democracia, pues ¿qué es una elección democrática? Incluso en Europa, es discutible. La democracia es una noción ideológica ligada a los efectos de la «mundialización ideológica», que tiende a generalizarse a través del tríptico «democracia, capitalismo y ciencia-técnica», como un tipo de prescripción hacia la «modernidad». De ello puede deducirse la existencia de una relación funcional que conduce, no sólo a la reorganización planetaria de las relaciones de dominación entre los Estados nacionales, sino también a su reproducción, reinstalando en su lugar jerárquico los antiguos territorios colonizados, convertidos en Estados nacionales después de la independencia, y por consiguiente, presumiblemente independientes.
Ahora bien, la relación entre «mercado» y «democracia» es una jugarreta histórica que ha borrado la historia social en provecho de un paradigma que ha producido la oposición artificial entre «totalitarismo» y «democracia», así como las representaciones actuales de la «modernidad». De ahí el vigor de una nueva historia, a veces revisionista, que descalifica tanto a los movimientos anti coloniales, como a los antiliberales que han formado los estados sociales redistribuidores o que han recusado la apropiación privada de las riquezas producidas por el trabajo humano. El vínculo entre «libertad» y «democracia» no contiene una virtud «anti totalitaria» por sí solo, como si el mercado fuera sinónimo de libertad.
Es el capitalismo quien tiene necesidad de libertad, se olvida demasiado a menudo. La libertad está ahí para servir a sus intereses. El momento tunecino es sin duda el momento donde el avance del capital necesita más libertad; más libertad de comercio y de intercambios, más posibilidades de circulación del capital que no le permitía el régimen de Ben Ali.
¿Por qué pues hablar de transición democrática cuando se trata más bien de la transición al «mercado» y, más aún, cuando se trata de un capitalismo que se ha desprendido de su regulación a través de dispositivos colectivos institucionalizados por un Estado? Lo que cuenta es el mercado, no la democracia. En este sentido, el sistema democrático aparece como una forma más de sistema político, por principio siempre totalizante.
El movimiento social en Túnez sólo es comprensible como efecto de la presente «mundialización ideológica». Se puede comparar con las transformaciones que vivieron España y el este de Europa a finales de los años 1970, para salir de sus respectivos regímenes autoritarios. En el caso de España, el cambio social fue muy ligado al proyecto de una burguesía modernista orientada hacia la apertura europea y su inserción en el mercado europeo.
Franco y su régimen constituían un obstáculo a dicho proyecto. Pero no se produjo realmente una revolución social. Ésta se hizo imposible, con el apoyo de los Estados Unidos, a través del «pacto de la Moncloa» que se llevó a cabo en nombre de una «transición democrática» necesaria. La burguesía española se relegitimó así hasta hoy en día, donde domina lo esencial de la vida social, política y cultural del país, a través de vectores específicos, entre los que destaca la persistencia del peso político y social del aparato religioso y del Opus Dei. En la actualidad, desde el análisis de la «mundialización ideológica», las causas del desequilibrio de los sistemas tunecino y egipcio puede ser explicadas no como transiciones, sino como «metamorfosis». Las contradicciones estructurales de los regímenes en cuestión han acumulado «tensiones» y «desequilibrios», liberando espacios donde podían organizarse los agentes sociales y políticos.
El futuro verificará esta hipótesis y permitirá comprender cómo el movimiento protestatario, a pesar de un aparentemente débil grado de preparación organizacional, abre – o está abriendo- oportunidades políticas a los miembros de grupos dominantes o potencialmente dominantes como factor de desarrollo del movimiento social. El tiempo permitirá también comprender cómo los intereses de unos y de otros -que no son necesariamente los mismos- se pueden unificar en actos simbólicos de alcance político.
*Traducción: Laura Navarro
http://www.diagonalperiodico.net/Tunez-de-que-revolucion-hablamos.html