Hace unos días hizo furor en las redes sociales un artículo de Ignacio Escolar titulado “La revolución de Islandia”.

Como suele ser habitual en el hoy columnista, ayer director de Público, se trata de un artículo corto e incisivo, y su gran éxito estriba en la afortunada definición que aporta sobre la supuesta revolución islandesa en su último párrafo:

“Hoy Islandia está creciendo. El año que viene, su presupuesto público estará en superávit; su situación económica es bastante mejor que la de otros países igualmente desarbolados, como Grecia o Irlanda. ¿El secreto? Algo revolucionario, aunque se suponía que era una de las reglas esenciales del capitalismo: Islandia se negó a socializar las pérdidas y dejó que la banca irresponsable simplemente quebrase.”

Suena bien, ¿no? Pues según se mire.

El otro día, que lo tenía más o menos libre “gracias” a la crisis, le daba vueltas al tema este de Islandia y a la tesis del artículo de Escolar que le ha hecho tener tanto éxito entre personas que se auto-adscriben “de izquierda” (léase de Izquierda Unida y más hacia allá…). Resulta que los y las islandesas, después de poner en fuga a políticos y banqueros y negarse a socializar las pérdidas lo que han obtenido finalmente es: QUE SU ECONOMÍA VUELVA A ESTAR EN CRECIMIENTO.

O sea, que la revolución islandesa viene a consistir entonces en que el sistema económico capitalista que allí tienen, como aquí, supere su crisis y todo vuelva a la normalidad. ¿Esa es la gran aspiración de la izquierda en los países occidentales? Todo apunta a que sí. Y de hecho tal cosa tiene no poco que ver con lo que ocurre por aquí. El deseo de la izquierda española parece que no va mucho más lejos hoy por hoy que el no perder algunos beneficios laborales. En el caso de CCOO y UGT ni eso, ya que su acuerdo con el gobierno se encuentra más en la línea de lograr que el sector social que se supone que representan también arrime el hombro como una parte más del Estado para “superar la crisis”.

Entonces la izquierda ya no lucha por una transformación profunda de las estructuras económicas y políticas, que es lo que constituiría la revolución propiamente dicha, definida desde las claves teóricas de toda la vida. Lucha para que se pueda mantener intacto “el Estado del Bienestar”, o sea “la Sociedad de Consumo”. Y lo hace cerrando los ojos a las explicaciones económicas que afirman que tal Estado del Bienestar sólo es posible en países del primer mundo como cierta redistribución dentro de los límites de esos estados de la riqueza expoliada a nivel mundial por los mecanismos rapiñadores del capitalismo.

La izquierda del primer mundo, desde hace unas décadas, parece haber sido doblegada por el soborno de la capacidad de consumir que los estados primermundistas han puesto en manos de tantos y tantos de sus ciudadanos/as. Se ha digerido también sin el más mínimo problema el mito del eterno crecimiento, modernamente llamado desarrollo sostenible. Y se ha dejado de mirar de frente a la injusticia planetaria que mantenía y mantiene en la miseria a la mayoría de la humanidad. De postre se ha cerrado los ojos también a la insostenibilidad medioambiental de tanto crecimiento, de tanto desarrollo. Hoy día, cuando cada vez más voces reclaman el Decrecimiento, el aprender a vivir con menos, el dar claros pasos atrás en nocivas costumbres de consumir que lo son a nivel ecológico pero también político y humano, hoy, cuando el mismo sistema económico está débil y se tambalea a causa de la crisis, el objetivo de la izquierda no parece que sea aprovechar la ocasión para acabar con él y sentar las bases de algo más justo y razonable. Por el contrario, es más bien tratar de que a pesar de la crisis, las condiciones materiales de vida de la “ciudadanía” se mantengan intactas. Y si la cosa se pone fea, incluso llegar al extremo de ponerse a participar codo con codo con los poderosos del Estado y del dinero con el objetivo de que la crisis se supere cuanto antes y el país vuelva a la senda del crecimiento. Como en Islandia.

Pues eso no me parece que sea una Revolución.

9 thoughts on “¿La revolución de Islandia?”
  1. ¿La revolución de Islandia?
    Hombre, en Islandia lo que parece que se ha conseguido es que la ciudadanía tenga un control más fuerte sobre la economía y la política del país, consiguiendo que se tomen decisiones importantes (no pagar la deuda de los bancos) y llevando a cabo un proceso bastante horizontal para reformar su la constitución islandesa.

    ¿Revolución? Tal vez no. Pero sí un cambio importante y positivo. Celebremos el cambio en Islandia, pero sin olvidarnos de que queremos un cambio todavía más grande.

    1. ¿La revolución de Islandia?
      No están mal esos logros, pero mal haremos si los convertimos en nuestra meta.

      Lo primero es que Islandia es un país muy pequeño: unas 300.000 personas, como la ciudad de Alicante, por ejemplo. Los gobernantes están necesariamente mucho más cerca que aquí y son más accesibles. Sus instituciones bancarias son muy pequeñas. Y no olvidemos que es un país muy rico a nivel comercial (rutas), turístico y de recursos naturales diversos. También es un país lejano y sin vecinos amenazantes. Por si fuera poco es uno de los países del mundo que no tienen ejército. Esto último es muy importante, porque en cualquier país que tenga ejército no es tan fácil que ocurran las cosas que han pasado en Islandia. Todo esto viene a decir que Islandia es un lugar donde es relativamente sencillo que cualquier movimiento ciudadano traslade a la práctica sus reivindicaciones, como así ha sucedido.

      Pero ten en cuenta que lo que ha sucedido allí no es porque los islandeses se hayan visto imbuidos de ningún espíritu revolucionario. La crisis mundial ha erosionado un poco su privilegiadísimo nivel de bienestar y eso les ha hecho moverse, no para cambiar las reglas del juego, sino para que no se resienta su poder adquisitivo, de los más altos del planeta. Se han negado a pagar la factura de la mala gestión de sus políticos y banqueros y poco más. Bienvenidas esas tímidas reformas constitucionales, pero el pueblo islandés hoy por hoy solo aspira a seguir siendo un estado capitalista más cuyos ciudadanos disponen de una elevadísima renta per cápita gracias a su baja densidad demográfica y a la riqueza de la tierra que habitan.

      Como digo, no es ni puede ser nuestro modelo. Verdad es que andamos escasos de referentes, pero no nos confundamos a la hora de buscarlos. La única revolución posible es la que desbanque del poder a las minorías que lo controlan así como la economía, y dé paso a una democracia auténtica con participación directa de las personas en aquellas cosas que les afectan, y con acceso igualitario a la riqueza y la forma de producirla. Y sin olvidar incorporar nítidos criterios medioambientales. Todo lo que no sea eso es poner tiritas, paños calientes y seguir aplazando el cambio necesario para otra ocasión. Y en mi opinión esta es la ocasión que esperábamos para hacerlo.

      Saludos.

      1. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
        Si pequeño es Islandia, mejor, como tu barrio, tu municipio, tu provincia. Poco a o poco, pequeño a pequeño, es la verdadera democracia INDIVIDUO A indiviuo. Si conoces a tu concejal díselo, seguro que no estará cómodo, puesto que no se enorgullece de su responsabilidad, y así hast arriba de la pirámide. Un edificio, y más si está podrido se destruye mejor desde lo cercano, desde lo humilde, su sótano. Ejército, el único válido el pueblo. Yo no dispararé a mi vecino, ni a mi madre, aunque mi coronel lo indique, ni lo hará mi teniente, ….

        1. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
          La cuestión no es ir individuo a individuo. Eso está muy bien. La cuestión es saber a dónde se quiere llegar.

          1. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
            La cuestión no es dónde está utopía si no iniciar el camino. No quedarse estancado en este sistema.

          2. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
            Andar sin saber a donde se quiere ir puede ser un interesante y sano deporte pero tiene el defecto de que uno puede acabar en cualquier sitio, quizá en el mismo de donde partió o en otro peor. Y aquí no estamos hablando de ejercicios gimnásticos sino de cambiar la sociedad.

          3. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
            La gimanasia es un bonito ejercicio para cuando sobran energías.No es el caso. Puntualizando, para no desviarte más, supongo que deseamos un estado de bienestar, supongo que libre, entiendo que escribo en un lugar de estas tendencias por y para el individuo. A partir de ahí, la «revolución» islandesa es un buen comienzo, para llegar a caminar, con un meta que creo haberte comentado a marcar, utópica, que como sabes es imposible de alcanzar pero si un buen objetivo. Así es como entiendo se cambia, comenzando, no aparcando las ideas, conservando los errores y durmiendo la siesta.

          4. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
            Claro, pues eso es lo que se critica en el artículo: que el objetivo sea «el estado del bienestar». Haces mal en suponer que todos deseamos eso. Yo no lo deseo porque no creo en él. A mí «el estado de bienestar» me resulta por un lado cien por cien antidemocrático, puesto que solo una minoría decide sobre las cosas que afectan a todos (y de hecho lo hace con ayuda de la policía, el ejército y las cárceles). Por otro lado, a nivel económico es injusto, ya que sólo se da en unos pocos lugares del mundo y es una forma de que una pequeña porción de la humanidad se beneficie -a forma de soborno- de servicios puestos por el estado y pagados con dinero que procede de la acumulación capitalista en esos lugares, es decir que se han expoliado de otros sitios.

            Tú dices que crees en eso, y que cualquier otra cosa es utopía. Estás en todo tu derecho a creerlo así, pero precisamente lo que venía a decir este artículo es que eso no es algo revolucionario. Es una idea conformista y conservadora que no aspira a ir mucho más lejos de donde estamos ahora. Idea que lamentablemente se ha extendido entre la mayoría de la «izquierda» que hace no tanto aspiraba a otras cosas más transformadoras.

            En resumen la idea de «estado del bienestar» es un gol que le ha metido por la escuadra a la izquierda el sistema de estado liberal-capitalista.

          5. ¿La revolución de Islandia? Tantas equivocaciones NO
            Creo que el concepto de izquierda, está muy trasnochado, ya no debemos de hablar ni de derechas, ni de izquierda ni de comunismo, anarquismo… Lo que necesitamos es una NUEVA forma de pensar, que nos lleve a un sistema económico en el que no hage falta que se esté muriendo una mitad del mundo para que la otra pueda vivir comodamente, o al menos, eso crea. Tenemos que salir a la calle, están muy bien estos debates y son necesarios, pero desgraciadamente, las letras, quedan sobre el papel. Somos muchos los que estamos disconformes con el sistema, los que creemos en que se necesitan cambios profundos. Vamos a ver, la tierra es ENORME, hemos llegado a la luna, tenemos una tecnología muy desarrollada…. de verdad pensamos que no se pueden utilizar todos esos conocimientos y recursos para convivir todos de una manera sostenible, sin matarnos por los recursos y sin cargarnos el medio ambiente? CLARO que se puede, pero no se quiere, no interesa. Tenemos que intentar deshacernos de todas las ideas preconcebidas, del consumismo feroz, y empezar a pensar en cosas nuevas, un punto de vista distinto, un nuevo enfoque. Los conceptos de crecimiento, productividad y desarrollo que nos dicen son tan fácilmente rebatibles, no tienen ningún buen soporte, pero la mayoría de la gente se lo cree, o los acepta. Asi que mi opinión es que hay que protestar, iniciar una nueva revolución. Empezando por nuestro barrio, haciendo creer a la gente que es posible, porque lo es. Solo hace falta FE y ACCIÓN. A veces vemos todo tan negro, que caemos en el escepticismo, pero si todo el mundo hubiese pensado así, hoy estaríamos en la Edad Media. Así que ACCIÓN y creer que PODEMOS. AHORA, YA

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