
"¿Qué
pensaría la abuela si supiera que he dedicado mi vida a ir de guerra
en guerra? Ella quería evitarlas, soterrarlas y yo no hago más
que buscarlas", escribe Jordi Raich en El
espejo humanitario (Debate). Este barcelonés nacido en
1963 trabaja como cooperante desde 1986, principalmente en Médicos
Sin Fronteras (MSF).
Desde entonces, ha vivido en lugares tan distantes como Somalia, Guinea
Ecuatorial, Guantánamo (Cuba) o Afganistán. En este país
vivió tres años, tras los cuales escribió Afganistán
también existe (RBA).
En su último libro intenta plasmar "las relaciones de amor-odio
entre" los diferentes protagonistas del teatro caritativo".
Sumamente autocrítico, Raich tilda a los misioneros del siglo
XXI de "neocolonizadores". Al menos así es como los ve
buena parte de los receptores de su "ayuda": Además de
imponer soluciones a base de dinero, "el cooperante se comporta como
si de verdad fuera un colono, dueño y señor de una comarca
donde hace lo que le apetece sin necesidad de dar explicaciones a nadie".
Raich también los llama "dioses de bata blanca". En
pleno bombardeo de la ciudad de Vukovar, este humanitario debía
transportar algunos pacientes del hospital a un lugar más seguro.
"El asesino decide quién muere. Los caritativos decidimos
quién vive. Pero decidir quién iba a vivir en Vukovar era
decidir quién iba a morir", añade. Su relación
con las víctimas es compleja. Como lo es también con el
resto de actores del "circo humanitario": periodistas, militares
y políticos. Sus opiniones pueden consultarse en su página
web, www.jordi-raich.com.
.
Víctimas
"El desfavorecido opina que el socorro internacional es un acto
de justicia global, una obligación de los acaudalados para con
él", afirma Raich. Por otro lado, no ve que el humanitario
esté haciendo un gran sacrificio, ya que mientras que el refugiado
come arroz, el cooperante va a restaurantes exclusivos y si se enferma
regresa a su país.
No obstante, en el teatro humanitario, las víctimas tampoco son
siempre inocentes. Algunos se tornan muy egoístas y hay quien desarrolla
sofisticadas estratagemas para acaparar ayuda y raciones. Entre las más
sencillas recogidas por Raich destaca el préstamo de hijos. Hay
niños que aparecen varias veces en una misma cola de distribución
acompañando en cada ocasión a una madre distinta.
Para dificultar estos timos, algunos aplican tinte violeta en el dedo
del receptor. En un campamento de Kenia uno de los refugiados fue a buscar
aceite enriquecido con una camiseta de Michael Jackson y un guante de
pedrería en la mano derecha. Entonó el Thriller
e imitó su característico baile. Cuando el sorprendido Raich
le pidió que se quitara el guante, el muchacho dijo que había
prometido a Michael no hacerlo. El humanitario le animó entonces
a pedirle al artista que recogiera personalmente el aceite o que se lo
enviara desde California. Cuando el saleroso somalí repitió
el baile, recibió una raciónextra a pesar de su dedo violeta.
Más dramática es la práctica que lleva a algunas
familias a hacer pasar hambre a uno de sus hijos. El elegido entrará
así en un programa de nutrición y su madre también
será alimentada durante ese periodo. Mientras, esconderá
tanta comida como pueda para dársela al resto de su prole.
Periodistas
"Un periodista sin noticias es tan peligroso como un humanitario
sin victimas", compara Raich. En su libro cuenta algunas anécdotas
junto a periodistas novatos y redactores que transcriben conversaciones
privadas. El circo mediático no se reduce a quienes emiten las
noticias. Raich también recuerda el viaje del televisivo Pedro
Ruiz a Mogadiscio en 1993. El objetivo, entregarle 84.000.000 pesetas
recogidas a través de su programa. ""¿Y qué
diablos vamos a hacer con un cheque en un país sin bancos?"
Nadie le ofreció una respuesta convincente, lo importante ese día
era la foto.
En años de vacas flacas, en los que los medios reducen sus enviados
especiales, los periodistas ansiosos por salir de la redacción
siguen el juego a las ONGS que les invitan a viajes exóticos en
lugares con conflicto. Para facilitar la tarea al "reportero",
la organización le "cocinará historias" y le facilitará
todo tipo de datos. De hecho, "algunas instituciones no son más
que máquinas de comunicación, sin proyectos reales".
Políticos
Según el CIS,
el 44% de los jóvenes no se interesa en absoluto por los políticos.
"En cambio, un eurobarómetro de 2002 asegura que un 67% de
los españoles confía en las ONG". Esta realidad hace
que abunden los "políticos barnizados de humanitarios".
Entre los híbridos más criticados por Raich se encuentra
José María
Mendiluce, "ejemplo de humanitario de Naciones Unidas que se
pasó a la política y desde ella hace lo posible por tener
un pie en cualquier movimiento social que pueda beneficiar su carrera.
Un día es cooperante en Europa por Bosnia, otro activista pro derechos
en la campaña por la Corte Internacional de Justicia, luego es
ecologista de Greenpeace".
Entre los políticos que juegan a humanitarios, Raich señala
a Madeleine Albright, quien incluyó el tema de las mujeres afganas
en la agenda de Bill Clinton. Después, otras "famosas sedientas
de más protagonismo" como Emma Bonino, ex comisaria europea
la acción humanitaria, jugaron a salvar a las afganas. En España,
el autor de El espejismo humanitario asegura que el fenómeno
va en aumento y que casi todo los partidos políticos cuentan con
algún proyecto.
Militares
En los últimos años, la confusión entre los "soldados
del bien" y los "misioneros" hace que la población
receptora de ayuda desconfíe de todo el mundo. Sobre todo, después
de que, como en Afganistán, sean aviones militares los que lancen
productos absurdos e incluso peligrosos desde grandes alturas. Además
de herir a algunos de quienes los recogen, a veces en campos minados.
"No se lanzó comida para ayudar a los civiles, se lanzó
comida para humanizar las bombas", puntualiza Raich.
La falta de seguridad en algunas zonas de conflicto hace que los humanitarios
tengan que pedir protección a los soldados. Llegar a esos lugares
rodeados de trajes de camuflaje confunde a la poblacion civil. "A
principios de los noventa los ejércitos apoyaban los proyectos
humanitarios de las ONG; a finales de la década las ONG apoyaban
los proyectos humanitarios de los ejércitos".
Para la Casa Blanca, "las organizaciones no gubernamentales constituyen
una fuente esencial de información e inteligencia, "son fuerzas
multiplicadoras y parte esencial del equipo de combate de EE.UU",
cita Raich. Tanto es así, que en la actualidad, "Interaction,
un consorcio de más de 160 ONG de emergencia y desarrollo basadas
en EE.UU, apuesta por la alianza entre solidarios y militares". Entre
éstas se encuentran las sucursales americanas de entidades europeas
tipo Médicos del Mundo, Médicos Sin Fronteras y Oxfam.
La corrupción
En El espejismo humanitario, Jordi Raich critica el doble lenguaje
para hablar de la corrupción: "A los líderes del sur
los llamamos corruptos, criminales, megalómanos, ladrones, asesinos,
torturadores, terroristas". Estas mismas prácticas entre dirigentes
del hemisferio norte son llamadas "apropiación indebida, abuso
de confianza, prevaricación, financiación ilegítima,
tráfico de influencias, incompatibilidad de cargos, medidas de
presión, reforma de la ley de seguridad".
Peter Eigen, fundador de la ONG Transparency
International, analiza esta realidad en Las redes de la corrupción
(Ediciones del Bronce). Tras años trabajando en el Banco
Mundial, descubrió la corrupción en esta institución
y acabó abandonándola en 1993. En este informe, elabora
un "mapa mundial de la corrupción" en el que España
no sale muy bien parada. Entre los puntos negros remarcados por Eigen
recuerda el caso del BBVA: "Las
investigaciones empezaron en abril de 2002 y se centraron en las actividades
del Banco Bilbao Vizcaya antes de su fusión con el banco Argentaria
en 1999", cuando se depositaron 225 millones de euros en cuentas
secretas de Jersey, Liecthenstein y Suiza para operaciones de fraude y
blanqueo de dinero. "Por lo visto, además se desvió
dinero para financiar las campañas de Hugo Chávez y Alberto
Fujimori".
Algunas vergüenzas
ETIOPÍA
La sequía que afectó a Etiopía en los años
1983 y 84 se agravó a consecuencia de las colectivizaciones y
destrucción de cosechas emprendidas por el gobierno del coronel
Mengistu Hailé Mariam con el objetivo de implantar "el primer
Estado africano verdaderamente comunista". Mengistu acusó
a la comunidad internacional de no hacer nada para evitar la catástrofe.
Tras un documental de la BBC y
varios macroconciertos benéficos, el coronel utilizó los
donativos recibidos para comprar armas y despoblar las zonas del norte
del país para "aislar los grupos secesionistas del norte".
Los que no abandonaban sus tierras no recibían las toneladas
de provisiones enviadas por los espectadores conmovidos. "Muy pocas
ONG denunciaron la situación". En total, 750.000 muertos.
RUANDA
Raich denuncia cómo cientos de miles de personas murieron en
Ruanda porque Clinton prohibió a sus funcionarios utilizar la
palabra genocidio, un término que hubiera obigado a intervenir
decididamente para paliar la situación. "Mientras el asesinato
planificado de tutsis y hutus moderados se extendía, la fuerza
de la ONU en Kigali redujo su presencia en lugar de aumentarla".
Para "compensar", los gobiernos ricos enviaron comida, mantas
y medicinas masivamente, pero lo que necesitaban aquellas víctimas
era protección y seguridad. "Cuatro años después,
Clinton y otros mandatarios pidieron disculpas". La hipocresía
costó la vida de 800.000 personas.
AFGANISTÁN
Algunas víctimas cautivan a los "consumidores misericordiosos"
con más fuerza que otras. Entre las últimas "víctimas
sexy" -así las llaman los humanitarios-, Raich cita a los
adolescentes soldados de Liberia y los amputados de Sierra Leona, las
chicas rumanas y tailandesas obligadas a prostituirse y las niñas
chinas abandonadas en orfanatos.
Durante un tiempo, las víctimas más atractivas han sido
las afganas sometidas bajo el burka. Para el autor de El espejimo
humanitario estas mujeres fueron unas víctimas diseñadas
para el consumo de la piedad occidental. Algunas famosas "sedientas
de protagonismo" como Emma Bonino, ex comisaria europea para la
acción humanitaria, y la corresponsal de la CNN Christiane Amampour,
"provocaron su propio arresto" para denunciar la situación.
La esposa de Jay Leno paseó, además, a una chica con
burka por "los tabaldos más chic de California" como
una rareza zoológica. Lo cierto, según Raich, es que "la
burka se convirtió en el símbolo del sufrimiento de las
afganas cuando, de hecho, antes, durante y después de los talibanes
sólo una minoría de ellas la usaba" porque es una
prenda urbana y el 95% de la población vive en el campo.
La lista de mentiras que desde hace años se publican acerca
de Afganistán es interminable, asegura Raich. "Jamás
he conocido a nadie más combativo y batallador que las afganas",
escribe Raich, quien también explica que en las ciudades sus
manifestaciones públicas obligaron a los talibanes a "dar
marcha atrás en varios decretos, incluidos el acceso a la salud
y la educación, permitiéndoles ejercer en hospitales y
en las florecientes escuelas privadas que enseñaban inglés,
contabilidad e informática". En plena dictadura fundamentalista
también lograron que se reabrieran varias escuelas femeninas
de enfermería y libertad para comprar sin acompañante,
entre otros.
Raich se lamenta de que en el nuevo Afganistán, "artificial
y fuera de control", de Hamid Karzai y Estados Unidos, las afganas
siguen llevando la burka, apenas si van a la escuela, se casan con quienes
sus padres deciden y siguen sin atención sanitaria, "porque
de hecho nunca la tuvieron". Y es que las afganas no sólo
debían enfrentarse a los talibanes, sino a toda una sociedad
opresiva, cuyos tradiciones son perpetuadas por sus padres y madres,
hermanos y maridos.
El espejismo humanitario
Autor: Jordi Raich Editorial: Debate Páginas: 388
Precio: 18,50 €