
Hasta El País, tebeo propagandístico de ésta y las anteriores guerras, no puede esconder del todo la realidad. Basta con leer entre líneas para adivinar que los “heroicos luchadores por la libertad” del bando opositor a Gadaffi, están liderados por una cuadrilla de ambiciosos militares y ex miembros de la dictadura que luchan por el poder también entre sí. También trasluce el artículo el inmenso deseo de las potencias atacantes de que nombren representantes políticos cuanto antes para poderles vender armamento de forma legal y poder firmar contratos de explotación y exportación petrolífera. Esa y no otra es la verdadera causa de esta intervención militar.
A estas horas cada vez más voces opinan que la intención de EEUU y sus aliados es segregar el país en dos: la mitad pobre para el dictador, y la mitad Este, donde está el petróleo, para los “rebeldes”, es decir, para las multinacionales extranjeras.
Mientras tanto, los “aliados” siguen cada noche machacando el ejército de Gadaffi, en espera de que sus patrocinados rebeldes consigan de una maldita vez juntar gente y armas suficientes para conquistar el resto de las zonas petrolíferas. A este paso van a tener que contratar mercenarios, o van a provocar –por su ineptitud militar- que sea la propia OTAN, con tropas terrestres, quien acabe el trabajo… Nota de Tortuga.
Intervención aliada en Libia
La cúpula política de los sublevados se hunde en el caos
Inexperiencia y oscuras maniobras intestinas frenan la acción del órgano
J. M. MUÑOZ – Bengasi
El descalabro político se sumó anoche al militar. Los sublevados libios contra Muamar el Gadafi demuestran en el campo de batalla una incompetencia supina, comprensible tratándose de voluntarios a los que solo mueve el odio contra el tirano y su ferviente deseo de derrocarle. Pero sus dirigentes políticos tampoco andan a la zaga. Ya sea por inexperiencia o por luchas intestinas, el Consejo Nacional -el Gobierno de facto radicado en Bengasi- ofreció ayer una imagen lamentable. Después del mediodía se anunciaba la formación de un nuevo Ejecutivo, y que Mahmud Yabril sería el primer ministro, el nuevo rostro que representaría a los rebeldes ante el mundo. Por la tarde comparecía el vicepresidente del Consejo, Abdelhafiz Ghoga, y anunciaba que todo se trataba de un «malentendido».
Los alzados contra el dictador necesitan urgentemente el reconocimiento internacional. Sobre todo porque, precisan portavoces del Consejo, es un paso necesario para poder adquirir armas legalmente. Pero también porque pretenden firmar contratos con varios países para exportar petróleo y poder recaudar las divisas de las que andan tan necesitados. Habrá que esperar.
Resulta muy complicado para cualquier líder europeo mantener vínculos formales con un Gobierno que mantiene a 18 de sus 31 miembros en la clandestinidad por razones de seguridad. Yabril -licenciado en Económicas y Políticas y encargado de representar al Consejo en el exterior- se reunió el 10 de marzo con el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Intentaba, y lo obtuvo, que París reconociera al Consejo Nacional transitorio como el legítimo representante de Libia. El patinazo político entorpecerá que otros Estados secunden a Francia.
Las palabras de Ghoga, rechazando que se haya nombrado a Yabril, apuntan a que el vicepresidente del Consejo es una de las personas que mayor influencia ejerce. Días atrás salió a la palestra para rebatir a su supuesto jefe, Mustafá Abdulyalil, horas después de que este admitiera un conato de negociación con Gadafi. Ayer señaló que Yabril era el «primer sorprendido» con el supuesto nombramiento. Ghoga dijo que Yabril estaba a cargo de un comité de emergencia y que todavía no había elegido a su equipo. Aunque añadió que ese grupo «en ningún caso puede considerarse un Gobierno». «No hay ninguna división del país. Por lo tanto no se puede crear un nuevo Ejecutivo», zanjó el vicepresidente del Consejo, un abogado que se presenta casi a diario ante la prensa y que despliega una febril actividad.
«Creamos el Consejo Nacional para lograr la unidad de los libios. Ahora necesitamos un poder Ejecutivo por razones de política interior y exterior», explicaba a este diario Iman Bugeigis, una portavoz del Consejo, minutos antes de que Ghoga echara por tierra la iniciativa. Otro de los representantes que atiende a los medios incidía en el asunto: «El Consejo estaba constituido por personalidades respetadas, intelectuales y hombres de negocios. Ahora serán designados profesionales competentes en cada ministerio. Tenemos que movernos rápido. Los acontecimientos se están encadenando muy deprisa, y cuanto antes actuemos, antes lograremos nuestro objetivo». La confusión desatada ayer supone, sin duda, un severo frenazo.
Los rebeldes aseguran que Libia no se romperá
Los alzados rechazan que la Cirenaica acabe como el Kurdistán iraquí
JUAN MIGUEL MUÑOZ | Bengasi (ENVIADO ESPECIAL)
Cunde el temor entre algunos analistas políticos de que la república libia pueda desmembrarse. La autoridad islámica de Al Azhar, institución cairota de inmenso prestigio en el mundo musulmán, advertía ayer del riesgo de que la guerra degenere y el país magrebí termine padeciendo el marasmo político y militar que sufre Irak. No le falta un punto de alarmismo a la declaración. Porque aunque los precedentes históricos podrían abonar en alguna medida la tesis, los sublevados contra la dictadura de Muamar el Gadafi no albergan duda alguna: Libia permanecerá unida. Esgrimen motivos de peso para apuntalar su confianza: los libios rechazan la segregación, su población es homogénea, y no atisban en la coalición internacional resquicios de que ese sea su propósito.
Los yacimientos petrolíferos más ricos están en la zona liberada
En los estertores de la colonización italiana (1911-1943), el desierto que se extiende desde Bengasi (Libia) hasta El Alamein (Egipto) fue un enorme campo de batalla en el que los aliados combatieron a Erwin Rommel. Expulsados los soldados alemanes e italianos -después de que los británicos conquistaran Trípoli, en enero de 1943-, el Reino Unido administró el país durante ocho años, autorizando a Francia el control de Fezzan, el árido sur libio fronterizo con Argelia, también bajo el poder francés. Naciones Unidas aprobó el nacimiento de Libia en noviembre de 1949, se convocó una Asamblea Constituyente y el rey Idris fue coronado la Nochebuena de 1951. Fue el primero y único monarca de la Libia unida.
Issam Gheriani, uno de los portavoces del Consejo Nacional, desde ayer el Gobierno de transición de la revolución iniciada el 17 de febrero, asegura tajante que la integridad del país no peligra. Y añade, contundente, que las proclamas de Gadafi, que anuncia la partición porque las pérfidas potencias occidentales ansían adueñarse del petróleo, son para mero consumo interno de sus fieles, propensos a adherirse a las teorías de la conspiración. Entre otras razones porque Occidente -sobre todo los países europeos- es también bajo el Gobierno del tirano el primer y casi único cliente del crudo libio. A mayor abundamiento, los más ricos pozos petrolíferos descansan en la Cirenaica ya liberada.
«El régimen de Gadafi», explica Gheriani, «está expresando su preocupación, no la nuestra. Pero se trata de propaganda. Nuestra posición es nítida: no habrá secesión de ninguna región de Libia». Las pancartas alusivas a la unidad de la nación presiden toda protesta: «Libia, un clan; Trípoli, nuestra capital», se leía en una tela que antecedía a la multitud que se congregó en la plaza Mahkama de Bengasi, una ciudad que ayer comenzaba a recobrar el pulso alejadas las tropas de Gadafi. «Trípoli es nuestro corazón», rezaban otros carteles.
Libia tiene, además, una población bastante homogénea que se aproxima a los cinco millones de habitantes. A diferencia de las profundas divisiones confesionales y étnicas (chiíes-suníes; árabes-kurdos-turcomanos) que han destrozado Irak al aliento de la invasión de EE UU en 2003, la composición tribal -a la que muchos libios restan relevancia hoy- no parece suficiente para alimentar la segregación. Los rebeldes también niegan de plano que la Cirenaica corra la suerte del Kurdistán iraquí, que disfrutó durante 12 años de un gobierno autónomo del Bagdad de Sadam Husein gracias a la zona de exclusión aérea impuesta por EE UU y Reino Unido en 1991.
Siempre existieron recelos arraigados entre la poblada y más próspera Tripolitania, que pugnaba por un Estado unitario hace medio siglo, y las empobrecidas Cirenaica y Fezzan. La primera Constitución libia estableció un Estado con tintes federales. Pero en 1959 se descubrió el primer gran yacimiento petrolífero en Zelten (Cirenaica) y ese régimen suavemente descentralizado fue sustituido por un poder central unitario. Cierta suspicacia todavía pervive, especialmente cuando se aborda el asunto del espíritu combativo de los pobladores de Cirenaica.
«Los italianos conquistaron Trípoli en tres días. Para someter al oriente libio necesitaron 20 años», comenta el general Mohamed Saad. Omar el Mujtar, el líder de la resistencia contra Roma, es estos días el personaje histórico que adorna los panfletos de los sublevados. Hoy, sin embargo, esas diferencias entre la población de Cirenaica y Tripolitania se han difuminado. «En la capital reside el 80% de la población que habita la mitad occidental de Libia. Y en Trípoli», asevera Gheriani, «vive gente procedente de todos los rincones del país. Libia está unida porque quiere librarse de Gadafi».
El portavoz del Consejo aporta otros motivos: «No observo indicio alguno de que la alianza internacional pretenda esa división territorial». «Los países occidentales», dice, «están gestionando la crisis considerando Libia un país unido. Bombardean contra las fuerzas de Gadafi en Trípoli, también en Bengasi y en Sabha, en el sur. Si acaso, es Gadafi quien desea esa partición para preservar un espacio de poder. Quizá solo aspire a apropiarse de un trozo del pastel».
Los aliados frenan a Gadafi en Misrata
Los ataques aéreos de los aliados sobre las tropas de Gadafi que tienen rodeada Misrata, la tercera ciudad de Libia, lograron parar ayer la ofensiva de la artillería contra los rebeldes que resisten un asedio de semanas, pero no los disparos de francotiradores leales al dictador. Un jefe de las fuerzas aéreas británicas, Greg Bagwell, aseguró ayer que los aliados han destruido la fuerza aérea libia y sus defensas.
«Antes de los ataques, los tanques bombardeaban la ciudad, pero la artillería no ha lanzado un solo proyectil desde el ataque aéreo», aseguró Saadun, un vecino de Misrata a la agencia Reuters. Decenas de civiles han muerto en Misrata esta semana.
Los francotiradores afines a Gadafi, que llevan varios días apostados en azoteas en el centro urbano, volvieron a disparar contra civiles. Mataron a 16, según el portavoz de los rebeldes, Hafiz Gogha. «Están disparando contra el hospital. Nadie puede entrar ni salir», dijo un vecino.
Los aviones de los aliados alcanzaron una base aérea y un cuartel de entrenamiento militar ubicados en las afueras de Misrata, desde donde las tropas regulares han atacado a los insurrectos durante semanas. Misrata es el único bastión de los insurgentes en el oeste del país.
En el este, en Ajdabiya, un complejo de Gadafi fue blanco de los misiles aliados. Y en Trípoli, los aviones de la coalición bombardearon por segunda vez las instalaciones militares situadas en el barrio de Tajura, principal enclave de las protestas contra Gadafi.