
Sinpermiso.Info
Nick Turse
Vemos a hombres corrientes caminando por las calles. Corrientes al menos por esos tres días de tumultos y protestas en Oriente Medio. Vestían zapatillas deportivas, tejanos y camisetas de manga larga. Algunos hacían ondear la bandera nacional. Muchos de ellos mantenían las manos en alto. Algunos hacían signos de paz. Otros coreaban, “pacífico, pacífico”.
En lontananza, como muestra la grabación, los tanques estaban esperando en medio de la calle. En un ataque mortal, el día anterior las fuerzas de seguridad habían despejado los manifestantes en favor de la democracia de la Plaza de la Perla en Manama, la capital de Bahrein. Esa tarde los hombres habían vuelto para hacer oír su voz.
Estalló el inconfundible chasquido de los disparos, y muchos de los hombres se desperdigaron. Muchos, pero no todos. La grabación muestra tres hombres que en ningún momento huyeron de la calzada. Uno de ellos con camiseta y pantalón de chándal no cabe duda que fue disparado en la cabeza. En el tiempo que tarda la cámara en cambiar de su cuerpo hacía los tanques y volverlo a enfocar, se ve como ha perdido una gran cantidad de sangre.
Posteriormente, Human Rights Watch informaría que Redha Bu Hameed había muerto de un tiro en la cabeza
Este suceso ocurrido el 18 de febrero, fue uno dentro de una serie de acciones violentas de las fuerzas de seguridad de Bahrein, que dejaron el mes pasado siete muertos y más de 200 heridos. Los informes señalan que manifestantes pacíficos habían sido atacados no solo con bolas de goma y escopetas de perdigones, sino –como en el caso de Bu Hameed – con balas reales.
La bala que se llevó la vida de Bu Hameed’s puede que hubiera sido pagada por los contribuyentes de Estados Unidos y cedida a las Fuerzas de Defensa de Bahrain por el ejército estadounidense. La vinculación representada por esa bala (o tantas otras como esa) entre Bahrein, un diminuto país de mayoría ciudadana musulmana chií gobernado por un rey sunnita, y el Pentágono se ha demostrado recientemente más poderosa que los ideales democráticos americanos, más poderosa que el mismo presidente de los Estados Unidos.
La forma como llegan las balas estadounidenses hasta las pistolas de Bahrein, hasta armas que son usadas por las tropas para eliminar los manifestantes democráticos, abre una ventana a las oscuras relaciones entre el Pentágono y un conjunto de autocracias del mundo árabe. Si se observa de cerca se esbozan las formas como el Pentágono y esas naciones ricas en petróleo han presionada a la Casa Blanca para ayudar a subvertir la voluntad popular democrática que está barriendo en ancho Oriente Medio.
Balas y Blackhawks
Un estudio de Tom Dispatch sobre los documentos del Departamento de Defensa indica que desde los años noventa, los Estados Unidos han transferido grandes cantidades de material militar, desde camiones y aviones hasta piezas de ametralladoras y millones de unidades de munición de guerra, a las fuerzas de seguridad de Bahrein.
Según las cifras de la Agencia de Cooperación de Seguridad y Defensa, la entidad del gobierno que coordina las ventas y transferencias de material militar a los aliados, los Estados Unidos han enviado a Bahrein decenas de “excedentes” de tanques americanos, vehículos blindados y helicópteros de combate. Estados Unidos también ha cedido a las Fuerzas de Defensa de Bahrein miles de pistolas del calibre 38 y millones de unidades de munición, desde proyectiles de cañón de gran calibre hasta balas para pistolas. Para poner un ejemplo, EEUU han facilitado a Bahrein suficientes balas del calibre .50 –usadas en rifles y ametralladoras– para matar a cada habitante del país hasta cuatro veces. La Agencia de Cooperación de Seguridad y Defensa no ha respondido a repetidas peticiones de información al respecto.
Además de todas esas donaciones de armamento, munición y vehículos de combate, el Pentágono en coordinación con el Departamento de Estado supervisó la adquisición de Bahrein de material y servicios de defensa por más de 386 millones de dólares entre 2007 y 2009, los últimos tres años de los que hay datos. Esta cifra incluye la adquisición de una amplia gama de material, desde vehículos hasta sistemas de armamentísticos. Este verano pasado, para poner un ejemplo, el Pentágono anunció un contrato multimillonario con Sikorsky Aircraft para adaptar nueve helicópteros Black Hawk para la Fuerza de Defensa de Bahrein.
Paso atrás
El 14 de febrero, con una reacción violenta ante el creciente movimiento reivindicativo, las fuerzas de seguridad de Bahrein asesinaron a un manifestante e hirieron a otros 25. En los siguientes días de continuos disturbios, llegaron a la Casa Blanca informes según los cuales las tropas de Bahrein habían disparado contra manifestantes democráticos desde helicópteros. (Los funcionarios de Bahrein respondieron que habían confundido un teleobjetivo de una cámara con un arma). El ejército de Bahrein también abrió fuego contra las ambulancias que llegaron para atender a los heridos y a personas que se habían puesto a orar arrodillas.
“Pedimos la contención por parte del gobierno”, dijo la Secretaria de Estado Hillary Clinton tras esta ofensiva de Bahrain. “Instamos a abrir un proceso que acabe en un resultado real, significando cambios para la gente de ese país”. El Presidente Obama fue aún más contundente en relación con la violencia estatal en Bahrain, Libia y el Yemen: “Los Estados Unidos condenan el uso de la violencia por parte de los gobiernos contra los manifestantes pacíficos, en estos países y en cualquier otro sitio donde pueda producirse”.
Entonces surgió la idea que, bajo las previsiones de una ley conocida como Enmienda Leahy, la administración estaba analizando si la ayuda militar a varios organismos de las fuerzas de seguridad de Bahrain debería ser eliminada como consecuencia de las violaciones de los derechos humanos. “Hay pruebas de que ha habido ataques”, comunicó al Wall Street Journal un experimentado ayudante del Congreso en respuesta a las grabaciones de la violencia policial y militar en Bahrein. “La cuestión es qué unidades específicamente cometieron esos ataques y si se valieron de nuestras ayudas para hacerlo”.
En las siguientes semanas, Washington ha dulcificado claramente su tono. Según un informe reciente de Julian Barnes y Adam Entous en el Wall Street Journal, esto ha sido resultado de una campaña cabildera directa a los altos funcionarios del Pentágono y al menos poderoso Departamento de Estado por parte de emisarios del rey de Bahrein Hamad bin Isa al-Khalifa y de sus aliados en Oriente Medio. Finalmente, el lobby árabe garantizó que, cuando llegara el turno a Bahrein, la Casa Blanca no apoyaría el “cambio de régimen” como en Egipto o Túnez, sino una estrategia de teóricas reformas futuras que ahora algunos diplomáticos llaman “alteración del régimen”.
Los seis estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo incluyen (además de Bahrein) Kuwait, Oman, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, todos ellos con importantes vínculos con el Pentágono. Según se informa, la organización amenaza a la Casa Blanca con los temores de que Irán pudiera beneficiarse si Bahrein estableciera una democracia y que, como resultado, el conjunto de la región podría desestabilizarse de forma negativa para las políticas de Estados Unidos como potencia. “A partir de Bahrein, la administración se ha movido hacia un discurso de enfatizar la estabilidad por delante que el gobierno de la mayoría”, según un funcionaria estadounidense que citó el Journal. “Todo el mundo se dio cuenta de que Bahrein era demasiado importante para perderlo”.
Es una frase extrañamente familiar, muy parecida al “demasiado grande para caer”, usada por el gobierno cuando rescató la gran empresa aseguradora AIG y las mayores empresas financieras como Citigroup con la crisis económica global de 2008. Bahrein, por supuesto, es una pequeña isla en el Golfo Pérsico, pero también es la sede de la Quinta Flota de la Marina de Estados Unidos, con la que cuenta el Pentágono como un recurso crucial en la región. Es claramente considerado como un soporte para la vecina Arabia Saudí, la base del gas americano en el Golfo, y para Washington, un Estado sin duda demasiado importante para perderse.
La relación del Pentágono con los estados del Consejo de Cooperación del Golfo se ha consolidado a través de varios elementos clave, raras veces resaltadas en la cobertura americana de la región. La ayuda militar es un factor clave. Solo Bahrein se llevó 20 millones de dólares de los Estados Unidos en asistencia militar el año pasado. En esta zona aliada hay una vinculación triangular pocas veces discutida entre contratistas de servicios de defensa, los Estados del Golfo y el Pentágono. Las seis naciones del Golfo (junto con Jordania como socio regional) van a gastar 70.000 millones de dólares en armamento y material este año, y más de 80.000 millones de dólares al año hacia 2015. Ahora que el Pentágono busca formas para asegurar la viabilidad económica de los fabricantes de armamento, los profundos bolsillos de los Estados del Golfo han adquirido especial importancia.
Desde el pasado octubre, el Pentágono ha empezado en secreto a cabildear con analistas financieros y las grandes instituciones inversoras, haciendo campaña en favor de los fabricantes de armas y otros contratistas militares para asegurar su viabilidad financiera a largo plazo en vistas de una posible caída en el gasto del Departamento de Defensa. Los Estados del Golfo representan otra ruta hacia el mismo objetivo. Se ha dicho con frecuencia que el Pentágono es un “monopsonio”, el único comprador para sus muchos grandes contratistas, pero esto no es completamente cierto.
El Pentágono también es la única vía a través de la cual los aliados árabes en el Golfo pueden adquirir el armamento más avanzado en la Tierra. Actuando como intermediario, el Pentágono puede garantizar que los fabricantes de armas con quien cuenta puedan financiarse en el futuro. Este último otoño, un acuerdo de 60 millones de dólares con Arabia Saudí, por ejemplo, ha garantizado que Boeing, Lockheed-Martin y otras grandes empresas de defensa seguirán siendo fuertes y beneficiosos incluso si el gasto del Pentágono se reduce en los próximos años. No obstante, la dependencia del Pentágono en el dinero del Golfo tiene un precio. No debió de costar mucho al lobby árabe explicar cómo su despilfarro podía acabarse si de repente una cascada de revoluciones convertía la región en democrática.
Un aspecto aún más relevante de la relación entre los estados del Golfo y el Departamento de Defensa es el oscuro archipiélago de bases del Pentágono en Oriente Medio. Mientras que el Pentágono oculta o minimiza la existencia de muchas de ellas, y mientras los estados del Golfo a menudo ocultan todo lo posible su existencia a su propia población, el ejército de EEUU mantiene emplazamientos en Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Oman, Qatar, Kuwait y, por supuesto, Bahrein, sede de la Quinta Flota, los 30 barcos de la cual, incluyendo dos portaaviones, patrullan el Golfo Pérsico, el Mar de Arabia y el Mar Rojo.
Rosquillas, no democracia
La semana pasada, manifestantes pacíficos contrarios a la monarquía de Bahrein se juntaron a las puertas de la embajada estadounidense en Manama llevando pancartas donde se podía leer “No más apoyo a dictadores”, “Dame la libertad o dame la muerte” y “El pueblo quiere democracia”. Muchos de ellos eran mujeres.
El funcionario de la embajada de Estados Unidos Ludovic Hood según parece compró una caja de rosquillas para los manifestantes. “Estos dulces son un buen gesto, pero esperamos que se traduzca en acciones reales”, decía Mohammed Hassan, quien vestía el turbante blanco propio de los clérigos. Zeinab al-Khawaja, un líder de la protesta, declaró a Al Jazeera que esperaba que EEUU no se implicaría en el levantamiento de Bahrein. “Queremos que América no se involucre, podemos derrocar este régimen”, decía.
Aun así, los Estados Unidos ya están profundamente implicados. Por un lado, se regala una caja de rosquillas; por el otro, helicópteros de combate, transportes blindados y millones de balas, un material que juega un rol fundamental en los recientes altercados violentos.
En medio de la violencia, Human Rights Watch exige a los Estados Unidos y otros donantes internacionales que suspendan inmediatamente la asistencia militar a Bahrein. El gobierno británico ha anunciado que ha empezado una revisión de sus exportaciones militares, a la vez que Francia ha suspendido las exportaciones de cualquier material militar al reino. Aunque la administración Obama también ha emprendido una revisión, el dinero grita tanto en la política exterior como lo hace en la interna. Es probable que la campaña de presión del Pentágono y sus socios de Oriente Medio elimine cualquier movimiento claro hacía una suspensión de las exportaciones, dejando a EEUU una vez más en un terreno que le es familiar, apoyando un gobierno anti-demorático en contra de su pueblo.
“Sin volver a todos los sucesos de las últimas tres semanas, yo creo que la historia acabará por afirmar que en cada momento de la situación en Egipto nosotros estábamos en el lado correcto de la historia”, exponía el Presidente Obama después de la caída del hombre fuerte de Egipto Hosni Mubarak: como mínimo una exageración, teniendo en cuenta que la administración dio un mensaje ambiguo hasta que la caída de Mubarak fue un fait accompli. Pero cuando le toca a Bahrein, incluso un apoyo poco entusiasta para el cambio parece cada vez menos probable.
El último año, la Marina de Estados Unidos y el gobierno de Bahrein organizaron una celebración para un proyecto de construcción de 70 acres en primera línea de mar de Manama. El complejo planificado, que tendría que completarse en 2015, incluye nuevas instalaciones del puerto, cuarteles para las tropas, edificios administrativos, un espacio de comedor y un centro de ocio, entre otros servicios, a un precio de 580 millones de dólares. “La inversión en el proyecto proveerá una mejor calidad de vida en el futuro para nuestros marines y aliados”, declaraba el comandante lugarteniente Keith Benson del contingente de la marina de Bahrein en este momento. “Este proyecto significa una relación continua y la fidelidad, amistad y camaradería que existe entre las fuerzas navales de los Estados Unidos y de Bahrein”.
Como pasa habitualmente, este tipo de “camaradería” parece más poderosa que el compromiso del Presidente de los Estados Unidos de apoyar pacíficamente los cambios democráticos en la región del petróleo. Después de la caída de Mubarak, Obama apuntó que “fue la fuerza moral de la no-violencia, no el terrorismo, no asesinatos sin sentido, sino la no-violencia, fuerza moral, que ha cambiado el curso de la historia hacia la justicia una vez más”. El Pentágono, según el Wall Street Journal, se ha unido al esfuerzo para cambiar el curso de la historia en una dirección diferente, en contra de los manifestantes democráticos de Bahrein. Su amistosa relación con los vendedores de armas y las autocracias árabes, consolidada con grandes contratas de defensa y oscuras bases militares, explica el porqué.
La Casa Blanca expone que su apoyo a la monarquía de Bahrein no es incondicional y que esperan que progresen rápidamente las reformas. No obstante, lo que esto significa llega, evidentemente, hasta el Pentágono. Es importante destacar que la semana pasada un alto funcionario de EEUU viajó a Bahrein. No era un diplomático. Y no se reunió con la oposición. (Ni siquiera para una foto regalando una caja de rosquillas). El Secretario de Defensa Robert Gates llegó para reunirse con el rey Hamad bin Isa al-Khalifa y el príncipe Salman bin Hamad Al Khalifa-de para transmitir, según dijo el secretario de prensa del Pentágono Geoff Morrell, «la garantía de nuestro apoyo.»
«Estoy convencido de que ambos se toman en serio una reforma real y de progreso», declaró luego Gates. Al mismo tiempo, levantó el fantasma de Irán. Si bien aceptando que el régimen no había fomentado las protestas de toda la región, Gates afirmó, «hay pruebas de que el proceso es largo, sobre todo en Bahrein, y los iraníes están buscando formas de explotarlo y crear problemas»,
El Secretario de Defensa expresó su simpatía por los gobernantes de Bahrein que están «entre la espada y la pared», y otros funcionarios han afirmado que las aspiraciones de los manifestantes democráticos en la calle estaban inhibiendo conversaciones importantes con grupos de la oposición moderada. «Creo que lo que el gobierno necesita que todo el mundo se tome un profundo respiro y proporcione un poco de espacio para este diálogo con tal de seguir adelante «, declaró. Al final, dijo a los periodistas, las perspectivas de EE.UU. para continuar con las bases eran sólidas. «No veo ningún indicio de que nuestra presencia se pueda ver afectada a corto o medio plazo», añadió Gates.
Inmediatamente después de la visita de Gates, el Consejo de Cooperación del Golfo ha enviado un contingente de tropas de Arabia Saudita a Bahrein para ayudar a reprimir las protestas. Intimidado por el Pentágono y sus aliados del lobby árabe, el gobierno de Obama parece haberse unido a las fuerzas anti-democráticas de Bahrein y ha dejado poca ambigüedad en cuanto a en qué lado de la historia está en realidad.
Nick Turse es historiador, ensayista, periodista de investigación, editor asociado de TomDispatch.com, y actualmente miembro del Radcliffe Institute de la Universidad de Harvard. Su último libro es The Case for Withdrawal from Afghanistan (Verso Books). También es autor de The Complex: How the Military Invades Our Everyday Lives.
Traducción para www.sinpermiso.info: Júlia Miralles
The Nation