Johan Schloemann

El arca digital

¿Es compatible el estilo de vida occidental con el respeto por el medio ambiente? Difícilmente, según polemiza un articulista del diario alemán Süddeutsche Zeitung, editado en Munich… Y votar por un partido ecologista no es suficiente para resolver una contradicción con la que viven cada vez más europeos, tal como demuestra el auge de los Verdes en Alemania.Claro que también se puede llevar el vidrio usado a los contenedores de reciclaje selectivo al volante de un Porsche Cayenne. Aun si este 4×4 de 290 caballos no sea precisamente un regalo para el medio ambiente. Es una verdadera aberración. Pero una aberración que asegura empleo estable a tiempo completo a cerca de 7.500 personas en la sede central del fabricante automovilístico, en Stuttgart.

El nuevo ministro-presidente de Bade-Wurtemberg (el verde Winfried Kretschmann), que durante la campaña electoral expresó su profundo deseo de que surgiera una industria automovilística “más eco-responsable”, ¿cerrará las fábricas de Porsche de la noche a la mañana? Sería coherente.

El hecho de que los Verdes se impongan en un bastión tradicional de la burguesía alemana de centro-derecha, consigan el 20% de los sufragios en las ciudades pequeñas y escalen hasta un 40% en las grandes urbes y en los centros universitarios significa que el movimiento verde se está convirtiendo en la expresión contemporánea de las contradicciones que embargan hoy a cualquier ciudadano occidental mínimamente ilustrado. Dicho de otra forma: ha llegado la hora de la hipocresía.

El malestar existencial de los contaminadores

La ecología pone en cuestión los fundamentos del estilo de vida urbana actual: los desplazamientos para ir a la escuela, las idas y venidas entre el hogar y el trabajo, los viajes en avión, la abundantísima oferta de productos de consumo, la calefacción central, el agua caliente. Si la sociedad optara de forma efectiva y radical por la sostenibilidad, todo lo mencionado debería someterse a una profunda reducción.

La gente que ha empezado a tomar conciencia de la situación vota a los Verdes, aunque aún no esté preparada para renunciar por completo al tipo de vida moderna que ofrece el mundo occidental. Este estremecimiento histórico del panorama político no está relacionado unicamente a la lucha contra un proyecto de estación subterránea (en Stuttgart), o a la arrogancia de los democristianos, ni a la cuestión nuclear, sino que va más allá.

Tiene que ver, sobre todo, con una hipocresía estructural que consiste en vender, desde el seno mismo del modelo social existente, el “reverdecimiento” de nuestro estilo de vida como si se tratase de un paso crucial hacia un cambio global. Cuando en realidad se trata del esfuerzo que los pudientes, los instruidos y los liberales están poniendo, cada cual por su lado, en hacer las cosas un poco “mejor”, de manera más limpia, al tiempo que evitan el cargo de conciencia y delegan los grandes problemas de orden estructural en el partido ecologista. Los Verdes ya no son los marginales desorganizados de antaño. Hoy, todos somos «verdes».

El Señor contamina, la Señora recicla

El dilema aflora de forma más nítida que nunca en Bade-Wurtemberg. Por motivos respetables, muchos desean que los Verdes frenen la peligrosa espiral en la que se ha metido el mundo moderno. Se trata de gente que se plantea los límites del crecimiento en su vida cotidiana, pero que al mismo tiempo siente un gran alivio cuando ve que la economía despega tras la crisis.

La región de Bade-Wurtemberg debe su notable prosperidad a la industria. La química, por ejemplo, que no se preocupa mucho por la ecología, emplea a cerca de 100.000 personas en Bade-Wurtemberg y genera un volumen de negocio anual de 28 mil millones de euros.

He aquí una imagen aproximada de lo que sería nuestro estilo de vida si los Verdes fueran el partido mayoritario: el Señor trabajaría en Bosch, donde realizaría una actividad contaminante cualquiera —la compañía es el primer fabricante mundial de máquinas de envases y embalajes para bienes de consumo—, mientras que la Señora, contraria al proyecto Stuttgart 21 (el proyecto de la nueva estación en la ciudad), haría la compra en un supermercado bio, donde adquiriría deliciosos quesos ecológicos producidos en la región y un poco de vino de Apulia, evitando al máximo los embalajes.

Basta con acercarse a cualquier mercado biológico del mundo occidental para ver hasta qué punto la versión más inteligente y sostenible de nuestro estilo de vida se basa en los beneficios que nos reporta la prosperidad de nuestro entorno en términos de libertad.

El limitado alcance de la virtud

El fenómeno es especialmente flagrante en el barrio de Vauban, en Friburgo de Brisgovia . El vecindario recibió el nombre de un mariscal francés porque se trata de un antiguo acuartelamiento galo que, tras la salida de los militares, se transformó en una especie de barrio modelo para eco-ciudadanos.

En Vauban, los Verdes obtuvieron el 72,2% de los votos en las elecciones al Parlamento regional. Los habitantes son todos ellos personas encantadoras, a quienes no les falta nada y que están bien protegidos por sus chaquetas Jack Wolfskin (marca alemana de ropa técnica deportiva). Cualquiera que haya pasado alguna vez por el barrio de Vauban sabe qué aspecto tiene hoy en día la dulce subversión de la virtud.

Ciertamente, podríamos preguntarnos si no sería positivo que todo el mundo siguiera el ejemplo de Vauban. Sin embargo, ni aun en el caso de que los Verdes obtuvieran la mayoría absoluta, sería posible copiar el modelo. El estilo de vida eco-responsable cumple, con respecto a la sociedad, la misma función que las experiencias de periodistas del tipo “he vivido seis meses respetando el clima”, o las acciones como “apaguemos la luz durante una hora”, sabiendo que luego la volveremos a encender.

Las cosas pueden mirarse con benevolencia, por supuesto: la democracia requiere concesiones y los Verdes, por incoherentes que parezcan, podrían representar de todas formas una manera de corregir la huella del capitalismo. Además, al fin y al cabo, la acumulación de contradicciones es un signo de nuestro tiempo. Es posible que, visto así, el auge del partido Verde responda a la perfección a la época en que vivimos. Pero que nadie salga diciendo que el surgimiento de una nueva “derecha verde” es la victoria de una nueva honestidad intelectual.

Tomado de Rebelión

2 thoughts on “¡Qué difícil es ser verde!”
  1. ¡Qué difícil es ser verde!
    Yo solo tengo que decir, que el segundo principio termodinamico (la energia tiende a formas desordenadas de forma espontanea) nos hace olvidar a veces el primero (la energia SE CONSERVA SIEMPRE).

    Creo que es una deformacion social muy extendida el creer que «como la energia tiene un precio, ha de ser escasa necesariamente y hay que consumir la menos posible».

    No es escasa, es que simplemente la queremos cuando la queremos y no cuando la naturaleza nos la da, que es cuando deberiamos usarla (o aprender a almacenarla con procedimientos mejores que los actuales, que aun siendo mejorables, YA SON BASTANTE BUENOS).

    El lenguaje humano, esta viciado por tanto: La energia no se puede «producir o consumir», solo se puede «transformar o canalizar».

    Y puesto que sabemos que sobra energia natural a raudales por todas partes (el sol envia constantemente suficiente energia para mover miles de humanidades con el nivel de transformacion (que no consumo) occidental), pues simplemente tenemos que aprender a canalizarla mejor y usar solo aquella que sabemos que es totalmente limpia, inocua y eterna.

    internete
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    PD: Pero el hecho absurdo de que tenga un precio (cuando es un bien infinito e inagotable), nos hace anteponer los criterios comerciales o monetaristas a los estrictamente físicos, cuando son estos ultimos los unicos sobre los que se pueden hacer verdaderas afirmaciones cientificas.

    Lo que trato de decir, es que podemos vivir TODOS de puta madre, sin ensuciar nada de nada el ambiente, y con todo lujo de comodidades.

    Otra cosa es que esto (que es impepinable, urgente, necesario, facil e inexorable) sea interesante para la elite sucia que pretende controlarnos.

    Y tambien trato de decir que esto VA A SER ASI MUCHO ANTES DE LO QUE PARECE, y que por eso los «monopolizadores del negocio de la energia sucia y escasa» andan tan nerviosos ultimamente…

    Se les acaba el negocio…

    ¡Y morirán matando!

    Eso es todo lo que tengo que decir sobre ecologia y sociedad…

    ¡Es decir, sobre fisica del mundo real y matematicas sencillas que no fallan!

    Bueno… Miento.

    Hay otra cosa mas que necesito decir y es importante:

    El cambio comienza por uno mismo.

    Asi que EL FUTURO TE PERTENECE.

    Si, si: TE PERTENECE A TI.

    No, no mires a otro lado…

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