
Aunque a veces no queremos creerlo, todos los movimientos sociopolíticos que están sucediendo estos meses en el mundo árabe señalan a una misma conclusión: de unas formas o de otras, el poder en cada estado está en manos del ejército. Es decir que los ejércitos no están para defender algo tan abstracto como «la patria», ni tan siquiera sus mucho más concretas fronteras territoriales. Su verdadera razón de ser en Egipto, en Libia, en Marruecos, en Siria o en España es mantener bajo control al pueblo. Según sea de fino o de brutal el poder político cobijado a su sombra en cada estado, en caso de revueltas ciudadanas el ejército será lanzado como perro de presa contra la gente a las primeras de cambio, como en Bahréin o Siria, o se mantendrá en discreto segundo plano controlando de pies a cabeza todo el decurso de los acontecimientos, como en Egipto (país en el que, tras tanta revuelta, un presidente militar ha sido sustituído por una cúpula militar). En cualquier caso la lección es clara: no hay mayor enemigo del pueblo y de la libertad que la institución militar. Nota de Tortuga.
El Ejército sirio irrumpe con tanques en el bastión de las protestas
Tanques y blindados asaltan la ciudad de Deraa, epicentro de la revuelta. -Los pistoleros a sueldo de El Asad disparan indiscriminadamente en un barrio de Damasco.-El Gobierno sirio sella las fronteras con Jordania.-Un centenar de intelectuales se posicionan en contra de la brutalidad y la represión.
EL PAÍS / AGENCIAS – Madrid / Damasco
El régimen sirio de Bachar el Asad se aferra a la violencia como única respuesta a las multitudinarias protestas que reclaman desde hace un mes democracia y el fin de una dictadura que se prolonga casi medio siglo. Después de reprimir el pasado fin de semana sin piedad a los opositores en todas las ciudades donde ha prendido la mecha de la revolución, provocando un elevado número de muertos aún sin cuantificar, las autoridades de Damasco han redoblado su ofensiva y han sacado a las calles de las ciudades rebeldes al Ejército, la policía y a las temidas brigadas de los shabiha, sicarios civiles a sueldo del régimen. Todo con un único objetivo: sembrar el terror entre la población.
El primer movimiento se ha producido de madrugada. Cientos de soldados, arropados por blindados, han aprovechado la oscuridad de la noche para adentrarse en la ciudad de Deraa, al sur de Siria y epicentro de las protestas contra el régimen de El Asad. En este lugar, escenario de una feroz represión que causó decenas de muertos la pasada semana, se han escuchado tiroteos, según testigos citados por la cadena catarí Al Yazira. Activistas opositores aseguran que por el momento hay cinco muertos y decenas de heridos.
«Las tropas han entrado en la ciudad, acompañadas de tanques y vehículos armados», ha relatado Abdullah Al-Harriri, un activista, a la agencia AFP. «Los hombres están disparando en todas direcciones parapetados tras los blindados», ha explicado. «Se ha cortado la luz y las comunicaciones por teléfono son virtualmente imposibles», ha dicho.
Ocho tanques y dos vehículos armados se han desplegado en las últimas horas en el casco histórico de Deraa, según testigos, que han añadido que los cadáveres han empezado a amontonarse en las calles próximas a la mezquita de Omari. Estos testigos han explicado que los francotiradores se han encaramado a las azoteas de los edificios gubernamentales, desde donde cubren el avance de los soldados a pie, que han efectuado disparos contra varias casas justo después de las oraciones de la mañana. «La gente se esconde en el interior de sus casas. He visto dos cuerpos cerca de la mezquita pero nadie ha podido acercarse a ellos para sacarlos de allí», ha explicado un testigo.
Ante la gravedad de los acontecimientos en Deraa, el régimen ha decidido a media mañana sellar la frontera con Jordania, situada a escasos kilómetros de la ciudad. La noticia la han confirmado fuentes diplomáticas, que han explicado que los dos principales pasos fronterizos, Deraa y Nassib , han sido cerrados al tráfico.
Pistoleros imponen su ley en Damasco
En paralelo a esta incursión del Ejército, la policía y los matones a la orden de El Asad han entrado a primer hora en el barrio de Douma, uno de los focos del alzamiento popular en el centro de Damasco, y han comenzado a disparar indiscriminadamente contra civiles vinculados a grupos de defensa de los derechos humanos. Además, han detenido a decenas de activistas.
«Hay heridos y decenas de detenidos. Las fuerzas de seguridad están repitiendo el mismo comportamiento en todos los escenarios de la protesta. Quieren aplastar la revolución usando una brutalidad extrema», ha denunciado un opositor desde Damasco. Este mismo activista ha asegurado que las comunicaciones con el distrito de Douma han sido cortadas, según le ha podido decir una persona que huyó del barrio antes de que comenzaran los enfrentamientos.
Grupos de derechos humanos aseguran que más de 350 personas han muerto desde que comenzaran las protestas hace cuatro semanas. Y un tercio de esas muertes han tenido lugar en los tres últimos días en los que la represión del régimen se ha disparado.
Una de las líderes de los movimientos pro democracia, Suhair al-Atassi, ha denunciado hoy la «salvaje guerra diseñada para aniquilar a los demócratas sirios». «Las intenciones de Asad son claras desde que el pasado 30 de marzo anunció en un discurso que estaba «preparado para la guerra». Yo sigo en mi casa del barrio de Dummar, en Damasco. Venid y arrestadme», ha asegurado, desafiante.
Las reacciones a la violencia en Siria no se han hecho esperar. Primero ha sido la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, con un llamamiento al Gobierno sirio para que cese con los asesinatos y los actos sangrientos como método para reprimir las protestas pacíficas de sus ciudadanos. Pillay ha definido de «inaceptable» la respuesta del Gobierno a las protestas y ha solicitado a las fuerzas de seguridad que no usen munición real para reprimirlas. «La comunidad internacional ha solicitado en repetidas veces al Gobierno de Bachir al Asad que no usara la violencia para reprimir manifestaciones pacíficas, y él ha hecho oídos sordos», ha explicado la Alta Comisionada, citada en un comunicado.
A esta crítica se ha unido el movimiento Hermanos Musulmanes de Jordania, que han condenado la sangrienta represión ejercida contra los manifestantes por el régimen sirio de Bachar al Asad, al que han instado a ejecutar reformas políticas. «Condenamos enérgicamente esta forma de hacer frente a las manifestaciones que hasta el momento ha causado la muerte y heridas a cientos de personas», ha dicho en un comunicado el grupo, el principal de la oposición.
Intelectuales sirios contra la represión
La brutalidad y el ensañamiento del régimen han sido contestados este lunes por un amplio grupo de intelectuales que han condenado enérgicamente la violencia en su país. Se trata de un total de 102 escritores y exiliados de diversos sectores de la sociedad siria que han firmado un documento que repudia la represión.
«Hemos roto la barrera del miedo para hacer una declaración clara y concisa. Condenamos la violencia y las prácticas opresivas del régimen sirio contra los manifestantes, al tiempo que lloramos por los mártires del levantamiento». Entre los firmantes del texto están personalidades destacadas como el expreso político Loay Hussein; las escritoras Samar Yazbek y Hala Mohammad; Souad Jarrous, corresponsal del diario panárabe al-Sharq al-Awsat, el escritor y expreso político Yassin al-Haj Saleh y el director de cine Mohammad Ali al-Attassi.
La máxima responsable del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, ha reclamado al Gobierno sirio que contenga a sus fuerzas de seguridad y la apertura de una investigación para aclarar el centenar de asesinatos de opositores perpetrados únicamente esta última semana. Pillay ha denunciado la escalada de violencia en el país árabe y ha exigido la puesta en libertad de los activistas y presos políticos. «El primer paso ahora es frenar inmediatamente el uso de la violencia, luego llevar a cabo una investigación independiente sobre los asesinatos, incluidos aquellos atribuidos directamente a los militares y agentes de seguridad, para llevar a los responsables ante la justicia», ha dicho la funcionaria de la ONU en un comunicado.
13 muertos en Jableh
El domingo, la violencia política dejó un saldo de al menos trece muertos en la ciudad costera de Jableh. Todos murieron por los disparos de las fuerzas de seguridad y de los milicianos leales al presidente en el curso de una redada. Los pistoleros a sueldo del dictador se desplegaron en el barrio suní de la ciudad, donde el día anterior cientos de manifestantes habian reclamado democracia.
La jornada de violencia comenzó ya de madrugada con redadas de la policía secreta en Damasco. Según informaron activistas por los Derechos Humanos, operativos de seguridad de incógnito y armados con rifles de asalto entraron en varias casas del suburbio de Harasta poco después de medianoche, arrestando a varios activistas de la zona.
Miles de sirios volvieron a salir el domingo a la calle para participar en los funerales de los manifestantes abatidos por las fuerzas de seguridad, actos que de nuevo se han convertido en protestas en las que se ha exigido la «caída del régimen» .
Las protestas se han concentrado en la ciudad de Nawa, en el suroeste del país. «Larga vida a Siria. ¡Abajo Bachar!», coreaban los congregados en la marcha. «¡Vete, vete!. El pueblo quiere la caída del régimen», gritaban citando la ya famosa consigna empleada en Túnez, Egipto o Libia.
Policía y ejército tratan de ahogar en sangre las protestas ciudadanas en Siria
Claro, este análisis sólo podía venir de las AGENCIAS.
No a la guerra contra Siria!