Cuando uno vive en una sociedad no compasiva, siente como va desapareciendo el aura de las cosas, todo mercantiliza su presencia.

Cuando uno vive en una sociedad no compasiva, parece no haber espacio para la palabra revelada, ni siquiera para la poesía, para la belleza que rompe y nos arrastra.

Las palabras de luz dejan paso a la urgencia del discurso, a los debates incendiados, a las peleas callejeras.

Aquí y allí nos asaltan desafíos, tan inmediatos que apenas hay distancia, tan cercanos que no existe posibilidad de meditarlos, de dar una respuesta desde la pasividad de las pasiones.

Los lobos mercenarios nos ofenden, nos lanzan su veneno desde los medios de comunicación, desde las catedrales del dinero.

La ausencia de compasión nos aprisiona, nos mata la injusticia.

Cuando uno ve como se lanzan los lobos a degüello, como se preparan y se aplauden las matanzas, como una fiesta donde el poder expresa su sentido.

Cuando uno ve como la se prepara un genocidio, como la más terrible de las pesadillas se impone lentamente, de forma inexorable…

Parece que las palabras de luz no sirven para nada, lo utilitario nos domina.

¿Sabremos zafarnos de estas opresiones? ¿Sabremos combatirlas sin caer en ellas, sin ceder nuestra fuerza al espectáculo de los lobos aullando, matando, desgarrando?

Podríamos vencer, incluso convencer a unos cuantos transeuntes. Pero incluso en el caso de victoria, ¿en qué región habita nuestra alma? ¿Hacia dónde quebró nuestra mirada?

Cuando uno habita en una región no compasiva, solo queda rezar y dar la mano, callar y dar la mano, llorar y dar la mano…

Ahmed Lahori

Webislam