
n+1
Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)
Estrella…te
Un post que tiene ver con la arquitectura más de lo que creen. Y que si no tiene que ver me da igual.
Ya esta aquí, como todos los veranos desde hace tres veranos, el anuncio estival de Estrella Damm, que muy bien podría ser este año Estrella, Damn!.
Si en años anteriores la acción transcurría en Formentera para posteriormente trasladarse a un puente de San Juan en Menorca, este año la cosa se centra en la trayectoria de 4 stagiaires (Aprendices), uno español, dos franceses (uno de ellos una chica) y un japonés, en el ubicuo primer restaurante del mundo: El Bulli.
Veanlo, con calma, y ahora comentamos.
¿Qué? ¿Qué tal? El agua nunca ha sido tan cristalina. El sol tan radiante. Los culetes tan firmes y depilados. Las sonrisas tan profident, las cervezas tan heladas. Los besos tan sensuales y playeros. Elena Anaya nunca ha ido más de largo. Nunca un mandil le sentó tan bien a la stagiaire francesa que lo lleva como si se lo hubieran cosido encima. Los huevos fritos nuca han tenido tanta puntilla, Ferrán nunca ha sido más campechano. El final de la historia nunca fue más de Hollywood y beber cervecitas veraniegas y trabajar nunca una actividad más bucólica… y hasta pastoril.
Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus. O como cantaba el Dúo Dinámico, “Somos jóvenes, amor”.
Y sin embargo la realidad, despojado el asunto de los glúteos turgentes, del sol, del aire modernete, de la banda sonora hipster y del montaje time lapse ochentero, es muy distinta.
Es esta (Las negritas son mías):
Each year, around 3,000 apply for the privilege of passing six months as stagiaires – technically the word means “interns” or “apprentices,” but it translates metaphorically as “kitchen slaves”– at its stove tops. The high regard in which the restaurant is held, as well as the chance to receive instruction from Adrià and his chefs, explains why the final 32 apprentices travel, at their own expense, from everywhere from Seoul to Bologna and Los Angeles to Caracas, to the tiny, overbuilt town of Roses on Spain’s Costa Brava. It is also why they agree to work unpaid for 14 hours at a stretch in exchange for one meal a day and a bed in an unattractive apartment. It is why they stand virtually unmoving for seven of those hours, feet planted at the centre counter, squeezing the germ from thousands of kernels of corn or trimming the slime off anemones. If they make it through the six months that El Bulli is open, they can say they have worked in the best restaurant in the world.
Y ojo, la historia la cuenta Lisa Abend, cuyo libro de reciente aparición, “The Sorcerer’s Apprentices: A Season at El Bulli” esta basado en sus experiencia como observadora en el restaurante de Roses (Y que ya comentamos en esta casa).
Así que, juntando una cosa y la otra:
Exploitation never looked so sexy. Slavery never was so Cool.
O en otras palabras, un trabajo en condiciones absolutamente surrealistas y como poco grotescas (No creo que exista el contrato “Cama y una (Una, que a partir de ahí todo es vicio y gula) comida”), elevado a la categoría de Joie de Vivre fantástico y risueño por obra y gracia de una banda sonora y la plena confianza en que, no se engañen, los jóvenes somos imbéciles.
Por supuesto que lo somos para el anuncio. Catorce horas seguidas, sin cobrar, durante 6 meses, con la clara posibilidad de acabar en la calle en cualquier momento (Y no precisamente limpiando a mano las piedras del parking, cosa que esta entre las tareas de los stagiaries), pero eso si, danos unas cervezas y un poco de compadreo campechano y seremos absolutamente felices porque ¿Quién necesita seguridad social? ¿Quién paro? ¿Quién un sueldo justo por un trabajo justo? ¡Somos jóvenes! !Que cool es todo! ¡Es lo que hay!
Y no hablamos, como cabria esperar, de Casa Curro, bar infecto en el último polígono industrial del desierto de los Monegros donde el último cliente del que hay memoria entro en Agosto del 75 y la contabilidad la llevan en una libreta Henry.
No. Hablamos del primer restaurante del mundo. Del Chef más publicado, renombrado y copiado. Del sitio que según todas las guías hay que visitar. Hablamos de algo que nos haría llevarnos las manos a la cabeza si lo viéramos en Documentos TV en un polígono industrial de los que aparecen en los recientes documentales sobre economía sumergida en España, (Y en esos el personal no tendrá contrato pero al menos cobra aunque sea mal). Hablamos de algo que nos tragamos sin el mínimo asomo de crítica o de cuestionamiento porque somos masoquistas. O porque hemos conseguido, por fin, quedar como sociedad reducidos a un montón de grupies descerebrados a los que la fama deslumbra hasta el extremo de tragar con lo intolerable.
Y no, por favor, no me cuenten lo del aprendizaje que ni es oro todo lo que reluce, ni el restaurante en cuestión, hasta donde yo se, es una academia.
Y desde luego no me vale la excusa de que (y cito): They can say they have worked in the best restaurant in the world, con la esperanza de que eso les abrirá las puertas de las mejores cocinas del universo. Un trabajo digno merece un sueldo digno y el fin, al menos para mí, nunca justifica los medios. De hecho esa frase es la justificación repugnante de un sistema rancio y reaccionario a mas no poder: El de que el poder supone la capacidad de exprimir a los demás a placer, en la seguridad de que estos se dejarán presas de una mezcla de masoquismo, fanatismo mal llevado, y la sana intención de hacer exactamente lo mismo cuando tengan la mas mínima oportunidad. Unas bases aterradoras que personalmente no estoy dispuesto a asumir con el soniquete del “Esto siempre ha sido así” que me suena, tristemente, demasiado.
¿Saben lo más divertido? ¿Lo que cierra el circulo a la perfección? Que el anuncio lo dirige Isabel Coixet, que hace 7 años nos contaba, junto a otros muchos, que “Había Motivos”. Sin entrar en si los hubo o los dejo de haber o en si ahora los hay (que no es en absoluto el asunto), lo que si queda claro es que los motivos son como los principios, que si no nos gustan tenemos otros. Uno no quiere imaginarse como son de insoportablemente leves los carritos de la compra de los stagiaires al final de esos seis meses. Como todos sabemos, unos motivos son mas iguales que otros, y los que vienen con estrella michelín obtienen por lo visto bula papal.
Para el próximo año, les recomiendo que el anuncio lo hagan en un estudio de arquitectura, de esos que están hasta arriba de estudiantes que no cobran y arquitectos titulados que de hacerlo lo hacen como falsos autónomos en precario y sin ningún derecho laboral. El ambiente moderno lo tienen garantizado, el look juvenil de los protagonistas también. Ya me imagino, al ritmo de una banda sonora ad-hoc, a los jóvenes felices y alegres enamorándose mientras cambian un cartucho del plotter o bailando a las 5 de la mañana con unas ojeras de lo más hype. Besándose al calor del escáner porque ¿Siendo jóvenes como van a pedir algo mas? O incluso ¿Cómo van a pedir lo que es absolutamente básico? Habiendo cervezas y risas lo demás no importa. Esto siempre ha sido así.
O, por ponernos aun mas edgy, y darle un toque dogma al asunto, que lo rueden en un sweatshop donde el amor se vivirá, apasionado y refrescantemente juvenil, alrededor de las maquinas de coser en jornadas de 14 horas.
Yo, personalmente, estoy más que harto. Y como soy de los que piensa que cada cosa que uno hace, cada cosa que uno compra en un supermercado y cada decisión que uno toma, es una forma de voto, no me vuelvo a tomar una cerveza de las anunciadas porque el regusto (y el retrogusto) me resultarían amargos como la hiel.
Y porque hay cosas que no trago, por muy fresquitas, muy musicales y muy cubiertas de almíbar (O de pétalos de rosa hervidos) que me las pongan.