Se desata una crisis interna: «Estamos atrapados, somos esclavos de nosotros mismos»

Juan Luis Sánchez

“Hay algunos que no nos vamos a ir de la acampada y eso es incuestionable”. Guardamos esa frase para luego. La dice una chica de poco más de 20 años sentada en el suelo de una plaza cercana a la Puerta del Sol. A su alrededor, unas 50 personas que participan con ella en la “comisión de dinamización de asambleas”, es decir, la que decide cómo se toman las decisiones en el 15-M de Madrid y de moderar sus reuniones.

En esos poco concurridos pero eternos debates es donde se está decidiendo el futuro de la acampada y del movimiento, mucho más que en las asambleas multitudinarias. Hay entre los participantes cierta frustración porque la lluvia ha impedido las dos últimas asambleas, en las que se podría haber seguido el paso de otras ciudades que acaban de aprobar su ‘calendario de salida’ de las acampadas, pero en realidad era muy improbable que de esas asambleas surgiera algo concreto que sacara al movimiento madrileño “del día de la marmota en el que vivimos desde hace más de una semana”, como nos comentaban ayer varias personas.

Porque el asunto que está a punto de fracturar 15M de Madrid no es de contenido (qué decidir) sino de sistema (cómo decidir). Desde el primer día, la acampada de Sol se ha dado una forma de trabajar y aprobar propuestas: por consenso unánime. Cualquier decisión que se toma debe ser “inclusiva”, debe contentar a todas las personas que participan en la asamblea. Si alguien se opone a algo, ese algo se reformula hasta que se cuente con su apoyo. Eso ha permitido, por ejemplo, que no hubiera acciones o actitudes disonantes en Sol y que se hayan comportado como una unidad diversa hasta la fecha. Siempre buscando el punto en común para no dejar a nadie fuera.

Ese sistema de consenso unánime, sin embargo, ya frenó desde el principio la aprobación de una agenda política concreta, unos puntos básicos de demanda que representen al 15M de Madrid, lo que ha causado mucha ansiedad a los grupos de trabajo que se reúnen casi cada día para trabajar sobre propuestas que después son “bloquedas” por una minoría en desacuerdo. Solo hay que echar un vistazo a las actas de las comisiones de economía, sanidad o medio ambiente para comprobar que sí hay debate, que sí hay ideas, que sí hay propuestas concretas en el subsuelo del 15M. Solo que nunca llegan a ser aprobadas.

“Yo empecé a acudir a la comisión de Educación porque es realmente lo que me interesa”, dice un profesor de unos 30 años en un corrillo, “pero me he dado cuenta de que primero hay que cambiar las dinámicas de decisión para poder avanzar, por eso he venido a la de dinamización”. En su grupo, las propuestas para una educación “pública, gratuita y laica” han sido bloqueadas por personas “que no creemos en la escuela como institución y apostamos por una educación libre y fuera del sistema”, como ya expresó una de ellas en una de las primeras asambleas generales.

La clave teórica de este conflicto está en el concepto político de minoría. “La diversidad es enriquecedora”, expone otro chico muy joven de la comisión de Política a Largo Plazo. “Es más interesante tener a cinco personas con cinco ideas diferentes que a mil personas apoyando una sola idea”, dice para argumentar que el movimiento no se mueva por mayorías. Según esta corriente, minoritaria a su vez, el sistema de mayorías crearía desunión porque la asamblea abandonaría a una parte de un movimiento que además de alguna manera lleva dentro la lucha contra la discriminación. “Hablar de mayorías absolutas o aplastantes es bastante jacobinista“, se apostilla. En las acampadas de “al menos 23 ciudades” de toda España, según un documento que circula por Sol, el sistema de decisión es por mayoría cualificada, no por unanimidad.

El trasfondo práctico e inmediato de este conflicto está en el debate de si el campamento de Sol debe levantarse o no. Hay algo que ya nadie discute: la mayoría de las comisiones, grupos de trabajo, participantes e incluso simpatizantes quieren que el 15M salga de la acampada de Sol. Pero la mayoría no es todo el mundo, y menos cuando no existe un censo.

Volvamos a la frase del principio: “hay algunos que no nos vamos a ir de la acampada y eso es incuestionable”. Si eso es así, si hay una parte de la acampada que tiene como forma “incuestionable” de acción quedarse en la acampada, la acampada nunca podrá disolverse por unanimidad. Es pura matemática. Hay otra barrera lógica: la instauración de un sistema de mayorías, que desactivaría a la corriente que bloquea determinadas iniciativas, debe ser aprobada por unanimidad. Es decir, la minoría debería votar contra sí misma. El grupo de teatro de la acampada ya está preparando una parodia sobre toda esta situación para el jueves.

Fractura interna

“Estoy muy mal, muy decepcionada”, nos dice al filo de la medianoche una de las participantes que lleva desde los inicios trabajando en Sol y que describe a esta minoría como “un grupo organizado de 30 o 40 personas que se presentan en bloque en las asambleas generales y ahora han tomado el poder en Dinamización”. Las caras, las dinámicas y el juego de turnos en esta comisión han cambiado mucho en tan solo dos días, según varios testigos.

Nadie se atreve a decir abiertamente si estas personas son parte de algún colectivo externo al movimiento o se han constituído como corriente de manera natural durante los últimos días de acampada, pero una persona con muchos años de experiencia asamblearia a las espaldas, y que ha presenciado los últimos movimientos, identifica una “estrategia muy consciente” de diluir los debates en terminologías hasta conseguir desviarlos. Ha sucedido cuando un participante en la reunión de dinamización ha propuesto, con las palabras más cuidadas y medidas, una tercera vía metodológica: que la asamblea no apruebe ideas o acciones sino que apoye líneas de trabajo, aunque no se identifique plenamente con ellas. Algo así como decir “yo no comulgo directamente con lo que dices o haces, pero me parece bien que lo hagas porque aporta algo al movimiento”.

De esa manera, la asamblea podría apoyar la voluntad mayoritaria de levantar la acampada pero apoyar también el deseo de seguir acampados de aquellos que quisieran hacerlo. Cuando se estaba a punto de llegar a un acuerdo sobre la naturaleza “multidimensional” del 15M, desde la comisión de Política a Largo Plazo se ha comenzado a poner en duda la conveniencia de esa palabra y su compatibilidad con sus principios de horizontalidad. Tras eso, horas de debate para mejorar la burocracia pero no para cambiarla.

“Esta gente está en contra de todo”, nos dice Berta, que también lleva más de 15 días en Sol. “Si se proponen barracones en Sol para reestructurar la acampada, se oponen. Si se propone hacer un análisis de cualquier cosa, siempre dicen que eso es mercantilista y capitalista”, se queja.

“Estamos todos desesperados”, sigue Berta. “Por mucho que quieras aprender y empaparte del crecimiento colectivo, si su único razonamiento es ‘no y punto’, yo no puedo seguir avanzando. Desde otras ciudades nos cuentan que están haciendo actividades, protestas, acciones, de todo… y nosotros hablando de toldos y bocadillos de chóped. Estamos atrapados en nuestra propia dinámica y somos esclavos de nosotros mismos”, concluye con mucha tristeza en la voz.

El resultado de facto de todo esto es que hay gente que ya ha abandonado Sol. Varias comisiones trabajan de manera independiente, buscando sus propios locales de reunión y llevando puntualmente sus conclusiones a la asamblea general. La lluvia no mejora la sensación de crisis interna.

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Periodismo Humano

3 thoughts on “La acampada de Sol, atrapada en sí misma”
  1. La acampada de Sol, atrapada en sí misma
    Pues a mí el sistema de consenso unánime me parece el único válido. Está claro que este es un movimiento muy amplio, de límites muy imprecisos y difusos y donde concurren todo tipo de ideologías y sensibilidades diferentes, como se está viendo de sobra en virtud de mil y un conflictos y desavenencias que van surgiendo, cada vez más. Ojalá este movimiento tuviera unos criterios, objetivos y límites mucho más nítidos y profundos, pero la realidad es la que es, no la que nos gustaría. Y, si la idea es seguir siendo inclusivos y no “echar” a nadie la única forma válida y lógica de funcionar es buscar esos mínimos consensos que, si bien no colman las expectativas de cada persona, al menos no suscitan diferencias irreconciliables. Y hasta donde se pueda andar así se anda. Ese es el límite de un movimiento como este que no quiere renunciar ni a su carácter espontáneo ni a su carácter masivo.

    Porque la alternativa que estos días defiende tanta gente de introducir dinámicas de votaciones está preñada de problemáticas aún mayores. Imaginemos el problema del profesor del que habla el artículo, que consigue llevar a una votación su propuesta para una educación “pública, gratuita y laica” y la gana. ¿Qué les queda por hacer a la minoría perdedora que “que no cree en la escuela como institución y apuesta por una educación libre y fuera del sistema” sino marcharse. Igual como son minoría no suscita muchas lágrimas su abandono. Pero ¿qué votaremos entonces mañana? Quizá si la revolución será o no feminista, con el consiguiente abandono del sector derrotado. Y al otro día si se puede hablar en valencià o gallego en las asambleas o es imperativo el castellano para entendernos todos bien. Y así sucesivamente.

    Repito, esto es lo que es y no se le pueden pedir peras al olmo. Las cosas que se pueden obtener dentro de este movimiento tal como es son limitadas. Quizá valgan la pena pero tienen graves limitaciones. Si lo convertimos en otra cosa pues será eso, otra cosa. Pero ese proceso de conversión seguramente dejará por el camino a la mayoría de sus participantes y la mayoría del crédito conquistado entre la opinión pública.

    Mi opinión personal es que hay que seguir trabajando lo que se pueda en el 15M con sistemas de consenso unánime. Pero sin olvidar que el mundo político no se agota dentro de este movimiento. Cada cual podemos seguir trabajando por nuestra cuenta, y como siempre hemos hecho, por esas causas imposibles de consensuar aquí. Es más, haremos más que bien en no dejar esas nuestras luchas, porque el movimiento 15M comienza a dar señales de agotamiento y pérdida de seguimiento mediático.

    Saludos.

    1. La acampada de Sol, atrapada en sí misma
      Estoy de acuerdo con Pablo, y además compruebo que el artículo es tendencioso respecto a ‘la minoria’. Vetar sólo es rechazable si quien veta no ofrece alternativas. De todas formas, creo que todo este conflicto es más bien signo de lo que comenta Pablo en los últimos párrafos: se ha confundido una movilización amplia y plural, capaz de cobijar a mucha gente bajo una explosión de creatividad y rechazo, con un movimiento unitario y unificable.

      1. La acampada de Sol, atrapada en sí misma
        Pues no se si es un lio o algo coherente pero…. para que todas esten incluidas en el movimiento, tambien tendrían que poder realizarse las cuestiones de la mayoria, si no, es la minoria quien impone ¿no?….y una solución seria que se aprobara seguir multiples tendencias, así cada cual podría apoyar las suyas y no quedaría nadie mutilado y por tanto posiblemente acabe yendose y quedando al final muy pocos o disolviendose el movimiento.

        Las decisiones en asamblea y por consenso son lo mejor, pero… cuando hay tantisima gente y ademas va cambiando y algunas llegan sin saber ni por donde van los tiros de lo ya andado….esto hace -creo- imposible que sea minimamente viable. Así no pasaríamos de tener que repetir y repetir solo talleres de como se trabaja en consenso y cosas asi.

        ¿tal vez las asambleas serian posaibles una vez se formen los grupos de trabajo y alli si que haya gente algo entrada en asunto?…y las mega-asambleas: habria que hacer otra cosa que sea lo mas asamblearia posible, pero con algún alemento de transición, el mínimo, pero que no bloqueé, que al menos permita avanzar un poquito??… no sé, el fin no justifica los medios, pero un medio imposible no llega a ninguna parte, un medio de «transición», puede ser el perfecto en ese momento para ir hacia el medio perfecto -con personas minimamente preparadas para ello.

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