PAREMOS LA GUERRA CONTRA LIBIA

La guerra contra Libia es una guerra programada por la Reserva Federal
Norteamericana con el objetivo final de recuperar un dólar que solo es papel, haciéndose con las reservas de oro de los bancos centrales de los países que no pertenecen al Banco de Compensaciones Internacionales, es decir, que no están en la órbita del dólar. Sin desdeñar el petróleo ni otros recursos de los países objetivo. Al mismo tiempo pretende el control directo de los procesos políticos en
urso tanto en el Norte de África (Túnez, Egipto, Libia) como en las petromonarquías del Golfo Pérsico, aliadas privilegiadas de EE.UU., la U.E. e Israel, de modo que unos y otros queden sometidos a los intereses y designios occidentales. La ocupación de Bahrein por tropas de Arabia Saudita, a petición de su gobierno, con la aquiescencia de EE.UU., y sin que ningún país, salvo Irán, haya expresado rechazo
alguno, es suficientemente significativa. Pero hay muchos intereses entrecruzados.

Según el General Wesley Clark, diez días después del 11-S, ya habían decidido atacar
a Iraq. Detrás venían otros países en la lista: Libia, Siria, Somalia, Líbano y
Sudán.

La guerra de Libia, tan ilegal como la de Iraq, constituye una flagrante violación
del derecho internacional. El pretexto de las armas (imaginarias) de destrucción
masiva fue sustituido aquí por una frase con la que nos han machacado
insistentemente: “Gadafi masacra a su población”, sin que haya habido una sola
foto, ni una sola prueba, de esa población supuestamente masacrada. La Resolución
1973 del Consejo de Seguridad de la ONU solo autorizaba a los países atacantes a
abrir un pasillo aéreo, “para proteger a la población”, operación que estaba
finalizada a final de abril. Pero no a bombardear infraestructuras civiles,
barrios habitados, edificios universitarios, hospitales, bibliotecas, guarderías
infantiles…ni a entrenar a los mercenarios rebeldes, ni a desplegar tropas en
tierra, ni a bombardear población civil, ni a asesinar a los tres nietos de Gadafi,
y al padre de uno de estos pobres críos, ni a promover un golpe de estado en Libia.
Las actuaciones de Francia, Reino Unido, EE.UU., España, y otros países atacantes,
con la OTAN a su servicio, son manifiestamente ilegales.

Libia era el país de mayor nivel de vida e índice de desarrollo humano de toda
África, según el PNUD: niños escolarizados, reparto de las rentas del petróleo,
esperanza de vida (casi 78 años), asistencia sanitaria universal y de calidad, dote
por matrimonio de 60.000 dinares (unos 50.000 dólares), pleno empleo para sus 4
millones de habitantes, mas 3 millones de puestos de trabajo para extranjeros…que
ahora huyen de los bombardeos de la OTAN junto con los libios. Con todos estos
logros el pueblo libio está con sus gobernantes. La manifestación del 1 de julio, en
Trípoli, con 1.7 millones de libios apoyando a su gobierno es una clara evidencia.

Los objetivos de los atacantes son varios, algunos ya cubiertos: 1.- Asaltar las
reservas de oro del Banco Central de Libia (144 toneladas de oro), a través de un
supuesto «Banco Central» fundado por los mercenarios rebeldes. 2.- Apropiarse del
petróleo (EE.UU. negocia ya con él) que pertenece a todos los libios. 3.- Por parte
de Francia, hacerse con las inmensas reservas de aguas fósiles, que, en el subsuelo
de Libia, alcanzan una extensión aproximada a la de Alemania, siguiendo sus planes
para controlar el agua potable en el planeta. 4.- Instalar a la OTAN
definitivamente en África, en Bengasi (AFRICOM), con la finalidad de controlar tanto
los procesos políticos en curso en el Norte de África y en Oriente Medio, como los
recursos del continente africano. Y preparar sus próximas guerras contra Siria,
Somalia, Sudán e Irán.

El Gobierno de Zapatero, que participa en dicha agresión, al enviar barcos, aviones
y soldados, debe ser considerado cómplice de un crimen de guerra, y responsable de
las víctimas que se están produciendo a consecuencia de los bombardeos. Esa
participación militar española, responsabilidad del gobierno del PSOE y de los
Grupos Parlamentarios que la han apoyado, constituye la enésima muestra de
sometimiento de un Ejecutivo español al imperialismo euro-estadounidense y a los
intereses privados de grandes multinacionales españolas como REPSOL, SACIR, ABENGOA,
GAS NATURAL… etc. Al mismo tiempo se ejerce un férreo control mediático con la
información de esta guerra.

En momentos en que millones de trabajadoras y trabajadores atraviesan situaciones
dramáticas de supervivencia, se recortan por todos lados derechos y prestaciones
sociales, se destruye empleo día a día y se niega una esperanza de futuro a tantos
jóvenes, el dispendio económico de una nueva guerra resulta aún más INTOLERABLE.
Hoy, más que nunca, es necesario gritar bien alto: ¡Ni un euro para la guerra! ¡Los
gastos militares para derechos sociales! Por todo ello, EXIGIMOS del Gobierno la
retirada inmediata de las tropas y equipos militares enviados; AFIRMAMOS como
esencial el valor democrático de la paz, y LLAMAMOS a toda la ciudadanía a
fortalecer el Movimiento contra la guerra, al grito de:

¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA!

¡NO MÁS SANGRE POR PETRÓLEO!

¡POR LA SOBERANÍA DE LOS PUEBLOS!

¡OTAN NO, BASES FUERA!

NI UN EURO PARA LA GUERRA, REGRESO DE LAS TROPAS ESPAÑOLAS ¡YA!

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