
La revolución liberal, como magno proceso histórico, ha atravesado ya
tres fases: 1) de preparación, con la Ilustración; 2) de realización, en la que se hace el cambio y se sobre-oprime al pueblo; 3) de culminación, en la que, además de sobre-oprimir, se alcanza la destrucción del pueblo en tanto que pueblo, y la del individuo en tanto que ser humano, lo que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XX.
Ahora, terminada la tercera fase, que es la del triunfo definitivo y apoteósico, la revolución liberal pone rumbo a una nueva etapa, que sería la cuarta, de mucha menos significación que las anteriores dado que su propósito es consolidar y explotar la formidable victoria ya lograda constituyendo una sub-humanidad funcional y estable para siempre, incapaz de realizar ni la mas pequeña resistencia a los
planes y decisiones de las minorías mandantes, sean los que sean. Que
ello sea hacedero está por ver, pues exige una destrucción tan total del ser
humano, del cuerpo social y, también, de la biosfera, que puede convertir el proyecto en un gran fiasco, en un salto ciego y suicida de resultados imprevisibles,
pues quizá lo que salga de ello sean realidades disfuncionales,
aberrantes de una manera superlativa (como indica una buena parte de
lo que se va conociendo), con lo que la historia entraría en una época de
descomunal caos, desplome y aflicción.
Como quiera que sea, la revolución
liberal esta pensada y realizada como revolución (negativa) contra
toda revolución (positiva) posterior, en particular contra una revolución
democratizadora, que queda situada fuera de lo posible por infinidad de
procedimientos. Esto expresa la casi imposibilidad, muy real, de alcanzar
una victoria contra ella y, al mismo tiempo, la inevitabilidad de entrar
y permanecer en un tiempo histórico en que todo se ira desquiciando y
pudriendo paso a paso, durante siglos y acaso milenios, por falta de oportunidades
para proceder a un renovatio mundi. Quienes se mantengan al
margen y enfrente de ese proceso de universal maleamiento y pudrición
podrán, tal vez, vencer al orden actual y regenerar el curso de la historia.
Pero tan magno acontecimiento es muy poco probable que tenga lugar.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).